CLAVES

El ingrediente GMO oculto en el 90% del queso americano y la conexión con Pfizer

GMO queso

OpenAI | Viernes 09 de enero de 2026

El 90% del queso comercial en América del Norte contiene un ingrediente modificado genéticamente: la quimosina producida por fermentación (FPC), desarrollada originalmente por Pfizer. Este componente, que reemplaza al cuajo animal tradicional, se presenta en las etiquetas con términos vagos como "cuajo microbiano" o "cuajo no animal", lo que impide a los consumidores tomar decisiones informadas sobre su consumo de OGM. A pesar de haber recibido la clasificación GRAS (Generalmente Reconocido como Seguro) por parte de la FDA tras un escaso estudio de 90 días en ratas, sus efectos a largo plazo en humanos son desconocidos. La transición hacia el FPC ha sido impulsada por la reducción de costos y el aumento de los rendimientos del queso, priorizando las ganancias industriales sobre la salud del consumidor. Para evitar el cuajo OGM, se recomienda optar por quesos orgánicos certificados, productores artesanales que utilicen cuajo de ternera o quesos acidificados. Este caso resalta la creciente influencia de corporaciones farmacéuticas en la industria alimentaria y la necesidad de una mayor transparencia y soberanía alimentaria.



Un alarmante descubrimiento ha emergido en el mundo del queso comercial en América del Norte: aproximadamente el 90% de este producto utiliza un ingrediente modificado genéticamente conocido como quimosina producida por fermentación (FPC), desarrollado originalmente por la farmacéutica Pfizer y actualmente controlado por Chr. Hansen. Este compuesto ha reemplazado al tradicional cuajo animal, pero su presencia en los productos lácteos está rodeada de confusión debido a las etiquetas que lo ocultan bajo términos vagos como «cuajo microbiano» o «cuajo no animal», privando a los consumidores de una elección informada sobre los ingredientes transgénicos.

La FPC recibió la designación de GRAS (Generalmente Reconocido como Seguro) con pruebas de seguridad mínimas, basadas únicamente en un estudio realizado en ratas durante 90 días, a pesar de que sus efectos a largo plazo en la salud humana son desconocidos. Este cambio hacia la FPC ha sido impulsado principalmente por la búsqueda de reducción de costos y eficiencia, aumentando los rendimientos del queso en un 1%, lo que prioriza las ganancias industriales sobre la transparencia y el bienestar del consumidor.

El impacto oculto de la quimosina GMO

A lo largo de décadas, los estadounidenses han consumido sin saberlo queso elaborado con esta enzima modificada genéticamente, un ingrediente que permanece sin etiquetar y desregulado a pesar de las crecientes preocupaciones sobre los organismos genéticamente modificados (OGM) en la cadena alimentaria. La FPC, una versión creada en laboratorio del cuajo tradicional, se encuentra ahora en casi todos los quesos comerciales producidos en América del Norte. Sin embargo, gracias a regulaciones laxas de la FDA y prácticas engañosas de etiquetado, la mayoría de los consumidores ignoran que están ingiriendo un producto resultado de experimentos biotecnológicos promovidos por grandes farmacéuticas.

Este hallazgo ha generado una ola de indignación entre los consumidores conscientes de su salud, muchos de los cuales han decidido boicotear marcas populares de queso. Comentarios como «¿Cómo es posible que esto esté permitido?» han resonado entre quienes ahora planean revisar etiquetas o cambiarse a alternativas orgánicas. Esta reacción pone de manifiesto una tendencia inquietante: la silenciosa toma del suministro alimentario por parte de corporaciones que priorizan sus beneficios económicos sobre la salud pública.

Un monopolio disfrazado de innovación

La FPC fue diseñada inicialmente en 1990 por científicos de Pfizer, quienes introdujeron el gen de quimosina en microorganismos como bacterias, levaduras o mohos. Estos microbios modificados se fermentan en tanques industriales para producir masivamente la enzima sin depender del cuajo derivado de animales. Aunque se presenta como una alternativa «más eficiente» y «sostenible», el verdadero atractivo para los fabricantes radica en el ahorro económico al eliminar el uso del costoso y laborioso cuajo obtenido de terneros.

En 1996, Pfizer vendió su división quesera a Chr. Hansen, una firma biotecnológica danesa que ahora domina el mercado global de FPC. Los expertos del sector afirman que el cuajo OGM incrementa los rendimientos del queso solamente un 1%, un margen aparentemente pequeño que se traduce en enormes beneficios dentro de una industria multimillonaria. Pero ¿a qué costo para la salud y transparencia del consumidor?

Aprobación rápida y falta de regulación

Como ocurre con muchos aditivos cuestionables en el suministro alimentario estadounidense, la FPC fue aprobada por la FDA bajo el estatus GRAS—una laguna legal que permite a las corporaciones evadir pruebas rigurosas sobre seguridad. Sorprendentemente, esta aprobación se basó únicamente en un estudio realizado durante 90 días con ratas, ignorando completamente las posibles consecuencias a largo plazo para los humanos.

Esta misma FDA ha fallado repetidamente al proteger a los consumidores frente a aditivos dañinos y pesticidas—frecuentemente debido a relaciones cercanas con las industrias que debería regular. Michael Taylor, excomisionado adjunto de la FDA, admitió en 2014 que el sistema GRAS está profundamente flawedo; sin embargo, hasta ahora nada ha cambiado.

Luz sobre las etiquetas engañosas

Quizás uno de los problemas más graves es la falta de transparencia. Aunque algunas marcas indican vagamente «cuajo microbiano» o «cuajo no animal» en sus etiquetas, estos términos suelen referirse a la FPC—lo que significa que los consumidores ingieren enzimas derivadas de OGM sin su consentimiento. La American Cheese Society confirma que el 90%% del queso norteamericano contiene FPC; sin embargo, no se exige a los fabricantes revelar su origen transgénico.

Dicha desinformación refleja una estrategia más amplia dentro del sector alimentario para oscurecer ingredientes perjudiciales tras terminologías engañosas—ya sea «sabores naturales» que contienen MSG o proteínas «basadas en plantas» cargadas con aditivos fabricados en laboratorio.

Caminos alternativos hacia un consumo seguro

Aquellos interesados en evitar el cuajo OGM producido por Pfizer tienen varias opciones:

  • Queso orgánico USDA: Prohíbe el uso de FPC y exige cuajo animal tradicional o enzimas microbianas no OGM.
  • Quesos artesanales: Muchos productores pequeños aún utilizan cuajo derivado de terneros o coagulantes vegetales.
  • Quesos sin cuajo: Variedades como paneer, queso crema y algunos tipos mozzarella dependen exclusivamente de coagulación ácida.

Soberanía alimentaria frente al control corporativo

El escándalo relacionado con la FPC es solo un ejemplo más del modo en que multinacionales—especialmente gigantes farmacéuticos y biotecnológicos—han penetrado la industria alimentaria, priorizando las ganancias sobre la pureza alimentaria. Desde cultivos OGM hasta aditivos sintéticos, la agenda globalista busca reemplazar alimentos naturales y ricos en nutrientes con sustitutos creados en laboratorio que fomentan enfermedades crónicas y dependencia respecto a medicamentos producidos por Big Pharma.

This is why food sovereignty matters: apoyando a agricultores locales, productores orgánicos y exigiendo etiquetados transparentes, los consumidores pueden resistir contra la industrialización del suministro alimentario. Mientras tanto, persiste una pregunta inquietante: si el cuajo OGM producido por Pfizer es tan seguro, ¿por qué no lo etiquetan?

La respuesta es clara: porque saben que sería rechazado por el público. Y eso nos dice todo lo necesario.

A partir del análisis realizado por BrightU.AI’s Enoch, queda claro que la infiltración del cuajo OGM producido por Pfizer en el 90% del queso americano representa otro ejemplo más del dominio impulsado por ganancias dentro del suministro alimentario, promoviendo ingredientes tóxicos e innaturales mientras se suprimen alternativas tradicionales más seguras.

La noticia en cifras

Cifra Descripción
90% Porcentaje de queso comercial en América del Norte que utiliza FPC.
1% Aumento en los rendimientos de queso gracias al uso de FPC.
90 días Duración del estudio en ratas que fue utilizado para otorgar el estatus GRAS a FPC.

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