Un estudio de 24 años con más de 8,200 adultos ha revelado que un índice de masa corporal (IMC) elevado y sostenido está relacionado con un deterioro cognitivo más rápido, afectando habilidades de memoria, pensamiento y razonamiento. Utilizando un IMC promedio acumulativo durante el período del estudio, los investigadores encontraron que el impacto es significativamente mayor en adultos mayores de 65 años, con una relación que se intensifica a lo largo de ocho años. Este hallazgo sugiere que los patrones de peso a largo plazo en la mediana edad pueden influir en la función cerebral en etapas posteriores de la vida. A pesar de las limitaciones del estudio, como la autoevaluación del IMC y la falta de distinción entre grasa y músculo, los resultados subrayan la importancia de monitorear el IMC a lo largo del tiempo para evaluar riesgos cognitivos futuros.
Un estudio de 24 años que abarcó a más de 8,200 adultos ha revelado que un índice de masa corporal (IMC) elevado y sostenido está vinculado a un deterioro más rápido en las habilidades de memoria, pensamiento y razonamiento. Los investigadores emplearon un IMC promedio acumulativo durante todo el periodo del estudio, lo que permitió identificar asociaciones más fuertes en comparación con mediciones puntuales. Este trabajo fue publicado en la Journal of Neurology.
El vínculo más significativo se observó con un desfase de ocho años, siendo los efectos aproximadamente cuatro veces mayores en adultos de 65 años o más en comparación con los participantes más jóvenes. Estos hallazgos sugieren que los patrones de peso a largo plazo durante la mediana edad y posteriormente podrían influir en la función cerebral muchos años después.
Los datos provienen del Health and Retirement Study, una encuesta representativa a nivel nacional realizada por la Universidad de Michigan cada dos años desde 1996 hasta 2020. Los participantes tenían 50 años o más al momento de su inscripción, eran cognitivamente sanos al inicio del estudio y fueron seguidos durante un promedio de 17.5 años. La función cognitiva se evaluó mediante pruebas de recuerdo verbal y tareas como contar hacia atrás; el IMC promedio acumulativo se calculó a través de todas las oleadas.
El estudio también consideró factores como edad, género, raza, educación, estado laboral, cobertura médica, tabaquismo, depresión y enfermedades crónicas para ofrecer un análisis exhaustivo.
Un IMC acumulativo más alto se relacionó consistentemente con un declive pronunciado en la cognición general, memoria y función ejecutiva tras ajustar por múltiples variables. La asociación alcanzó su punto máximo a los ocho años, mostrando efectos significativos sobre la memoria entre los años cuatro y diez, así como sobre la función ejecutiva entre los años cuatro y doce. Para los adultos mayores de 65 años, la tasa de deterioro cognitivo asociada a un IMC elevado a largo plazo fue aproximadamente 4.5 veces mayor que para aquellos entre 50 y 64 años.
Estos resultados son coherentes con otras evidencias que indican que la obesidad puede acelerar cambios cerebrales relacionados con el Alzheimer. Un análisis presentado ante la Radiological Society of North America también respalda esta conexión.
Entre las explicaciones biológicas propuestas se encuentran la inflamación sistémica que puede afectar el tejido neural, el flujo sanguíneo interrumpido hacia las células cerebrales y cambios en el microbioma intestinal que podrían alterar la función cerebral. Sin embargo, los autores advierten que estas son vías plausibles basadas en investigaciones previas y no mecanismos probados en este estudio.
Las limitaciones incluyen el uso del IMC autoinformado, que puede ser inexacto; además, el IMC no distingue entre grasa y músculo. El estudio encontró asociaciones pero no establece causalidad directa.
Aproximadamente 6.7 millones de estadounidenses mayores de 65 años viven con demencia, cifra que se proyecta casi duplicará para el año 2040. Por lo tanto, monitorear las trayectorias del IMC a largo plazo podría ofrecer a los clínicos una perspectiva más significativa sobre el riesgo asociado.
A pesar de las limitaciones del IMC como medida, algunos investigadores subrayan que la grasa visceral y la masa muscular son indicadores más predictivos de salud cerebral. Estrategias nutricionales como aumentar el consumo de vegetales de hoja verde y nueces han mostrado beneficios cognitivos potenciales.
| Cifra | Descripción |
|---|---|
| 8,200 | Número de adultos participantes en el estudio |
| 24 años | Duración del estudio |
| 4.5 veces | Aumento del ritmo de declive cognitivo en adultos mayores de 65 años comparado con los de 50 a 64 años |
| 17.5 años | Promedio de seguimiento de los participantes en el estudio |