OPINIÓN

El estado del estado (XV): Los intereses

Carlos González | Miércoles 17 de junio de 2020
En el campo de las explicaciones, Yony debe realizar una sobre lo que para él está muy claro, el famoso tema de, Los Intereses.

Es cierto que cualquier persona adolescente, y más aún un adulto, sabe que cada uno busca su interés y que, como dice el chiste, “Hay que ver, qué diferente soy de los demás… Cada uno va a lo suyo… Menos yo… Que voy a lo mío”. Pero sin embargo, cuando de dialogar se trata y a veces al razonar, las personas introducimos la religión, la ideología y con ello una moral determinada. En ese momento nos olvidamos del ya aceptado conocimiento general de que cada uno siempre, siempre, siempre, consciente o inconscientemente, defiende sus intereses. Y así, en el simple hecho de construir una frase, nuestro cerebro ya nos lleva a plantear lo que nosotros queramos aunque sea de una forma disfrazada. Ya sabemos, como ejemplo, que cuando un Cristiano habla de cumplir la Ley de Dios, en el fondo está hablando de que él quiere ganarse el cielo. Y que cuando alguien es Marxista, lo que quiere es que le garanticen la alimentación, la seguridad, la educación, la sanidad…. Gratis.

Los intereses siempre son múltiples, pero también es cierto que cada persona y organización los prioriza, o parece que a veces van en paralelo, si no consigo o conseguimos esto, puede que salga lo otro. Y también es cierto que comienzan por la persona, ésta siempre quiere primero conseguir los suyos, aunque sean espirituales o de valores. Cuando un patriota prioriza los intereses generales de la patria, en el fondo lo que quiere, por encima de todo es conseguir su deseo, que no es otro que alcanzar el éxtasis psicológico al ver que su patria ha alcanzado eso que a él le parece muy importante. Las importancias siempre las marca él.

Después se busca el bien de la familia, de la organización, de la nación o de la alianza de naciones. Pero ha de quedar absolutamente claro que a cada persona y grupo de personas ligadas a una organización siempre buscan única y exclusivamente, en cascada, sus propios intereses.

Si lo vemos en la práctica puede que no haya discusiones:

¿Qué quería Rajoy, en este caso Pedro Sánchez, y si estuviese a su alcance Rivera o Iglesias? Ser presidente del Gobierno. Lo segundo, que su partido (casi siempre que una facción de su partido) alcance el mayor poder posible y que sus amigos y aliados se sitúen lo mejor que puedan. Lo tercero, que su país vaya lo mejor posible si es él el que gobierna, porque de este forma les votarán de nuevo. Si cambia de posición, le da igual cómo vaya, aunque casi siempre desea que sea lo peor posible porque así habrá elecciones y el que está gobernando caerá. Vemos que no les importa su país porque si tienen que ir a nuevas elecciones, se paraliza la economía o la creación legislativa, les da igual y no les vincula para alcanzar acuerdos para que ese nuevo gobierno, cuando es de los adversarios, se constituya cuanto antes.

Al sacar una sencilla foto de los líderes políticos y los distintos partidos, podemos apreciar con claridad que esos intereses están perfectamente esbozados y ellos no disimulan lo más mínimo su directa consecución. Todos ellos hablan y hablan y nos dan explicaciones que procuran que parezcan convincentes, pero si nosotros observamos el negativo de la foto, comprobamos con una claridad meridiana que lo único que buscan todos ellos sin distinción alguna, son sus intereses y por ese orden, primero, yo como persona, después mi grupo de amigos, luego el partido…

Con mucha más claridad lo podemos ver en los que han cambiado de posición, ¿Que decía hace un año Pedro Sánchez, y que dice hoy?. Lo mismo Casado. En el caso de los otros parece que pueden disfrazarlo más, pero observamos que Pablo iglesias y su grupo parece que ya no le importa que el PSOE haya subido el salario mínimo, que ayude a los parados de larga duración o que haya progresos sociales, no, lo que le importa es que ellos sean vices y ministros, y que su grupo de amigos alcance la mayor cuota de poder y de privilegios.

Yony, al revisar nuestra literatura universal comprueba aquel dicho de Winston Churchill, “Los grandes discursos de los contrarios muchas veces me han hecho cambiar de opinión, pero nunca de voto”. Porque con el voto decidimos qué es lo que queremos, cuáles son nuestros intereses.

Creo que sobran las palabras.

Sobre el autor

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de editorial, Letras de autor.

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