EE.UU. ha puesto su atención en Gibraltar como un posible escenario de futuros conflictos, mientras se intensifican las tensiones con España. A pesar de las amenazas de retirar tropas de las bases militares en Rota y Morón, el embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, advirtió sobre la inevitabilidad de conflictos globales. Las relaciones entre ambos países se han deteriorado debido a la negativa del Gobierno español a aumentar el gasto en defensa y sus críticas hacia la estrategia bélica estadounidense, especialmente en relación con el conflicto en Gaza. Además, se ha mencionado la posibilidad de suspender a España de la OTAN, lo que podría impactar en la soberanía sobre Ceuta y Melilla frente a Marruecos. Mientras tanto, líderes europeos están adoptando una postura más independiente respecto a las acciones de EE.UU. en Oriente Medio.
Estados Unidos mantiene su atención centrada en España, con nuevos indicios que sugieren a Gibraltar como un posible foco de conflictos futuros. Esta situación se produce en un contexto donde las amenazas sobre la retirada de tropas estadounidenses de las bases militares en Rota y Morón de la Frontera son cada vez más frecuentes.
El embajador de EE.UU. ante la ONU, Michael Waltz, advirtió recientemente: «Lamentablemente habrá conflictos en el futuro y, ya sea en el estrecho de Malaca, el de Gibraltar o el de Ormuz, el mundo no puede permitir que una parte intente castigar a las economías mundiales para obtener ventaja». Esta declaración subraya la creciente tensión geopolítica en la región.
Este pronunciamiento se produce tras el anuncio de la retirada de cerca de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania, mientras que la Casa Blanca ha expresado su descontento con España por la falta de apoyo a su estrategia bélica y las críticas del Gobierno español hacia sus acciones.
La relación entre España y Estados Unidos ha sido tensa desde que el presidente Pedro Sánchez se negó a aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB dentro del marco de la OTAN. La situación se agravó por la postura española contraria al conflicto en Gaza, donde Sánchez calificó la ofensiva israelí como un genocidio. Además, describió como ilegal el ataque conjunto de Washington y Tel Aviv contra Teherán, iniciado a finales de febrero.
En este clima tenso, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, señaló que ha habido decepción por parte de EE.UU. respecto a la reacción europea ante los acontecimientos en Oriente Próximo. Afirmó que los líderes europeos han entendido el mensaje enviado desde Washington, aunque dejó fuera a España como uno de los aliados comprensivos.
A medida que se intensifican las fricciones entre ambos países, surgen preocupaciones sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, ubicadas en el norte de Marruecos. El distanciamiento con Estados Unidos podría facilitar movimientos del país norteafricano sobre estos enclaves, cuya soberanía ha reclamado durante años.
Recientemente, un documento interno del Pentágono sugirió incluso la posibilidad de suspender a España de la OTAN, una opción no contemplada por los reglamentos organizacionales. Ante esto, Sánchez respondió: «No hacemos caso de correos electrónicos».
A nivel europeo, varios líderes han comenzado a adoptar posturas comunes que se distancian claramente del enfoque estadounidense. El presidente francés, Emmanuel Macron, expresó su rechazo a participar en operaciones militares poco claras mientras participaba en una cumbre reciente: «Si EE.UU. está dispuesto a reabrir Ormuz, estupendo. Pero nosotros no vamos a participar en ninguna operación de fuerza», enfatizó.