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Gobierno de EE. UU. exige a gigantes tecnológicos cubrir costos de energía de centros de datos AI

Política tecnológica

OpenAI | Jueves 19 de febrero de 2026

La administración Trump está desarrollando una política que obligaría a las grandes empresas tecnológicas a cubrir completamente los costos de electricidad, agua e infraestructura de red asociados con sus centros de datos de inteligencia artificial (IA). Esta medida busca evitar que estos gastos se transfieran a los consumidores en un contexto de aumento de precios energéticos. Un borrador de un "compacto" voluntario ha sido compartido con compañías como Microsoft, Google, Amazon y Meta, estableciendo compromisos para proteger a los consumidores de incrementos en las tarifas eléctricas. La iniciativa responde a la presión estatal y federal sobre los operadores de red para que las empresas tecnológicas financien nuevas capacidades de generación eléctrica. Este enfoque refleja la creciente preocupación política por el impacto económico de la infraestructura de IA en la asequibilidad del hogar.



La administración de Trump está trabajando en una política que obligaría a las grandes empresas tecnológicas a cubrir completamente los costos de electricidad, agua e infraestructura de red asociados con sus centros de datos de inteligencia artificial (IA) en expansión. Esta iniciativa busca evitar que dichos gastos se trasladen a los consumidores, especialmente en un contexto de aumento de precios energéticos a nivel nacional.

Un borrador de un «compacto» voluntario ha sido distribuido entre compañías como Microsoft, Google, Amazon y Meta, estableciendo compromisos para proteger a los consumidores de incrementos en las tarifas. Esta medida surge tras la presión ejercida por estados y entidades federales sobre el operador nacional de la red eléctrica para que las empresas tecnológicas financien nuevas capacidades de generación energética.

Una respuesta ante el auge del consumo energético

A medida que la proliferación de la inteligencia artificial genera una expansión sin precedentes de centros de datos ávidos de energía en Estados Unidos, la administración se enfrenta a una pregunta crucial: ¿quién debe asumir el costo del suministro eléctrico? Con los precios eléctricos en ascenso y las redes regionales bajo presión debido a la nueva demanda, funcionarios de la Casa Blanca están avanzando en un marco político diseñado para asegurar que sean las empresas tecnológicas—y no los hogares estadounidenses—las que asuman el peso financiero completo relacionado con estos servicios.

El asesor senior en comercio y manufactura, Peter Navarro, expuso esta estrategia recientemente en televisión. Afirmó que quienes construyen centros de datos deben hacerse responsables por todos los costos involucrados, no solo por su consumo directo de electricidad y agua, sino también por los gastos adicionales necesarios para garantizar la fiabilidad de la red. “Deben pagar por la resiliencia que están afectando”, indicó Navarro, sugiriendo que se están evaluando medidas para forzar a las empresas a «internalizar» estos gastos.

Compromisos claros para un pacto voluntario

En privado, la administración ha estado circulando un borrador de acuerdo voluntario o “compacto” para que las principales firmas de IA firmen. Según documentos obtenidos por POLITICO, este pacto obligaría a las compañías a adherirse a principios que aseguren que su expansión no aumente los precios eléctricos para los hogares ni comprometa recursos hídricos o la fiabilidad de la red. Entre los compromisos centrales se encuentran:

  • Cubrir el 100% del costo asociado con nuevas capacidades de generación eléctrica y mejoras en la transmisión necesarias para sus instalaciones.
  • Trabajar para establecer tarifas que protejan o idealmente reduzcan los precios residenciales en sus áreas operativas.
  • Comprometerse a ser “positivos” respecto al agua y mitigar impactos comunitarios como ruido y tráfico.

Este compacto representa un esfuerzo estratégico por moldear el auge de la infraestructura relacionada con IA sin recurrir a regulaciones formales, mientras aborda una vulnerabilidad política creciente. El presidente Trump ha destacado colaboraciones iniciales y anticipa más acuerdos próximamente.

Reacciones del sector tecnológico y contexto político

Las empresas tecnológicas han respondido rápidamente afirmando su responsabilidad como actores corporativos. Un portavoz de Meta afirmó: “Meta paga todos los costos relacionados con la energía utilizada por nuestros centros de datos para que no se transfieran a los consumidores —y vamos más allá al financiar nueva infraestructura local.” Grupos industriales sostienen que acuerdos bien estructurados pueden convertir a los centros de datos en un elemento positivo neto para la estabilidad y costos del sistema eléctrico.

No obstante, el contexto político es tenso. Con el aumento significativo en los precios eléctricos y “la asequibilidad” emergiendo como un tema central para la oposición, la administración siente presión por demostrar su compromiso con la protección del consumidor frente a las consecuencias económicas derivadas del crecimiento corporativo. Navarro intentó vincular las presiones actuales sobre precios con políticas previas del gobierno Biden; sin embargo, encuestas indican que los votantes responsabilizan cada vez más al liderazgo actual por las condiciones económicas.

Un cruce histórico sobre infraestructura

Este conflicto recuerda momentos históricos cuando avances tecnológicos rápidos chocaron con límites en infraestructuras públicas. La expansión misma de la red eléctrica en el siglo XX requirió navegar quién debía financiar dicho crecimiento—si las utilidades, usuarios industriales o el público. El actual auge en centros de datos presenta un paralelo moderno, poniendo a prueba cómo se socializan los costos asociados con una infraestructura digital fundamental. La política administrativa tiende hacia un modelo donde son los usuarios quienes pagan, colocando así sobre el sector privado beneficiado la carga financiera.

Asegurando el futuro de la red eléctrica

A medida que se acercan las elecciones intermedias de 2026, las maniobras administrativas respecto a los costos asociados con centros de datos trascienden una simple disputa sobre servicios públicos; constituyen una imperativa política y una prueba para la política industrial. El desenlace influirá en si la revolución tecnológica fortalece o debilita financieramente a los consumidores estadounidenses. El compacto propuesto por la Casa Blanca y cualquier medida más contundente posterior buscan garantizar que el poder necesario para impulsar esta nueva generación tecnológica no oscurezca la seguridad económica del ciudadano promedio.

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