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No hay democracia sin separación de poderes

No hay democracia sin separación de poderes

sábado 29 de febrero de 2020, 10:27h
La sociedad española asiste, atónita y algo desconcertada, al desprecio del gobierno del PSOE y las fuerzas que lo apoyan a la separación de poderes, esencial en todo proceso democrático.
La separación entre el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial , la independencia entre ellos y su sistema de contrapesos es lo que da calidad a la vida democrática, más allá de las etiquetas.

El Poder Ejecutivo no puede inmiscuirse ni pretender controlar al resto de poderes. Estamos viendo como, de manera descarada, el gobierno de Sánchez intenta controlar el Poder Judicial, silenciándolo e inmiscuirse en sus decisiones, como acabamos de ver en la designación de Dolores Delgado como Fiscal del Estado, al día siguiente de dejar de ser Ministra de Justicia. Una designación contaminada por las serias dudas sobre sus conexiones con determinados elementos y situaciones del Caso Villarejo. Toda España ha oído a la hoy Fiscal General reirle las hazañas a una red mafiosa sin que a los protagonistas de un disparate impensable en cualquier país desarrollado se les altere la sonrisa.

En el mismo sentido, golpistas y sediciosos, condenados por los tribunales, hacen público su optimismo ante cambios que propugna el Ejecutivo, para ponerlos en libertad o rebajar sustancialmente sus penas, incluso cambiando el Código Penal ,desvirtuando la independencia del Poder Judicial está y dejando en papel mojado las sentencias del proceso separatista en Cataluña y abrir conflictos semejantes en otros lugares .

Tampoco podemos dejar de ver como se intenta despreciar las formas y la efectividad para intentar controlar y anular el Poder Legislativo. La falta de control legislativo se hace patente en la cantidad de meses que no se reúne, para su función fundamental de controlar el Ejecutivo que incluso ha cambiado la fecha de celebración del Consejo de Ministros para dificultar ese control.

La mesa permanente está anulada en sus funciones y la amalgama de partidos que sustentan al Ejecutivo desprecian sistemáticamente la expresión de la voluntad popular qué es el Parlamento.

Además, hay una ola de ocupaciones por los afines de toda empresa, organismo o nómina del Estado, hasta el extremo de colocar familiares y amigos sin más experiencia que esos lazos, o la fidelidad al partido y a sus dirigentes. Casos escandalosos como la liquidación de Jordi Sevilla al frente de Red Eléctrica para reafirmar al marido de una ministra ya parecen de lo más normal en esta democracia depauperada.

No menos preocupante es el control de los medios de comunicación qué son, en general, la expresión de la opinión pública- El control que ejercen el Ejecutivo y sus aliados sobre los medios de comunicación, especialmente las televisiones desde las que se distribuyen, de manera llamativamente uniforme, las noticias adecuadas y los silencios correspondientes se complementan con el intempestivo despido del director de la agencia EFE. Un fiel (lo nombró Pedro Sánchez hace año y medio) que no debía serlo suficientemente.

Este control, también pretende extenderse a otros canales como las redes sociales, donde se intentan establecer sistemas de control político de la supuesta veracidad, siempre con un sesgo muy determinado. En este sentido, el Gobierno también ha aprobado leyes que permiten la clausura inmediata, sin necesidad de orden judicial de cualquier web.

Sánchez acelera

Por otro lado, es muy llamativo el proceso de oscurecimiento y debilitamiento de la figura del jefe del Estado y la reducción de su papel. La monarquía es hoy en España un factor de unidad y estabilidad y, precisamente por eso, molesta.

La aceptación de los enemigos de España como aliados y apoyos, supone un salto cualitativo de enormes consecuencias. Que el gobierno de España coloque, en pie de igualdad, a los golpistas catalanes o mendigue su sostén a los herederos de ETA causa estupor entre la población no anestesiada. Que comunistas de variado pelaje se sienten en el Consejo de Ministros y ocupen, con familiares y amigos, estructuras sensibles con cargo a nuestros impuestos, es inadmisible.

De todo ello, puede deducirse que Sánchez está acelerando en su objetivo de transformar el régimen del 78 y empujarnos hacia un seudo estado confederal donde las decisiones políticas son independientes, excepto que la fiesta la seguirán pagando los españoles de a pie, más cercanos cada día al chavismo venezolano donde la democracia es una palabra vacía.

Hay que recuperar con urgencia la independencia judicial y despolitizarla, recuperar el control parlamentario, a cesar en el control de los medios de comunicación, especialmente las televisiones y las redes sociales, y a respetar el papel del Jefe del Estado, antes de que sea tarde para la democracia española.
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