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Moncloa ordena proteger la relación Juan Carlos-Corinna
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Moncloa ordena proteger la relación Juan Carlos-Corinna

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Las declaraciones a El Mundo, publicadas el 11 de julio, de la amante del Rey Juan Carlos, la conocida como princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, Larsen como apellido de soltera, han sorprendido a los vecinos de la lujosa urbanización de Somosaguas, en el término municipal madrileño de Pozuelo de Alarcón. Se viene informando puntualmente desde hace meses que la pareja Juan Carlos-Corinna posee una lujosa mansión que utiliza como nido de amor en la citada urbanización.

Visitas siempre discretas, encubiertas y protegidas por los servicios secretos como se ordena desde Zarzuela. Los mismos servicios secretos que organizaban las escapadas del entonces Monarca con sus sucesivas amantes durante los cuarenta años de reinado.

En cualquier caso, las afirmaciones de Corinna al enviado del diario El Mundo la pasada semana, cuando acudía a un acto benéfico celebrado en el Museo de Historia Natural de Londres, en el sentido de que nunca volverá a España, destilan rencor.

Al ser preguntada si es cierto que lleva tres años sin visitar España, contesta afirmativamente que “España es un país maravilloso, pero no tengo una casa allí ni tengo planes de vivir allí. No volveré a España de ninguna manera”, y acusa a las llamadas "cloacas del Estado” de las informaciones que circulan sobre su regreso a España y su residencia en Somosaguas.

No hay que olvidar que durante años Corinna ha ejercido casi de primera dama. Acompañaba al entonces Rey de España y residía en la finca La Angorrilla, perteneciente a Patrimonio Nacional, situada en los Montes de El Pardo muy cerca del palacio de La Zarzuela. Allí vivió durante varios años junto a su hijo Alexander y celebraba reuniones de negocios protegida por los servicios de seguridad. Las visitas de Arturo Fasana, gestor de los fondos suizos Credit Suisse Ginebra, para reunirse con el Monarca se realizaban sin que las visitas figuraran en el registro de entradas de Zarzuela, ya que se utilizaba el helicóptero de los Albertos, que aterrizaba cerca de la casa de Corinna, y así se mantenía la discreción de los encuentros.

En las redes sociales se preguntan si Alexander no será, en realidad, otro hijo de Juan Carlos. Aunque tal circunstancia no parece ser cierta ya que, como publicó la revista Personas en junio del pasado año, en un número dedicado a Juan Carlos, la conoció en el año 2002, en la finca La Garganta (Ciudad Real) cuando fue invitado por el propietario a una cacería del que se dice era el entonces acompañante de Corinna.

Se trata del multimillonario Lord Gerald Cavendish Crosvenor, duque de Westminster, uno de los hombres más ricos del mundo, con propiedades y una fortuna veinte veces mayor que la propia reina de Inglaterra.

“Corinna era la amante del Duque en aquellas fechas -publica la revista Personas- pero el Borbón se la pisó en su propia casa. La dama, con 38 años de edad, cambió un duque de 50 años por un Rey de 63”. “Desde entonces -continúa la información de la revista Personas- Juan Carlos dejó de ser invitado a las fiestas del Duque de Westminster, ya que consideraba peligrosa su presencia para las damas que acompañaban a sus amigos, entre los que se encontraban los hijos de Carlos de Inglaterra, Guillermo y Harry, habituales cazadores en la finca La Garganta, de diecisiete mil hectáreas de extensión, con el mayor coto de caza de España.

Encariñado con Alexander

Lo que sí parece cierto es que Juan Carlos se encariñó enseguida con el hijo de su amada Corinna, Alexander, y entre ellos se entabló una relación paterno-filial que hasta la fecha se sigue manteniendo. En el círculo de allegados es conocido el cariño del Rey que profesa a Alexander, mucho mayor que el que tuvo con sus propios hijos, y ahora con los nietos. Sofía les mantenía como alejados de la influencia del Rey.

Tras el aparatoso accidente de Juan Carlos en Botsuana, en abril del 2012, donde Corinna lo acompañaba en una cacería de elefantes mientras España se desangraba por la crisis, todo se vino abajo.

Nada más regresar a Madrid para ser intervenido de urgencia por la rotura de la cadera, se acuerda que Corinna es un problema de Estado y como tal es obligada a abandonar el país junto a su hijo Alexander.

De forma precipitada es conducida a Londres, donde varios meses después del accidente de Botsuana, concretamente en junio, es visitada por nada menos que el director del CNI, el general Félix Sanz Roldán, quien desayuna con ella en el hotel Nonnaught y le lleva el mensaje de que por el bien del país debe evitar relacionarse con el entonces Rey y que, en consecuencia, su presencia en España no sería grata.

"Me dijo que tenía sobre mis hombros la responsabilidad de cuarenta y cinco millones de españoles», recuerda Corinna, a quien el general Sanz Roldán nunca explicó claramente lo que quería de la compañera sentimental de Juan Carlos más allá de su “discreción” para evitarle problemas “a ella y a su familia”, señala la periodista Ana Romero en su libro.

El divorcio con Sofía

Como se ha publicado en periódicos, revistas y libros, Juan Carlos ha tratado seriamente de divorciarse de su esposa, Sofía de Grecia, para normalizar su relación con Corinna. Eso fue lo que durante años le prometió a la princesa, que le creyó, dado que la unión se hizo tan íntima que negociaba en nombre de Juan Carlos con representantes de altas empresas y se relacionaba con estados árabes en nombre del propio Rey.

El dovorcio llevaría consigo un sinfín de trámites legales y la partición de la fortuna, valorada en miles de millones de euros en propiedades, dinero efectivo, lingotes de oro, y lo que llaman kilates (piedras preciosas).

El problema es que de conocerse su inmensa fortuna se levantaría una polvareda social y mediática, que no acepta que el Monarca se haya enriquecido mientras sus gastos, y caros caprichos personales, eran costeados por el Estado.

La preocupación de Zarzuela se centra en evitar el escándalo, que no sería silenciado como lo fue con la fortuna que heredó de su padre, el Conde de Barcelona, y que parte de ella se encontraba en bancos suizos.

Aquello se conoció por las revelaciones de El Mundo de Pedro J. Ramírez y fue neutralizado, dado que los responsables de los partidos mayoritarios y los sindicatos acordaron proteger al quien les salvó el 23F de un golpe militar.

El divorcio fue tratado en la cena que Juan Carlos mantuvo con los expresidentes del Gobierno y con Mariano Rajoy el pasado primero de julio en un comedor privado del restaurante Casa Lucio. El Rey emérito no ceja en su empeño de rehacer lo que le queda de vida junto a su última amante.

Desde Felipe González hasta el actual presidente, Mariano Rajoy, todos se comprometieron a ayudar al Monarca a que tenga la vida privada que añora. También se trató sobre cómo afianzar la Monarquía que se considera en peligro si la izquierda radical llega a La Moncloa.

Presiones de Moncloa a la Prensa

La publicación en el diario El Mundo, el sábado 11 de julio, de las declaraciones de Corinna se enmarcan en la estrategia diseñada por Moncloa para controlar la situación, ahora más fácil ya que los diarios impresos, ahogados por la crisis, dependen de la publicidad institucional y de que el Gobierno interceda ante los bancos para que no cierren el grifo crediticio a las empresas periodísticas.

En medios periodísticos madrileños se afirma que El País come de la mano de Soraya, ya que los bancos fueron obligados a cambiar la deuda del Grupo Prisa por acciones. Y los ceses de la dirección de El Mundo también fueron consecuencia de presiones de la propia Moncloa. El despido de Ana Romero, especializada en Casa Real en El Mundo, autora del libro sobre Juan Carlos, también se enmarca en las presiones del Gobierno para controlar a la opinión pública y que los periodistas se las tienten antes de tratar los asuntos que afectan a la Corona.

Ocultación del chalé de Somosaguas

El periodista Juan Luis Galiacho ha investigado el chalé para extraconfidencial.com llegando a la conclusión de que se ha creado un manto de opacidad para despistar a la hora de conocer la propiedad de dicha parcela en la lujosa urbanización madrileña.

"Graves fallos registrales, al igual que ocurrió con la infanta Cristina en el Caso Noos, asignan oficialmente la parcela de la Urbanización de Somosaguasa la empresa ISB Arabi que no es la verdadera propietaria, sino la de la parcela adyacente, haciendo bailar los números 22 y 24 de la calle Siete Cerros, con el visto bueno del Ayuntamiento del PP de Pozuelo de Alarcón.

Todo indica que el Registro de la Propiedad tapa la identidad de los verdaderos propietarios de la mansión de Somosaguas, ya que no hay ninguna explicación razonable de cómo se puede hacer bailar dos números consecutivos de una calle tanto registralmente como en la ordenación territorial de una urbanización, intentando confundir sobre los verdaderos propietarios", asegura el periodista.

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