OPINIÓN

Rusia en Siria, la Justicia cambia de bando

Pedro CANALES | Jueves 22 de octubre de 2015
La intervención de Rusia en Siria ha cambiado la percepción del mundo. La opinión pública contempla, perpleja, unas nuevas reglas del juego en las que los rusos no son más malos ni más buenos que los norteamericanos. Es una lucha de intereses que en este momento histórico ha volcado la Justicia al lado ruso para derrotar al terrorismo yihadista, un trabajo que Estados Unidos no ha querido hacer.

Durante los últimos decenios se ha pensado que la supremacía económica y financiera de Estados Unidos, su ventaja en la carrera espacial, sus avances espectaculares en alta tecnología y su poderío militar con decenas de bases repartidas por todo el mundo, además de sus flotas navales presentes en todos los Océanos, le daban derecho a ser la única megapotencia.

La ley del sagrado dólar se imponía en todas partes. Nadie, ni en Occidente, ni en Oriente, ni en el Norte, ni en el Sur, se atrevía a levantar la voz. Estudiosos, analistas, investigadores de toda índole, quedaban fascinados por el Imperio, por sus guerras galácticas, por su infalible espionaje, por todo lo que Hollywood nos ha vendido durante décadas.

En la trastienda, los déficits presupuestarios y la macro deuda pública, la mayor del planeta, era cuidadosamente ocultada y compensada por los depósitos y fondos de inversión procedentes de China, de los “dragones asiáticos” y de los países productores de petróleo del Golfo Pérsico.

Estos días, sin embargo, la imagen del coloso se ha desplomado. Ya tras el 11 de septiembre de 2001 la opinión pública comenzó a sospechar algo.

¿Cómo era posible que los servicios de inteligencia norteamericanos, con un presupuesto anual de 50.000 millones de dólares -sin contar los 20.000 millones de la inteligencia militar-, no previesen los atentados?

Unos y otros se culparon mutuamente. Y al final, con el fragor de las guerras lanzadas por Washington y Londres en Afganistán, en Iraq y en otras partes, reinó el silencio de los cementerios.

Pero estos días Rusia, valga la expresión popular, “le ha mojado la oreja” a Estado Unidos, y la imagen de superman se ha venido abajo.

Con más de 600.000 millones de dólares de presupuesto de Defensa, Estados Unidos se han estancado en las dos guerras emprendidas por el anterior presidente George W. Bush en Iraq y Afganistán, y llevan el mismo camino en Siria.

La Rusia de Putin, en cambio, ha salido a socorrer a su aliado sirio Bashar al-Asad, y en apenas dos semanas ha arrinconado a los terroristas de Al Qaeda y del Estado Islámico.

¿Y con qué presupuesto cuentan las fuerzas militares rusas? Algo menos de 90.000 millones de dólares; es decir, la octava parte de lo que gastan las estadounidenses.

En cuanto al presupuesto ruso dedicado al espionaje y a luchar contra el terrorismo, que es “secreto de Estado” naturalmente, los expertos aseguran que no supera los 8.000 millones de dólares. O sea, también la octava parte del norteamericano.

Estos datos hay que verlos, además, desde una perspectiva geopolítica. Mientras que Estados Unidos vive en un aislamiento geográfico -sólo ha sufrido en su territorio el atentado del 11-S atribuido al terrorismo yihadista-, Rusia ha tenido que hacer frente a guerras terroristas internas en Chechenia, Daguestán y Abjasia, sin contar los atentados en Moscú.

Entonces, ¿por qué los rusos obtienen victorias militares contra los terroristas yihadistas en Siria, y los norteamericanos no?

Sin duda, los primeros han conseguido en estos años mejorar la capacidad técnica y el conocimiento científico de sus militares, perfeccionar su armamento y desarrollar otros nuevos. Y los segundos, en el mejor de los casos, se han dormido en los laureles.

Sin contar que Washington ha apoyado a los grupos yihadistas en la medida que éstos tenían como objetivo derribar al régimen de Al-Asad.

La percepción del mundo ha cambiado. Estos días la opinión pública sale de un largo letargo y contempla, perpleja, unas nuevas reglas del juego. Cómo el mundo maniqueo de buenos y malos que nos han vendido desde la Segunda Guerra Mundial, hace ya 70 años, se ha venido abajo estrepitosamente.

Millones de personas comienzan adespertar y entender que los rusos no son más malos ni más buenos que los norteamericanos.

Millones de personas son cada vez más conscientes de que las grandes potencias, los bloques económicos y militares y las naciones defienden, ante todo, sus intereses o el conjunto de valores con los que se sienten identificados. Sobre esa base los países forman alianzas y se ayudan mutuamente.

Millones de personas sospechan que la Justicia -el conjunto de normas que las sociedades acuerdan para vivir en armonía-, ha dejado de ser el atributo que solo pueden administrar los quecreen formar partedel bando de los “buenos.

En Siria la Justicia, en este momento histórico, parece estar más cerca de Rusia que está derrotando a los terroristas yihadistas. Un trabajo que Estados Unidos no pudo o no quiso hacer.

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