CLAVES

El Pentágono investiga a Grifols

(Foto: Grifols).
Joaquín ABAD | Domingo 16 de abril de 2023

Desde que se descubrieron en Ucrania laboratorios secretos dentro de clínicas clandestinas donde se extraían órganos de jóvenes para su venta en el mercado internacional de trasplantes y para la extracción de la famosa proteína Fgf17, la sombra de la sospecha recae, entre otras, en la multinacional catalana Grifols, líder en la producción de productos biológicos derivados del plasma sanguíneo.

Cada vez hay más evidencias de que ciertos oligarcas globalistas utilizan todo un entramado de laboratorios experimentales donde se elaboran derivados de la mencionada proteína, que se obtiene de la extracción del líquido cefalorraquídeo de cerebros jóvenes y se transfiere a cerebros adultos, para mejorar su función cognitiva, afectada por la edad o incluso por algún tipo de deterioro cerebral.

La obsesión de esos oligarcas por prolongar su vida y mantener una capacidad intelectual superior los lleva a experimentar en ciertos laboratorios prácticas totalmente amorales y criminales. Se trata de la sustitución del líquido cefalorraquídeo (LCR) que baña el tejido cerebral y la médula espinal, proporcionándole compuestos nutritivos procedentes de cerebros de niños jóvenes e incluso bebés, que por supuesto fallecen tras la extracción.

Se ha llegado incluso al extremo de que determinados estados emocionales de sufrimiento extremo producían una molécula mucho más eficaz, por lo que se torturaba al niño o bebé para que sufriera al máximo instantes antes de que se le extrajera el LCR.

Como es de sobra conocido, Grifols es una empresa catalana especializada en la producción de productos biológicos derivados del plasma sanguíneo. Fue fundada por José Antonio Grifols Roig, un farmacéutico catalán que en 1909 abrió una pequeña farmacia en la ciudad de Barcelona. En esa época, el uso de plasma sanguíneo para tratar enfermedades aún no estaba muy desarrollado, pero Grifols se interesó en la posibilidad de utilizar esta sustancia para fabricar medicamentos. Fundada en 1909, la empresa ha evolucionado hasta convertirse en una compañía líder en su campo, con presencia en más de 100 países.

En 1940, el hijo de José Antonio Grifols Roig, también llamado José Antonio Grifols Lucas, se incorporó a la empresa familiar y comenzó a expandir el negocio de la empresa en el ámbito de los productos derivados del plasma sanguíneo. Bajo su liderazgo, la empresa se convirtió en uno de los principales productores de productos plasmáticos en España y comenzó a exportar sus productos a otros países.

Hasta su prohibición en 1985, Grifols había creado toda una organización dedicada a la compra de sangre en todas las ciudades españolas. Los llamados "vampiros", médicos que formaban parte de la red, pagaban unas quinientas pesetas a los estudiantes o personas que donaran medio litro de su sangre, por lo que se detectó que con dicho negocio se estaba aumentando el riesgo de transmisión de enfermedades como el VIH, la hepatitis y demás.

Tras el veto en España, en 1987 la empresa se convirtió en una sociedad anónima y se registró en la Bolsa de Barcelona, trasladando sus operaciones de "vampiro" a los Estados Unidos de América y países donde se le permite adquirir sangre de la población.

Los del Pentágono, tras desvelarse que en las clínicas clandestinas ucranianas se investigaba el rejuvenecimiento cerebral en sofisticados laboratorios de muy alto nivel, están analizando los equipos hallados, ya que son muy pocos en el mundo con capacidad de sintetizar la proteína Fgf17 y prepararla para su transfusión en otro sistema cerebral.

Laboratorio en Andorra

Recientemente, el gobierno del Principado de Andorra ha dado luz verde a la petición de Grifols para la instalación de un laboratorio biológico de nivel 3 en Ordino, lo que ha levantado ampollas entre la población por varios motivos.

Según publicó La Valira, la multinacional de hemoderivados Grifols tiene su materia prima en la sangre de los seres humanos, de la que extrae el plasma. Y las experimentaciones con este plasma son el objetivo del laboratorio de inmunología de riesgo P3 que la empresa catalana tiene previsto construir en la parroquia de Ordino, haciendo sociedad con el organismo Andorra Desarrollo e Inversión (ADI), que depende del Gobierno.

Para ejecutar sus ambiciosos y agresivos planes de expansión, los "vampiros" de Grifols necesitan sangre, mucha más sangre, para obtener el preciado plasma que luego revenden en clínicas y hospitales de todo el mundo. Este es su principal negocio. En la actualidad, extraen unos 20 millones de litros anuales de plasma, procedentes principalmente de personas pobres y necesitadas de Estados Unidos, donde tienen una densa red de centros de extracción, a las que pagan una recompensa económica a cambio de su flujo sanguíneo.

Compra de una empresa en Alemania

Pero, debido a la pandemia y la prohibición de los "falsos turistas" mexicanos por parte de las autoridades estadounidenses, el plasma escasea y cada vez es más caro. Además, en la gran mayoría de países como España o Francia está prohibida la compra-venta de sangre.

La necesidad de incrementar el volumen de sangre que "chupa" está detrás de la última gran operación corporativa que ha realizado la compañía catalana: la compra del 89,8% de las acciones de la empresa alemana Biotest. Con esta operación, por la que Grifols ha desembolsado 1.600 millones de euros, se garantiza que contará con 1,6 millones de litros anuales adicionales de plasma, procedentes de los 26 centros de extracción que Biotest tiene en Alemania, Hungría y República Checa.

Acuerdo con el Gobierno egipcio.

Esta "septemia" de sangre explica también el acuerdo que Grifols ha alcanzado con el Gobierno de Egipto. En ese país, de 100 millones de habitantes, la multinacional de los hemoderivados abrirá, el próximo mes de noviembre, un centro para la extracción de plasma. Es el primer paso de un proyecto, en el que invertirá 300 millones de euros, que prevé la construcción de un total de 20 centros en ese país, con el objetivo de obtener 1 millón de litros anuales cuando estén en funcionamiento a pleno rendimiento.

La consecución de este acuerdo ha implicado que se haya tenido que modificar la legislación egipcia en cuanto a la compraventa de sangre humana, copiando la de Estados Unidos. La intención de Grifols es que el plasma que obtenga aquí se destine al mercado local, pero también a proveer la demanda procedente de países europeos, Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo.

La religión musulmana lo prohíbe.

Pero Egipto es un país donde la religión musulmana es mayoritaria (85% de la población). El Islam admite la donación gratuita de sangre para salvar vidas humanas, pero prohíbe explícitamente su venta, ya que considera que es una sustancia impura (nayas). En cambio, acepta que los musulmanes puedan recibir transfusiones de plasma que han sido objeto de una transacción económica, al considerar que el "pecado" lo ha hecho el vendedor, no el receptor.

Por tanto, el negocio que piensa hacer Grifols en Egipto es con el plasma que obtenga de la población no musulmana, que es fundamentalmente la minoría cristiana copta, aproximadamente unos 15 millones de personas. Históricamente, a causa de su religión, los coptos son el grupo social más pobre y marginado de Egipto. Por eso, la multinacional considera que son unos buenos clientes potenciales y que, para mitigar su miseria crónica, aceptarán vender su sangre a cambio de unas libras.

Fuerte caída en la bolsa

Pero estos anuncios corporativos de Grifols no sirven para disipar la mala reputación que tiene desde hace meses en los mercados bursátiles internacionales. Y es que la multinacional arrastra un pesadísimo endeudamiento de más de 8.000 millones de euros debido a su voracidad expansionista, hasta el punto de poner en peligro su viabilidad futura.

Sus acciones han caído más del 15% en este año 2021 y la agencia de rating S&P ha rebajado la calidad de su deuda a BB-. Además, los analistas del banco de inversión británico Barclays valoran que el precio objetivo de las acciones de Grifols debe reducirse un 31,8% más, ya que consideran que los resultados de este segundo semestre no serán buenos.

El proyecto de Ordino, camino de la batalla.

Pese a estas malas perspectivas, Grifols ha anunciado que piensa seguir adelante con su proyecto de construcción del laboratorio de Ordino, en el que tiene prevista una inversión de 25 millones de euros. Los opositores a este centro de investigación, que consideran que es un peligro potencial para la población de Andorra, no bajan la guardia y han asegurado que llevarán el caso a la batllia, escandalizados por las ventajas de todo tipo que el Gobierno de Xavier Espot ha dado a la multinacional catalana.

El empresario Enric Dolsa, consejero del Comú de Ordino, y la consejera general Carine Montaner ya han presentado, de momento, sendos recursos administrativos para pedir la nulidad del acuerdo firmado entre el Govern y Grifols. Además, el conflicto se ha enredado aún más al descubrirse que los principales accionistas de Grifols han evadido impuestos durante años a través de la entidad Andbank, según se ha puesto de manifiesto en los Pandora Papers.

Y por si fuera poco, Grifols se enfrenta a una demanda millonaria de 54.000 donantes cuantificados en Estados Unidos, cuya información recientemente publicada por La Valira es la siguiente:

Si no tenía suficiente con la crisis bursátil que arrastra desde el estallido de la pandemia, a Grifols se le abre un nuevo frente en Estados Unidos. La firma de hemoderivados ha perdido el 75% de su valor en los mercados en dos años y medio y se ha visto obligada a cambiar de presidente para contentar a los fondos de su accionariado. A la caída se le suma ahora en el horizonte una demanda colectiva de al menos 54.000 donantes -podrían ser más- de sangre en el estado de Illinois por vulnerar su privacidad en los centros de recolección.

Un grupo de afectados denuncia que al acudir a los puntos de extracción, estaban obligados a proporcionar sus huellas dactilares en una base de datos que se utilizó para rastrear las donaciones. Según ellos, esta práctica vulneró sus derechos al no estar autorizada por ellos, no destruir la información recolectada y exceder el propósito específico para el que se registraba.

Los damnificados llevan meses moviendo el asunto en los tribunales y recientemente obtuvieron una decisión a su favor en el Tribunal de Distrito de EEUU para el Distrito Norte de Illinois: el magistrado desoyó los argumentos de Grifols y aseguró que la Ley de privacidad de información biométrica de Illinois se antepone a las normativas vinculadas a la recolección de plasma.

La compañía alegó que la agencia del medicamento estadounidense (FDA) le obliga a mantener un registro de donantes, pero la corte dijo que con una fotografía ya era suficiente y rechazó que las huellas dactilares cumplan mejor la identificación de las personas que otros métodos. Asimismo, indicó que los formularios firmados no contenían un aviso del motivo y la duración por la cual se almacenaba la información biométrica.

Según la ley estatal, la multa sería de entre 1.000 dólares por afectado si la violación fue accidental y hasta 5.000 dólares por afectado si se demuestra que fue intencional. Así, la sanción podría ir de 54 millones de dólares -casi 55 millones de euros al cambio actual- a 270 millones de dólares -274,5 millones de euros- si sólo se tienen en cuenta los 54.000 demandantes cuantificados.

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