Análisis de la invasión de Ceuta y su planificación estratégica desde Marruecos.
La invasión de Ceuta del 30 de julio de 2026 no fue un hecho aislado ni espontáneo, sino el resultado de una planificación que habría comenzado más de cuatro meses antes, según revela el primer capítulo del libro Ceuta Invadida, escrito por José Manuel Villarejo y otro autor, y que estará disponible próximamente en Amazon.
De acuerdo con las fuentes de inteligencia consultadas para la investigación, la madrugada del 15 de marzo de 2026 se celebró en Rabat una reunión extraordinaria en una casa vinculada a la División de Fronteras de la Dirección General de Asuntos Internos marroquí. En ese encuentro se discutió una estrategia para aumentar la presión sobre España sin recurrir a una confrontación militar convencional, con el objetivo de debilitar a dos vecinos considerados problemáticos: Argelia y España, y en particular la ciudad española de Ceuta.
Los servicios marroquíes descartaron una confrontación abierta debido a la superioridad militar española y las consecuencias internacionales que esto implicaría. En cambio, optaron por una estrategia híbrida y sutil: no enviar soldados, sino personas. La idea era movilizar cerca de cien mil personas para penetrar en Ceuta y saturar la respuesta española, no mediante una ocupación militar, sino a través de una presión masiva que haría inútiles tanques, aviones y barcos.
Una estrategia que recuerda a la Marcha Verde
El paralelismo con la Marcha Verde de 1975 es evidente. Entonces, Hassan II utilizó una masa civil para plantear a España un dilema mayor que el que supondría un enfrentamiento militar directo, ya que disparar contra civiles habría dañado la imagen internacional de España. Medio siglo después, la tecnología permitió modernizar esa estrategia: en lugar de autobuses y discursos, se utilizaron redes sociales como TikTok, Facebook, WhatsApp y Telegram para movilizar personas sin un mando visible.
La operación se habría desarrollado en fases. En primer lugar, una entrada masiva para saturar la frontera, los servicios de seguridad, la sanidad y la administración de Ceuta, una ciudad con poco más de ochenta mil habitantes. Posteriormente, gran parte de la masa humana se retiraría, demostrando que Marruecos podía abrir y cerrar esa frontera humana a voluntad.
El informe posterior del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras concluyó que la movilización no fue espontánea, sino que hubo planificación, varios niveles organizativos y una convocatoria preparada en redes sociales. Además, se identificaron agentes marroquíes que guiaron los movimientos hacia la frontera, aunque no se ha determinado quién estaba al mando superior.
Objetivos y consecuencias de la operación
Un dato clave es que la inmensa mayoría de las personas que entraron en Ceuta regresaron a Marruecos pocas horas después, lo que pone en duda que el objetivo principal fuera la emigración. Quienes arriesgan su vida para llegar a Europa no suelen regresar voluntariamente tan rápido, mientras que quienes participan en una acción colectiva sí lo hacen.
Según el libro, un contingente menor permanecería en Ceuta para saturar recursos, tensar la convivencia, ocupar a las fuerzas de seguridad y generar inseguridad y agotamiento. El objetivo no habría sido conquistar la ciudad de forma inmediata, sino deteriorarla lentamente y reabrir el debate internacional sobre la soberanía española.
La estrategia descrita sigue un patrón clásico de presión entre Estados: primero crear el problema, luego administrarlo y finalmente presentarse como imprescindible para resolverlo. En este caso, se trataría de desgastar a España hasta alcanzar una cosoberanía previa a las aspiraciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla.
La Audiencia Nacional está intentando determinar quién coordinó, financió y decidió el operativo. La pregunta que plantea el primer capítulo del libro —¿qué ocurriría si Marruecos usara contra Ceuta una Marcha Verde moderna?— dejó de ser teórica el 30 de julio.
Documentos posteriores recogen alertas y comunicaciones de varios organismos, aunque se debate cuándo y a quién llegaron y si permitían anticipar la magnitud de la movilización. La documentación de La Moncloa refleja esta sucesión de avisos.
Un nuevo tipo de amenaza a la frontera española
La investigación apunta a que no basta con preguntarse por qué decenas de miles de personas entraron en Ceuta el 30 de julio, sino quién las convocó, quién diseñó los mensajes, quién eligió la fecha, quién organizó los desplazamientos, quién sabía cuándo disminuirían los controles, quién dirigía la acción sobre el terreno y quién decidió que gran parte regresara a Marruecos.
Tras descubrirse que la dirección superior estaba vinculada al Estado marroquí, el 30 de julio dejaría de ser una crisis migratoria para convertirse en una operación de presión contra territorio español sin necesidad de tanques, artillería ni soldados cruzando formalmente la frontera. Una Marcha Verde del siglo XXI, según se desvela en el libro Ceuta Invadida.