OPINIÓN

Si continúan inoculando odio, esto acabará mal

José Luis Úriz Iglesias | Sábado 26 de septiembre de 2026
Desde que en las elecciones de 2023 las derechas, que tenían el absoluto convencimiento de que llegarían al poder, descubrieron que no era así, se pusieron a trabajar en un plan para que esa situación cambiara lo antes posible.

Primero con una feroz campaña, a través de sus poderosos medios de comunicación, de desprestigio del gobierno de coalición progresista, intentando poner en duda su legitimidad democrática, en especial aludiendo al apoyo de fuerzas independentistas, según ellos algunas herederas de ETA.

Ante el fracaso de esa fase su gurú máximo, José María Aznar, lanzó un terrorífico llamamiento a la insurrección social, con su ya famoso llamamiento: “el que pueda hacer que haga”.

Desde entonces, muchos de los que podían hacer están haciendo. Desde la judicatura, a los poderes fácticos, pasando por la gran patronal y en especial, los hasta entonces dormidos grupos de extrema derecha.

Pero quizás el elemento más poderoso puesto en marcha haya sido la alianza, sin ningún pudor, con la extrema derecha de VOX.

Los pactos autonómicos en Extremadura, Aragón, Castilla-León y hasta la Andalucía del supuestamente moderado Moreno Bonilla, han dejado claro que ya no existen cinturones sanitarios con el fascismo y que pretenden llegar al poder a toda costa.

La posibilidad de un gobierno con Feijóo de presidente, Abascal como su mano derecha, Figaredo de ministro de Interior al mando de RTVE, Ayuso de exteriores y Tellado de cultura, ya no es una pesadilla de verano sino la realidad que nos aguarda si no lo evitamos con votos.

Pero para apoyar esa monstruosa campaña, sus ideológos han decidido utilizar un aluvión de noticias falsas, bulos, mentiras y manipulaciones que machacónamente están llevando a la sociedad.

Llevan meses inoculando un peligroso virus fomentando el odio, la violencia, convirtiendo el debate político en una marea de insultos y descalificaciones.

Las redes sociales han sido convertidas en un campo de batalla y las calles en una sucursal de esa guerra inmoral.

Ya no existen contrincantes políticos, sino sólo enemigos a los que destruir con cualquier método.

Así observamos cada día ataques a periodistas, especialmente si son de los medios públicos, a opinadores, a activistas sociales.

En los últimos días han atacado y agredido a profesionales de RTVE, que debido a su éxito en las últimas audiencias se ha convertido en un enemigo peligroso a eliminar. En Oviedo la agresión a dos médicos activistas de AMA Asturies, pero quizás la gota que ha sobrado el vaso haya sido las imágenes del intento de linchamiento ocurrido en Ceuta el pasado domingo 20 de Septiembre.

Años antes el acoso a los dirigentes de Podemos, Pablo Iglesias e Irene Montero en su casa de Galapagar, o el de las sedes del PSOE, en especial la centra de la calle Ferraz de Madrid, ya presagiaban que las hordas fascistas estaban desbocadas, envalentonadas.

Ya no ocultan manifestarse como fascistas en público, han perdido el miedo pero sobre todo la vergüenza.

Pero viendo las imágenes de Ceuta, las agresivas expresiones de quienes agredieron el coche de la parlamentaria ceutí, se observaban a gentes normales absolutamente transformadas en energúmenos incontrolables. Personas que unos días antes jamás podríamos pensar verlas de esa manera, de entre 30 y 70 años. Algo muy grave estaba ocurriendo.

Eso es lo realmente preocupante. Que el veneno de odio, de rabia inoculado desde las derechas extremas está comenzando a contagiar a amplios espectros de la sociedad.

Que ese veneno puede provocar el final de nuestra democracia y conducir a situaciones irreversibles.

Han convertido Ceuta en un gran laboratorio para experimentar esa experiencia y un día, en cualquier instante, puede ocurrir una tragedia. Es probable que sea lo que algunos estén esperando.

Ese veneno que comenzó infectando a un partido de extrema derecha como VOX, se ha extendido como una epidemia hasta sectores amplios de otro hasta ahora sensato, civilizado, moderado como era el PP.

Esa conjunción de proyectos de las dos derechas extremas, es probablemente lo más grave que haya ocurrido en nuestro país desde el intento de golpe de estado del 23-F de 1981.

Y aquí surge el gran interrogante; ¿cómo parar esta situación?

Ganando los partidos progresistas las próximas elecciones sería un paso importante, pero no el único.

¿Serían capaces si nuevamente se ven fuera del poder, de utilizar métodos más contundentes? ¿Otro intento de golpe de estado, este ya militar?

Veremos.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal de PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 23 Septiembre 2026

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