Rusia afirma haber ayudado a repeler un intento de golpe en Níger, que fue calificado como una "traición" por parte de un grupo de soldados. La situación ha llevado a la detención de varios presuntos amotinados y al restablecimiento gradual de la actividad comercial en el país. El gobierno militar, liderado por el general Tiani, enfrenta desafíos tanto externos, debido a la violencia jihadista, como internos, con signos de descontento dentro de sus propias filas. Las autoridades han intensificado las patrullas de seguridad en áreas clave tras el incidente.
La Alianza de Estados del Sahel, que incluye a Niger, Mali y Burkina Faso, ha calificado el intento de golpe de estado en Niger como «una traición por parte de un grupo de soldados involucrados en un intento de desestabilización». Hasta el momento, las autoridades no han proporcionado detalles sobre la cantidad de soldados implicados ni sobre las posibles víctimas del suceso.
El líder militar de Niger, el general Tiani, quien asumió la presidencia el año pasado tras derrocar al gobierno electo, no ha hecho declaraciones públicas respecto al incidente. Sin embargo, la televisión estatal ha difundido imágenes que muestran a varios presuntos amotinados siendo arrestados por la Guardia Presidencial.
Según reportes de la Agencia de Prensa de Niger, las actividades comerciales están regresando a la normalidad, con estaciones de servicio, tiendas y otros negocios reabriendo sus puertas. Además, los partidarios del gobierno se congregaron en una plaza pública en el centro de Niamey para mostrar su apoyo tanto a las fuerzas de seguridad como al gobierno del general Tiani.
La Base Aérea 101, donde se produjo el ataque el sábado, forma parte del complejo aeroportuario Diori Hamani. Este sitio alberga aeronaves y drones militares nigerinos, así como una unidad contra-terrorista de la Alianza de Estados del Sahel. Según informes, también están presentes fuerzas rusas e italianas en esta base.
Niger, Mali y Burkina Faso son países gobernados por militares que han cortado vínculos con socios occidentales y han fortalecido su cooperación con Rusia. No obstante, la violencia jihadista sigue siendo un problema extendido en estas naciones, a pesar del cambio en las alianzas.
Para el gobierno nigerino, el motín del sábado subraya que las fuerzas armadas no solo enfrentan una insurgencia externa sino también signos de descontento dentro de sus propias filas. La base aérea donde comenzó el motín ya había sido blanco de ataques jihadistas en dos ocasiones este año: una vez por un afiliado del Estado Islámico y otra por un grupo vinculado a Al-Qaeda.
Las autoridades nigerinas han intensificado las patrullas alrededor de lugares clave en Niamey tras el intento de toma del poder, incluyendo la entrada principal del aeropuerto y el pabellón presidencial.