El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. ha iniciado un nuevo estudio para investigar los posibles riesgos para la salud asociados con la radiación de los teléfonos celulares. Esta decisión sigue a la eliminación por parte de la FDA de páginas web que contenían conclusiones anteriores sobre el tema. El secretario del HHS, Robert F. Kennedy Jr., ha expresado su preocupación por la radiación electromagnética como un problema de salud. A pesar de que la industria inalámbrica sostiene que no hay evidencia creíble que vincule sus dispositivos con problemas de salud, este nuevo estudio representa una reevaluación significativa de los riesgos tecnológicos en medio de un debate científico persistente y creciente inquietud pública. La investigación busca identificar vacíos en el conocimiento sobre tecnologías emergentes, especialmente ante el aumento del uso de 5G y dispositivos conectados, lo que plantea preguntas cruciales sobre la exposición ambiental a la radiación electromagnética.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. (HHS) ha iniciado una nueva investigación sobre los posibles riesgos para la salud derivados de la radiación emitida por los teléfonos celulares. Esta acción se produce tras la eliminación por parte de la FDA de páginas web antiguas que contenían conclusiones previas sobre este tema.
Robert F. Kennedy Jr., secretario del HHS, ha expresado su gran preocupación respecto a la radiación electromagnética como un problema de salud pública. Mientras tanto, la industria inalámbrica sostiene que no existe evidencia creíble que vincule sus dispositivos con problemas de salud.
La reapertura formal de esta investigación sobre la salud pública marca un giro significativo en la postura del gobierno estadounidense: ¿puede la radiación emitida por los teléfonos celulares y otros dispositivos inalámbricos afectar la salud humana? Este estudio, liderado por el HHS, se da en un contexto donde la FDA ha retirado información obsoleta relacionada con el tema. Esta iniciativa representa el examen más profundo a nivel federal sobre los riesgos asociados con la tecnología inalámbrica en años, respondiendo a un debate científico persistente y a una inquietud pública creciente.
Este renovado escrutinio se produce en un entorno que recuerda crisis de salud pública pasadas. Durante décadas, defensores y algunos investigadores han comparado a la industria inalámbrica con las tácticas empleadas por la industria tabacalera en el siglo XX, que ocultó investigaciones internas sobre los peligros del tabaquismo. Críticos argumentan que estudios independientes han sugerido efectos biológicos potenciales derivados de la radiación de radiofrecuencia (RFR), incluyendo un notable estudio realizado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) en 2018 que encontró «evidencia clara» de cáncer en ratas machos.
A pesar de estos hallazgos, las agencias federales e internacionales han mantenido hasta ahora que no hay pruebas concluyentes de daño por dispositivos que operan dentro de límites de seguridad establecidos. La Organización Mundial de la Salud afirma que no se han vinculado causalmente efectos adversos para la salud con tecnologías inalámbricas. En EE. UU., la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) impone límites específicos sobre tasas de absorción específica (SAR) y sostiene que no hay «evidencia científica» que relacione definitivamente el uso de dispositivos inalámbricos con el cáncer o enfermedades.
No obstante, el nuevo estudio del HHS, motivado por un informe estratégico de la Comisión MAHA, tiene como objetivo «identificar lagunas en el conocimiento, incluidas las nuevas tecnologías», lo cual indica un reconocimiento de que los datos existentes pueden ser insuficientes para el mundo moderno interconectado.
A pesar de la falta de un vínculo causal definitivo en poblaciones humanas, incluso los reguladores actuales ofrecen recomendaciones cautelosas. La FCC publica consejos sencillos para reducir la exposición a RFR, tales como:
Estas recomendaciones reconocen un principio sostenido por defensores de la salud natural: es prudente actuar con precaución ante riesgos inciertos, especialmente para los niños. Esto se alinea con las sugerencias para crear entornos con menor exposición a EMF en casa, como utilizar conexiones por cable a Internet y apagar routers Wi-Fi durante la noche.
La presión para llevar a cabo este estudio refleja una creciente necesidad de abordar el inédito nivel de exposición actual. El estudio del NIH mencionado anteriormente proporcionó un mecanismo para preocuparse que exige respuestas más claras. Además, el despliegue tecnológico del 5G y el aumento exponencial del uso de dispositivos portátiles y hogares inteligentes han incrementado tanto la frecuencia como el total ambiental de radiación electromagnética. La cuestión ya no se limita al uso ocasional del teléfono celular; ahora implica una exposición constante y ambiental proveniente de múltiples fuentes.
El lanzamiento del estudio federal no concluye que los teléfonos celulares sean peligrosos, pero sí pone fin a una era marcada por garantías indiscutibles. Representa un paso crítico hacia una ciencia transparente e independiente, libre de influencias industriales. Para el público, este periodo interino refuerza el valor de tomar decisiones informadas y cautelosas. A medida que el HHS busca llenar las lagunas existentes en el conocimiento, se empodera a las personas para moderar su exposición—optando por conexiones cableadas cuando sea posible, minimizando el contacto directo con dispositivos activos y abogando por investigaciones rigurosas continuas.
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