El Reino Unido ha autorizado a Estados Unidos a utilizar bases militares británicas, como RAF Fairford y Diego Garcia, para realizar ataques "defensivos" contra depósitos de misiles iraníes. Esta decisión, anunciada por el Primer Ministro Keir Starmer, se produce en medio de un aumento de las hostilidades en Oriente Medio tras los ataques de EE. UU. e Israel que resultaron en la muerte del líder supremo iraní, Ayatollah Ali Khamenei. La medida ha generado controversia en el ámbito político del Reino Unido, con críticas sobre su legalidad y preocupaciones de que podría involucrar al país en un conflicto prolongado. Mientras tanto, un ataque con dron sospechoso iraní impactó la base RAF Akrotiri en Chipre poco después del anuncio, evidenciando la creciente tensión en la región.
El primer ministro británico, Keir Starmer, ha anunciado que el Reino Unido ha autorizado a Estados Unidos a utilizar bases militares británicas, como RAF Fairford y Diego García, para realizar ataques «defensivos» dirigidos a depósitos de misiles y lanzadores iraníes. Esta decisión se produce en un contexto de crecientes hostilidades en Oriente Medio.
La situación se intensificó horas después del anuncio, cuando RAF Akrotiri en Chipre fue blanco de un ataque con drones presuntamente iraní, lo que pone de relieve la creciente tensión en la región. El gobierno británico condenó a Irán como «una fuente de mal», aunque reportó daños mínimos tras el ataque.
La decisión ha generado un intenso debate político. El presidente estadounidense, Donald Trump, criticó a Starmer por la demora en la aprobación, sugiriendo que era inusual entre los dos países. Mientras tanto, líderes de la oposición británica cuestionaron la legalidad de la acción, mientras que el gobierno defiende su postura bajo el principio de «autodefensa colectiva» según el derecho internacional.
Francia y Alemania también se unieron al Reino Unido para condenar los ataques de Irán y apoyar acciones defensivas «proporcionadas», aunque los líderes europeos evitaron respaldar más ataques ofensivos. La escalada de ataques entre Estados Unidos e Israel e Irán ha llevado a Starmer a enfatizar que el papel del Reino Unido es estrictamente defensivo; sin embargo, críticos advierten que esto podría involucrar al país en una guerra regional prolongada con consecuencias impredecibles.
Starmer destacó que el Reino Unido no participó en los primeros ataques estadounidenses-israelíes contra Irán y subrayó que no se unirá a ninguna acción ofensiva en este momento, recordando las lecciones aprendidas del conflicto en Irak. Sin embargo, advirtió que los ataques de represalia por parte de Irán ponen en riesgo a 200,000 ciudadanos británicos en la región.
Tras la declaración del primer ministro, RAF Akrotiri sufrió un ataque con drones que dejó claro el aumento de la volatilidad del conflicto. El secretario de Defensa británico, John Healey, describió a Irán como «una fuente de mal», añadiendo que «pocas personas lamentarán la muerte del ayatolá».
A medida que las tensiones aumentan, Londres ha instado a sus ciudadanos en Bahréin, Israel, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos a registrarse para recibir actualizaciones de emergencia ante temores de una mayor escalada. La decisión del Reino Unido marca un notable aumento en la implicación occidental en el conflicto en Oriente Medio.
A pesar de las afirmaciones de Starmer sobre la naturaleza defensiva del movimiento, críticos advierten sobre el riesgo de una mayor implicación británica en un conflicto prolongado. Con cada vez más miradas puestas sobre Teherán y sus posibles represalias, así como sobre cómo Washington y sus aliados podrán manejar las repercusiones antes de que escalen hacia una guerra regional más amplia.