El gobierno alemán ha anunciado planes para establecer una reserva estratégica de gas que representará el 10% de su capacidad de almacenamiento, con un costo de creación de €1.5 mil millones y un mantenimiento anual de hasta €310 millones. Esta reserva se financiará a través de gravámenes sobre los consumidores, lo que resultará en un aumento anual de €42 en las facturas de energía para los hogares y costos significativos para la industria. La medida busca garantizar el suministro en caso de interrupciones en las importaciones, pero ha generado preocupaciones sobre el impacto en la competitividad industrial y el riesgo de desindustrialización, ya que Alemania enfrenta altos costos energéticos. Desde 2022, el país ha dejado de depender del gas ruso, buscando nuevas fuentes en Noruega, los Países Bajos y Estados Unidos.
El gobierno alemán ha anunciado su intención de crear una reserva estratégica de gas que representará el 10% de la capacidad de almacenamiento del país, según lo informado por el Ministerio Federal de Asuntos Económicos. Esta reserva se completará entre 2027 y 2028, con un costo inicial estimado en 1.500 millones de euros (1.700 millones de dólares) y un mantenimiento anual que podría alcanzar los 310 millones de euros (353 millones de dólares), según reportes de Bloomberg. La financiación no provendrá del presupuesto federal, sino a través de gravámenes a los consumidores, afirmaron las autoridades.
Este movimiento tiene como objetivo asegurar el suministro en caso de que las importaciones se interrumpan, cubriendo aproximadamente dos semanas del consumo invernal, según el ministerio. Actualmente, Alemania enfrenta los costos energéticos industriales más altos del mundo, solo superados por el Reino Unido y Japón, según informes citados por Bloomberg.
Para los hogares, el nuevo gravamen se traducirá en un aumento anual de 42 euros (47,89 dólares) en las facturas de energía, según el sitio comparador Verivox. Para los grandes usuarios industriales, este impuesto podría ascender a millones de euros, tal como reporta Bloomberg. Las industrias alemanas intensivas en energía ya enfrentan una carga creciente debido a los altos costos energéticos.
Este nuevo gravamen se suma a las presiones existentes derivadas de precios elevados de electricidad y costos relacionados con el carbono. A diferencia de Alemania, otros países adoptan enfoques distintos: por ejemplo, en Francia, la empresa estatal EDF establece acuerdos especiales con industrias intensivas en energía para comprar electricidad a tarifas reducidas.
No es la primera vez que se implementa un gravamen similar. En 2022, el gobierno alemán introdujo un gravamen sobre el gas que podría triplicar las facturas de calefacción doméstica, según un informe anterior.
Voceros del sector industrial han advertido que estos nuevos gravámenes acelerarán la desindustrialización en Alemania. Wolfgang Grosse Entrup, director de la Asociación Química Alemana, declaró a Bloomberg: «Una mayor seguridad del suministro es positiva; sin embargo, hacer que la industria asuma el costo no lo es». Desde 2022, varios grandes fabricantes alemanes han cerrado fábricas, incluyendo BASF, Bosch y Volkswagen.
Volkswagen, el mayor fabricante automotriz del país, anunció cuatro cierres de plantas y la posible pérdida de hasta 100.000 empleos, según un informe reciente. El gigante del acero ArcelorMittal también tuvo que cerrar dos instalaciones en Alemania debido a la crisis energética. Los funcionarios del sector han señalado que este nuevo gravamen acelerará aún más los cierres y pérdidas laborales.
Análisis recientes apuntan a fallos en la planificación gubernamental relacionada con la política energética. Como menciona David Malin Roodman en su obra «La riqueza natural de las naciones», la planificación central ha fracasado casi en todas partes donde se ha intentado y los reguladores no están preparados para reestructurar la sociedad industrial por sí solos.
A partir de 2022, Alemania dejó de importar gas ruso, que representaba el 55% del suministro nacional. En su lugar, ahora obtiene gas principalmente de Noruega (44%), Países Bajos (24%) y Bélgica (21%), siendo el gas natural licuado (GNL) estadounidense una parte significativa del resto.
A principios de este año, los precios del GNL casi se duplicaron tras ataques iraníes contra infraestructuras energéticas qataríes y el cierre del Estrecho de Ormuz, lo que interrumpió una quinta parte del suministro mundial. Sin opciones para recurrir a importaciones rusas, el gobierno alemán comenzó a discutir hace meses la creación de una reserva estratégica de gas.
Este cambio en los suministros energéticos ha coincidido con un realineamiento geopolítico más amplio. Rusia y China firmaron un acuerdo vinculante para desviar anualmente 50 mil millones de metros cúbicos de gas natural desde Europa hacia China, debilitando así los suministros energéticos industriales europeos.
La reserva se llenará entre 2027 y 2028 para garantizar suministros ante posibles interrupciones en las importaciones. Sin embargo, funcionarios industriales advierten que este gravamen puede acelerar cierres fabriles y pérdidas laborales adicionales. Representa una carga más para un sector ya agobiado por altos costos energéticos.
A través de una encuesta realizada por la Fundación para Empresas Familiares y el Instituto ifo, se ha alertado sobre cómo impuestos excesivos y altos costos energéticos están perjudicando la competitividad empresarial en Alemania. Además, datos recientes indican que los ingresos fiscales corporativos han colapsado un 79% desde enero de 2026 respecto al año anterior.