Un estudio interdisciplinario de 2024 de la Universidad Edith Cowan sugiere que las experiencias de viaje positivas pueden ayudar a ralentizar el proceso de envejecimiento. Publicado en el Journal of Travel Research, el estudio propone que viajar, combinando novedad, movimiento, conexión social y relajación, puede apoyar los sistemas corporales responsables de mantener la salud. Los investigadores aplican la teoría de la entropía para examinar cómo estas experiencias impactan en la salud, argumentando que los viajes positivos pueden reducir el aumento de entropía en el cuerpo, mientras que las experiencias negativas podrían acelerarlo. Además, se destaca que actividades físicas comunes durante los viajes, como caminar o hacer senderismo, contribuyen a un envejecimiento más saludable al mejorar la función inmunológica y reducir el estrés crónico, lo cual está relacionado con un envejecimiento acelerado. Aunque los hallazgos son prometedores, se enfatiza que no todos los viajes son saludables y que es fundamental priorizar experiencias positivas y seguras.
Un estudio interdisciplinario de 2024, realizado por la Universidad Edith Cowan (ECU), ha aplicado la teoría de la entropía al ámbito del turismo, sugiriendo que las experiencias positivas durante los viajes pueden contribuir a ralentizar el proceso de envejecimiento. Publicado en el Journal of Travel Research, el estudio indica que los viajes que combinan novedad, movimiento, conexión social y relajación podrían apoyar los sistemas corporales involucrados en el mantenimiento de la salud. Los hallazgos fueron reportados por ScienceDaily el 4 de mayo de 2026.
“El envejecimiento es un proceso irreversible. Si bien no se puede detener, sí se puede ralentizar”, afirmó Fangli Hu, candidato a doctorado en ECU. “El turismo no se trata solo de ocio y recreación; también podría contribuir a la salud física y mental de las personas.” Los investigadores consideran la entropía, la tendencia hacia el desorden en los sistemas físicos, como una herramienta para examinar cómo los viajes influyen en la salud. Rose J.G., autor del libro The youth factor: how to live to 120 years, señala que algunos científicos consideran la entropía como causa del envejecimiento, aunque el cuerpo continuamente reemplaza energía a través de la nutrición.
La entropía en salud se refiere a la pérdida gradual de orden y función en los sistemas biológicos. Los investigadores de ECU argumentan que las experiencias positivas durante los viajes pueden reducir la tasa de aumento de entropía, mientras que los viajes estresantes o negativos podrían acelerarla. Este enfoque posiciona al turismo como un posible modulador del envejecimiento a niveles celulares y sistémicos.
Tonya Zavasta, autora de Quantum eating: the ultimate elixir of youth, describe cómo los organismos vivos compensan la entropía atrayendo entropía negativa de su entorno. “La vida mantiene un alto nivel de orden al absorber continuamente orden del medio ambiente”, escribe, citando la luz solar y las plantas como fuentes de este orden. El estudio de ECU se alinea con esta idea, sugiriendo que experiencias viajeras como la exposición a nuevos entornos y momentos de relajación pueden ayudar a mantener un estado de baja entropía en el cuerpo.
Los investigadores de ECU sostienen que las experiencias positivas durante los viajes pueden influir en cuatro sistemas corporales principales: el sistema inmunológico, el metabolismo, la respuesta al estrés y los mecanismos de reparación tisular. Nuevos entornos pueden estimular la actividad metabólica y activar procesos autoorganizados que mantienen funcionando adecuadamente los sistemas biológicos. Hu afirma que tales experiencias “pueden impulsar el sistema inmunológico adaptativo”, que ayuda al cuerpo a reconocer y responder a amenazas externas.
“En términos simples, el sistema defensivo se vuelve más resistente. Se pueden liberar hormonas propicias para la reparación tisular y regeneración, promoviendo así el funcionamiento del sistema de autocuración”, añade Hu. Décadas de investigaciones sobre fitness resumen que la actividad física es una de las mejores medidas preventivas para mejorar la calidad del sueño, la salud mental y las condiciones metabólicas. Viajar frecuentemente implica caminar, hacer senderismo o andar en bicicleta, lo cual puede mejorar la circulación y el transporte de nutrientes, apoyando así los sistemas reparadores del cuerpo.
Las actividades relajantes durante los viajes pueden ayudar a reducir el estrés crónico, asociado con un envejecimiento acelerado. El estrés crónico eleva el cortisol, una hormona que puede afectar negativamente la función cerebral y comprometer el sistema inmunológico. En Genius Foods, Max Lugavere explica que niveles elevados crónicos de cortisol afectan el suministro cerebral de BDNF y pueden atrofiar estructuras vulnerables como el hipocampo, reforzando así los aspectos negativos del estrés. Los viajes que combinan relajación con conexión social pueden contrarrestar estos efectos.
Las actividades físicas comunes durante los viajes —como caminar o hacer senderismo— también favorecen un envejecimiento saludable. Un artículo publicado por Olivia Cook en NaturalNews destaca que ejercicios como entrenamiento resistido ayudan a proteger la salud cerebral al mejorar la memoria y preservar volumen cerebral. Aunque viajar puede no implicar entrenamiento formal de fuerza, el aumento del movimiento y actividades con carga pueden mejorar densidad ósea y función muscular. “Participar en estas actividades podría potenciar las capacidades inmunitarias y defensivas del cuerpo”, concluye Hu.
A partir del estudio realizado en 2024, otros trabajos han explorado la terapia mediante viajes pero subrayan la necesidad de metodologías más robustas. Una nota investigativa publicada en 2025 por Hu y colegas describió esta terapia como un enfoque emergente; mientras tanto, una revisión sistemática separada encontró que el turismo relacionado con un envejecimiento saludable sigue siendo un campo poco explorado que requiere direcciones claras para futuras investigaciones.
No obstante, estos mismos investigadores advierten que viajar no es automáticamente saludable. Los turistas pueden enfrentar enfermedades infecciosas, accidentes e incluso riesgos derivados de alimentos o agua inseguros. “Por otro lado, el turismo puede involucrar experiencias negativas que potencialmente conducen a problemas de salud”, señala Hu citando ejemplos como la pandemia COVID-19. El mensaje central es claro: las experiencias positivas durante los viajes —que combinan novedad, relajación, actividad física y conexión social— podrían favorecer un envejecimiento más saludable siempre que viajar sea seguro y restaurador.