La escasez de gasolina en Rusia se agrava mientras los ciudadanos sienten el impacto creciente de la guerra en Ucrania. A pesar de ser un país reconocido como potencia energética, Rusia ha comenzado a importar combustible y ha autorizado temporalmente la producción de gasolina de menor calidad, lo que podría dañar los vehículos modernos. Los ataques ucranianos a instalaciones industriales también están causando disrupciones económicas. Aunque el presidente Putin reconoce que estos ataques infligen daños, minimiza su gravedad, afirmando que no hay consecuencias críticas. La situación refleja una conexión directa entre la crisis del combustible y el conflicto bélico en curso.
En medio de la crisis de combustible que afecta a Rusia, Lyubov se aferra a su perro Agatha mientras espera en una larga fila. La situación ha generado preocupación entre los ciudadanos, quienes asocian la escasez de gasolina con el conflicto bélico en Ucrania. «Todo el mundo dice que hay una situación difícil en el país», comenta Lyubov.
Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Rusia ha experimentado ataques a instalaciones petroleras que antes eran impensables. A pesar de estos desafíos, el Kremlin no ha cambiado su postura y continúa lo que denomina «operación militar especial» en Ucrania.
Para mitigar la crisis, Rusia ha comenzado a importar gasolina, un hecho sorprendente para un país considerado una potencia energética y uno de los principales exportadores de petróleo del mundo.
Además, el gobierno ha autorizado temporalmente la producción y venta de gasolina de menor calidad, como el Euro 2, que es más rápida de producir. Este tipo de combustible contiene hasta 50 veces más azufre que el moderno Euro 5 y fue prohibido en Rusia en 2013.
Las autoridades han emitido advertencias sobre el uso del Euro 2. Según el periódico Rossiyskaya Gazeta, «el uso regular de gasolina de menor calidad puede aumentar la presión en los inyectores de combustible, bujías, sensores de oxígeno y otros componentes del motor». Aunque no dañará un motor tras un solo repostaje, sí reduce considerablemente su margen de seguridad.
No solo los ataques a las instalaciones petroleras han impactado a los rusos; también los bombardeos ucranianos a centros de distribución como Wildberries, equivalente ruso de Amazon, están causando trastornos económicos tanto para consumidores como para vendedores.
Esta semana, el presidente Vladimir Putin admitió que los ataques a instalaciones industriales «causan daños; esto es obvio. Lo entendemos y lo vemos». Sin embargo, minimizó las repercusiones al afirmar que «no hay consecuencias críticas por tales ataques. No las ha habido ni las habrá».
En resumen, aunque la situación es complicada y la incertidumbre persiste, desde el Kremlin se busca transmitir un mensaje tranquilizador: no hay motivo para entrar en pánico.