Los astilleros chinos están experimentando un aumento en la demanda de grandes petroleros debido a la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán, según reporta South China Morning Post. A medida que se intensifican los cuellos de botella en el transporte de hidrocarburos y crece la necesidad global de superpetroleros, empresas suizas y singapurenses han realizado nuevos pedidos a los astilleros chinos. Esta situación les permite beneficiarse de menores costos y plazos de entrega más cortos, con proyectos en curso que también se ven favorecidos por esta creciente demanda.
Los astilleros chinos están viendo un aumento en sus pedidos debido a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Según un informe de South China Morning Post, esta situación se produce en medio de crecientes cuellos de botella en el transporte de hidrocarburos y un incremento en la demanda global de grandes petroleros.
La tensión geopolítica ha llevado a que Washington y Teherán bloqueen de facto el estrecho de Ormuz, un pasaje crítico por donde transita aproximadamente una cuarta parte del petróleo marítimo mundial. Ante este escenario, las navieras están acelerando la ampliación de sus flotas, especialmente con superpetroleros (VLCC, por sus siglas en inglés) que pueden transportar alrededor de 2 millones de barriles de crudo por viaje.
Este contexto ha generado nuevas oportunidades para los astilleros en China, que se benefician gracias a su capacidad productiva superior, costos más bajos y plazos de entrega más rápidos. En las últimas semanas, al menos dos compañías suizas, Advantage Tankers Mercuria y Energy Group, así como una firma con sede en Singapur, Yangzijiang Maritime Development, han realizado pedidos de VLCC a astilleros chinos.
Además, los proyectos ya en marcha también están cosechando beneficios. Por ejemplo, Advantage Tankers tiene actualmente en construcción un VLCC de 319.000 toneladas de peso muerto en un astillero ubicado en la provincia china de Jiangsu, cuya entrega está prevista para el cuarto trimestre del presente año.
La situación actual no solo resalta el impacto económico del conflicto sobre la industria naval china, sino que también plantea interrogantes sobre el futuro del comercio marítimo y la seguridad energética global. La creciente dependencia de nuevos buques petroleros podría redefinir las dinámicas del mercado energético internacional.
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