El conflicto militar entre Estados Unidos e Irán, iniciado el 28 de febrero de 2026, ha sido declarado casi ganado por el presidente Donald Trump, aunque los datos militares indican que los objetivos clave siguen sin cumplirse y las reservas de municiones estadounidenses están críticamente agotadas. A pesar de las afirmaciones de victoria, la campaña no ha logrado destruir las capacidades misilísticas de Irán ni eliminar su uranio enriquecido. Además, grupos como Hezbollah continúan operando con éxito en la región. La situación ha permitido a Irán ejercer control sobre el estrecho de Ormuz, afectando los mercados energéticos globales. Con una posible escalada en el horizonte y sin un plan claro para cumplir los objetivos de guerra, la administración enfrenta críticas sobre la viabilidad de su estrategia militar en Medio Oriente.
La guerra de EE. UU. e Israel contra Irán: un análisis crítico
El 28 de febrero de 2026 marcó el inicio de la campaña militar conjunta de EE. UU. e Israel contra Irán, con el presidente Donald Trump afirmando en una entrevista que esperaba que los ataques duraran entre «cuatro y cinco semanas». Sin embargo, a finales de julio de 2026, el conflicto se adentra en su quinto mes sin visos de resolución.
A pesar de las repetidas proclamaciones de victoria por parte del presidente Trump, quienes analizan la situación desde el Pentágono informan que los objetivos estratégicos aún no han sido alcanzados y que las reservas de municiones estadounidenses están peligrosamente bajas.
Las metas declaradas por la administración incluyen la destrucción del arsenal de misiles y drones de Irán, la eliminación del uranio enriquecido y el desmantelamiento del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) en su red de proxies regionales. Sin embargo, informes indican que ninguno de estos objetivos ha sido logrado. El stockpile iraní de misiles se mantiene prácticamente intacto y el uranio enriquecido sigue dentro del país.
En Líbano, Hezbollah continúa operando con eficacia, infligiendo daños significativos a las Fuerzas de Defensa Israelíes en el sur. Además, el IRGC ha amenazado con activar a los hutíes en Yemen para bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb si los ataques estadounidenses persisten. La búsqueda implícita de un cambio de régimen también ha fracasado; por el contrario, la guerra ha provocado un efecto contrario entre los iraníes, quienes han salido a manifestarse en apoyo del gobierno tras la muerte del líder supremo Ayatolá Ali Khamenei.
El Pentágono ha utilizado una gran parte de sus municiones guiadas con precisión durante esta campaña. Según estimaciones internas del Departamento de Defensa publicadas por The New York Times, se han lanzado aproximadamente 1,100 misiles cruceros furtivos a larga distancia, más de 1,000 misiles Tomahawk y más de 1,200 misiles interceptores Patriot. Estas cifras han dejado las reservas alarmantemente bajas y se considera desviar armas originalmente destinadas a Ucrania hacia Oriente Medio.
Por otro lado, Irán ha mantenido gran parte de su capacidad ofensiva. Un funcionario estadounidense citado por The Washington Post indica que Irán conserva alrededor del 75% de sus lanzadores móviles previos a la guerra y aproximadamente el 70% de su arsenal misilístico original. Además, se ha informado que Irán ha restaurado acceso operativo a 30 de sus 33 sitios misilísticos ubicados cerca del estrecho de Ormuz.
Uno de los cambios más significativos en este conflicto es el cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, una vía marítima crucial por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. El IRGC ha utilizado misiles y drones para imponer un bloqueo efectivo, otorgando a Teherán un importante poder sobre los mercados energéticos globales. Esto ha contribuido al aumento en los precios del combustible en EE. UU., lo cual podría tener repercusiones políticas para los republicanos en las elecciones intermedias programadas para noviembre.
A medida que Estados Unidos depende cada vez más de costosos sistemas defensivos como los Patriots y Tomahawks, Irán ha logrado infligir daños considerables a bases estadounidenses utilizando drones y misiles relativamente económicos. Esta asimetría en costos plantea dudas sobre la sostenibilidad del despliegue militar estadounidense en la región.
La administración Trump ha indicado que la escalada sigue siendo una opción viable; funcionarios han expresado su intención de «liberar» el estrecho de Ormuz y restablecer la libertad en la navegación marítima. Sin embargo, no se ha proporcionado una definición clara sobre cuándo se considerarán cumplidos todos los objetivos militares establecidos.
A pesar de las reiteradas declaraciones triunfales, Trump no ha utilizado estas afirmaciones como un medio para desescalar el conflicto. El teniente coronel retirado Daniel Davis advierte que este enfoque podría llevar a un estancamiento prolongado. Si se opta por una escalada significativa, la economía global podría enfrentar nuevas disrupciones debido a la capacidad iraní para amenazar el tráfico marítimo en el estrecho.
| Cifra | Descripción |
|---|---|
| 1,100 | Long-range stealth cruise missiles utilizados por el Pentágono. |
| 1,000 | Tomahawk cruise missiles utilizados por el Pentágono. |
| 1,200 | Patriot interceptor missiles utilizados por el Pentágono. |
| 1,000 | Precision Strike y ATACMS ground-based missiles utilizados por el Pentágono. |
| 75% | Porcentaje de lanzadores móviles que Irán retiene de su inventario prebélico. |
| 70% | Porcentaje de misiles que Irán retiene de su stockpile prebélico. |