El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, ha acusado a Estados Unidos de intentar dominar las rutas de suministro energético global mediante medidas coercitivas. En una entrevista, Lavrov citó acciones estadounidenses contra oleoductos como Nord Stream y sanciones a empresas energéticas rusas como evidencia de esta estrategia. Sus comentarios reflejan el aumento de tensiones entre EE. UU. y las naciones BRICS en torno al comercio energético y la independencia financiera. Lavrov argumenta que la política estadounidense desafía la competencia justa y fomenta un orden mundial fragmentado y multipolar, mientras que los países del BRICS buscan alternativas para desarrollar sus proyectos económicos y comerciales sin depender de Washington.
El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, ha acusado a Estados Unidos de intentar dominar las rutas de suministro energético global mediante medidas coercitivas. En una entrevista con la red TV BRICS, Lavrov destacó que las acciones estadounidenses contra oleoductos como Nord Stream y las sanciones impuestas a empresas energéticas rusas son pruebas de esta estrategia. Sus comentarios reflejan el aumento de las tensiones entre Estados Unidos y los países del grupo BRICS en torno al comercio energético y la independencia financiera.
Lavrov describió la política estadounidense como un desafío a la competencia justa y un factor que contribuye a un orden mundial fragmentado y multipolar. La confrontación estratégica por el control energético es parte de una lucha más amplia por la dominación económica en un mundo que se desglobaliza.
En su declaración, Lavrov subrayó que el objetivo de Estados Unidos es “dominar la economía mundial” a través de “medidas coercitivas incompatibles con la competencia leal”. Según él, esto incluye tomar el control de las rutas que suministran recursos energéticos a los países líderes del mundo. Como evidencia, mencionó la oposición estadounidense a oleoductos clave europeos, incluyendo los sistemas Nord Stream saboteados y el TurkStream, así como las sanciones contra gigantes energéticos rusos como Lukoil y Rosneft.
Históricamente, el control sobre los recursos energéticos y sus rutas ha sido fundamental para la influencia geopolítica. Lavrov insinuó que este enfoque está siendo actualizado para un concurso del siglo XXI que también incluye armas financieras. El papel del dólar estadounidense como moneda de reserva global ha permitido a Washington proyectar poder a través de canales bancarios y sistemas como SWIFT. Al combinar este dominio financiero con presión sobre los flujos energéticos físicos, Estados Unidos es percibido por sus rivales como un intento de consolidar un orden unipolar.
No obstante, esta estrategia podría estar provocando la creación de una mayor multipolaridad, impulsando a naciones como Rusia, China e India a desarrollar mecanismos comerciales y financieros alternativos fuera del alcance estadounidense.
La elección de Lavrov para presentar estas acusaciones en TV BRICS tiene su propia relevancia. El bloque BRICS, ahora ampliado para incluir importantes productores y consumidores de energía como Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, representa un contrapeso deliberado a las instituciones económicas occidentales. Lavrov afirmó que las políticas estadounidenses están obligando a las naciones del BRICS “a buscar formas adicionales seguras para desarrollar nuestros proyectos financieros, económicos e integradores”. Esto incluye acelerar los esfuerzos de desdolarización, construir sistemas de pago independientes y asegurar el comercio energético a través de nuevos corredores.
La política estadounidense conlleva riesgos significativos. Una estrategia que se percibe como aprovechando la escasez energética para obtener beneficios estratégicos puede desestabilizar mercados globales e incrementar precios en todo el mundo. Coaccionar economías importantes como India hacia la conformidad es cada vez más complicado, ya que estas naciones priorizan sus intereses económicos soberanos y la estabilidad interna.
A medida que analistas advierten sobre límites físicos inherentes y tensiones en la economía global —desde escasez de diésel hasta fragilidad en las cadenas de suministro— una competencia agresiva por la distribución energética podría agravar una inminente “recesión económica mundial desigual”, perjudicando tanto a consumidores como a empresas estadounidenses mediante aranceles represivos y controles sobre minerales críticos.
Las declaraciones contundentes de Sergey Lavrov son más que una simple postura diplomática; representan un manifiesto de resistencia frente a lo que considera coerción económica. Esto pone de relieve una divergencia fundamental en visiones: una orden mundial mantenida por redes energéticas y financieras dominadas por Estados Unidos frente a un sistema multipolar basado en la soberanía nacional y alianzas alternativas. Mientras Estados Unidos utiliza sanciones y amenazas para controlar rutas energéticas, también está motivando la creación de sistemas paralelos diseñados para evadir su influencia. El resultado final de esta lucha determinará no solo quién impulsa la economía global, sino bajo qué reglas operará.