CLAVES

Trump está enloqueciendo al oro y al globo

(Foto: Cibeles IA).
OpenAI | Miércoles 25 de marzo de 2026
El presidente de los EE.UU. está, literalmente, desordenando al mundo al punto que, el tradicional activo refugio, el oro, ha pasado de grandes subidas a caídas de más de 2 dígitos semanales. Desde un máximo que superó los USD 5600 por onza troy hacia fines de enero de este año, ha caído más de 20%, la bajada más abrupta -e inimaginable- de su historia.

Ya decían los filósofos griegos, que la violencia -cuyo monopolio se arrogan los Estados, creadores de guerras y todo tipo de conflictos- es siempre contraria al ordenamiento natural, espontáneo, del cosmos y, por tanto, desordenadora.

Trump, comenzó complicando toda la economía global con sus aranceles que sus defensores definieron como “estrategia geopolítica”. Pero, aunque esto fuera cierto, es una estrategia como la de escupir al cielo ya que las tarifas son un impuesto a sus propios ciudadanos y a ellos perjudica directa y principalmente.

Y ahora la guerra con Irán que, obviamente, está perdiendo al punto que acaba de afirmar que el estrecho de Ormuz será gobernado por él y el Ayatola, consolidando de este modo la autoridad del régimen criminal en Irán.

Así las cosas, es francamente imposible hoy intentar adelantar el resultado de cualquier inversión en cualquier parte del mundo.

Pero cuidado, a pesar de la debilidad táctica, el contexto de deuda elevada, la inflación y las tasas de interés de referencia reales bajas, siguen respaldando al oro a medio y largo plazo como refugio de valor por excelencia, como puede verse en el siguiente gráfico que muestra su insuperable rendimiento más allá de la actual coyuntura:

En un contexto de elevada tensión geopolítica, la debilidad del oro puede parecer contraintuitiva. Pero, la reacción del mercado responde más a dinámicas de liquidez y posicionamiento que a un cuestionamiento de su papel como activo refugio. En fases iniciales de estrés financiero, los inversores suelen hacer caja y vender los activos con mayores plusvalías para generar liquidez.

El oro, tras un fuerte rally previo, es hoy una de las principales fuentes de caja para cubrir las inesperadas pérdidas propias de la confusión de estos días. Este patrón, ya observado en episodios como 2008 o la crisis creada a partir del COVID, implica ventas generalizadas antes de que el mercado vuelva a seleccionar refugios. No es que el oro deje de ser refugio, pero primero hay que solucionar la inesperada crisis por la guerra y luego pensar a futuro.

Turquía, por caso, ha acumulado importantes tenencias oficiales de este metal precioso durante la última década, con reservas valoradas en aproximadamente USD 135.000 millones a principios de marzo, y hoy estaría evaluando vender una parte para sostener su moneda, la lira, según informa Bloomberg.

A ello se suma el fortalecimiento del dólar, que está actuando como principal refugio en el actual escenario. La relación inversa entre ambos activos sigue siendo determinante, ya que un dólar más fuerte encarece el oro para los inversores internacionales y presiona su cotización.

Además, el foco del mercado se ha desplazado hacia la energía ya que las tensiones en el estrecho de Ormuz han impulsado el precio del petróleo y reavivado el supuesto riesgo “inflacionista”, atrayendo flujos hacia activos vinculados a la energía en detrimento del oro. El mensaje implícito es claro: la preocupación dominante no es financiera, sino energética, es decir, el mercado aumenta el precio de la energía con el fin de desalentar su consumo a la vez que alentar nuevas inversiones para su producción.

Ahora, este error generalizado de confundir inflación con suba del IPC -que, por otra parte, es un cálculo arbitrario según quién y cómo lo estime- lleva a políticas y prácticas contraproducentes. La inflación no es la suba de precios sino la inversa, la depreciación de la moneda como consecuencia de un exceso de emisión en tiempo real.

El movimiento relativo de precios es algo normal y bueno en el mercado. En este caso en particular, insisto, la suba del crudo se da porque la oferta está complicada y, entonces, al encarecerse promueve que se utilice menos y que se intente producir más.

Entre las políticas erradas que promueve esta confusión, está la muy generalizada entre los bancos centrales estatales de creer que, para bajar la “inflación” -la suba del IPC en rigor- deben aumentarse las tasas de referencia lo que provocaría una contracción en la oferta de dinero y, consecuentemente, en la suba de precios en general.

Pero este aumento, al ser artificial no inducido espontáneamente por el mercado, lo que provoca es un desajuste en las inversiones y el consumo ya que, las tasas de interés en un mercado libre -como cualquier otro precio- arbitran dirigiendo eficientemente la demanda y oferta de fondos.

Así las cosas, dada esta falsa concepción sobre las tasas de interés, muchos inversores estiman que, dada la coyuntura actual, las “expectativas inflacionarias” por aumento del precio del crudo, la Fed las subirá “fortaleciendo” al dólar, en rigor, no lo fortalece en absoluto, pero sí que lo hace más rentable y así reduce el atractivo relativo del oro en el corto plazo.

Muchos analistas, entonces, creen que, a corto plazo, no sería descartable que el oro continúe mostrando volatilidad o un comportamiento lateral, en un mercado dominado por factores de liquidez, “fortaleza” del dólar y evolución del precio del crudo. Sin embargo, el escenario de medio y largo plazo sigue apoyando su papel estratégico dada la combinación de deuda global elevada, compras estructurales por parte de bancos centrales, presiones inflacionistas persistentes y tasas reales potencialmente negativas que configuran un entorno favorable para el oro.

En fin, entre otros comportamientos insólitos que han tenido los mercados financieros estos últimos días ha sido que un grupo de "inversores" ha comprado contratos de futuros sobre el S&P 500 por un valor de USD 1.500 millones, operación tan voluminosa que hizo que todo el índice subiera un 0,3 % en ese mismo minuto, y vendieron crudo por alrededor de USD 500 millones, como destacó el Financial Times.

Un cuarto de hora más tarde, Trump anuncia «conversaciones productivas» con Irán que resultaron ser falsas pero que, en lo inmediato, provocaron que el índice bursátil se disparara y estos “inversores” ganaran USD 60 millones en solo quince minutos. Por cierto, algunos desconfiados sospechan que se trataría de “insiders”, es decir, corrupción en el gobierno de los EE.UU. porque habrían utilizado “información interna”.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

X: @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

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