OPINIÓN

Cataluña será como Andorra

Joaquín ABAD | Jueves 10 de septiembre de 2015
Me da en la nariz que esta vez Cataluña -las cuatro provincias del norte mediterráneo- se van a convertir en una Andorra con fronteras. Mantendrán el euro como moneda, no hace falta crear una propia, y quizá se planteen convertirse en paraíso fiscal para atraer capitales de dudosa procedencia.
No necesitan ejército. No necesitan el Congreso. No necesitan un Senado que, en realidad, es un cementerio de elefantes. No necesitan Reyes ni su corte. No necesitan mantener un Tribunal Constitucional totalmente politizado y donde sus magistrados, sus funcionarios, parece que no dan palo al agua. No necesitan al resto de los españoles salvo para utilizarlos como mano de obra y que compren sus productos industriales.

Y sobre todo, no tendrán pagar a Madrid la cuota que les corresponde para la solidaridad entre regiones. Y es que Andalucía, Canarias, Extremadura llevan cuarenta años viviendo gracias a que Madrid, como La Rioja, Galicia, Cataluña, generen riqueza y les sobre para sostener monstruosas redes clientelares de políticos, amigos de los políticos, familiares de los políticos y televisiones totalmente desproporcionadas como la andaluza.
Sin perder de vista una eterna ayuda al parado para que, en forma de peonadas, se perpetúe el voto cautivo. Así, millones de trabajadores seguirán votando pesoe para que no desaparezca el chollo que se implantó hace cuarenta años.

Las últimas informaciones nos indican que la franquicia de Podemos también se suma al carácter prebiscitario de la consulta del 27-S. Inclinarán la balanza a favor del independentismo, y si se empeñan tantos y tantas veces, al final se saldrán con la suya.
Dicen que lo de ahora se lo debemos al iluminado de Rodríguez Zapatero. Un presidente que les abrió la puerta después de décadas de un pesoe y un pepé cediendo, legislatura tras legislatura, para que apoyaran transferencias que nunca debieron haberse cedido. Y como quien calla otorga, los catalanes han vivido cuarenta años de logros estatutarios y de autogobierno que al final lleva a la autodeterminación.

Porque tanto Felipe González, que se pone hoy tan estupendo con la que se nos viene, como Aznar, han sido cómplices de un Pujol al que se le conocían las trampas. El entonces socialista Maragall, en uno de esos ataques de demencia, dijo en sede parlamentaria en febrero de 2005 una verdad como el famoso tres por ciento que en Cataluña se debía pagar a Convergencia para hacer negocio.
Ahora ya es tarde para movilizar al aparato del Estado y pedir responsabilidades a quienes han robado durante tantos y tantos años mientras Madrid miraba para otro lado. Hemos perdido el tiempo, miserablemente. Tres generaciones donde se les ha inculcado el separatismo es una eternidad.

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