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Unas 'no fiestas' covidianas 2020
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Unas "no fiestas" covidianas 2020

El SARS 2-COVID 19 ha cambiado la vida de la humanidad, allí y aquí.

Por José Luis Úriz Iglesias
jueves 11 de junio de 2020, 12:24h

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Lo que a principios de año veíamos como algo que ocurría en la lejana China a miles de Km, la existencia de un mundo interrelacionado donde las distancias no existen, nos lo ha traído a nuestra casa alterando la marcha de nuestras vidas.

La palabra confinamiento ha formado parte de nuestra cotidianidad como único medio de parar la pandemia. Lo hemos conseguido a medias y por el camino hemos dejado a más de 28.000 personas (algún día conoceremos la cifra exacta) y miles de damnificados, ingresados en hospitales, en UCI, en domicilios, familiares y amigos. Demasiado sufrimiento.

Ha afectado en el devenir diario y seguirá haciéndolo, al menos hasta alcanzar una vacuna que se prevé para principios de 2021. En ese tránsito nos queda un duro verano y el peligro de un otoño en el que el monstruo acecha dispuesto a asestar un segundo golpe.

Por eso debemos tomar medidas, prudencia, sensatez y responsabilidad. De los poderes públicos y en especial de la sociedad en su conjunto, en especial los jóvenes que son los que ven el peligro más lejano, o incluso ni lo ven.

Se equivocan, el peligro sigue ahí y su colaboración es fundamental para evitarlo.

El verano traía habitualmente multitudinarias fiestas en los pueblos de nuestro país. Juerga, jolgorio, relaciones estrechas, alegría, buen humor y alcohol, mucho alcohol. Ese producto que desinhibe y hace ignorar el peligro; éste también.

Por eso los diferentes gobiernos autonómicos están planteando y los que no lo han hecho deberían, que este año se suspendan esas fiestas (potestad de los respectivos alcaldes) y en mi opinión debemos hacerles caso.

Ya habrá tiempo el año que viene de recuperar el tiempo perdido. Este año la prudencia aconseja no realizarlas, ni mucho, ni poco; nada. Nos jugamos mucho en ello.

De hecho, algunas, quizás las más importantes, ya lo han decidido. Así no ha habido Fallas, ni Semana Santa, ni feria de Abril de Sevilla, ni los famosos Sanfermines. Probablemente tampoco se realicen las de la noche de San Juan, o las Semanas Grandes de Vitoria, Bilbao y San Sebastián.

Porque a este virus le agradan las multitudes, las distancias cortas, la proximidad donde con mayor facilidad se transmite y las fiestas serían el caldo de cultivo ideal para su fortalecimiento y repunte (otra palabra que ya forma parte de nuestro lenguaje habitual).

Del debate ¿economía o salud?, pasamos al de ¿fiestas o salud? y se debe apostar con claridad por la segunda opción, que salva vidas y reduce mucho sufrimiento.

Este año no debe haber fiestas en verano y especialmente en otoño para frenar al virus. Los alcaldes deben entender el riesgo que asumirían de no hacerlo y todos debemos ayudar y colaborar con nuestra sensatez y nuestra prudencia, no forzando decisiones que estarían contra nuestra seguridad sanitaria.

Quizás estaría muy adecuado hacer pequeños homenajes al vecindario fallecido, o que ha sufrido, como consecuencia de esta pandemia.

Con un llamamiento especial. No podemos, no debemos, rebelarnos contra decisiones responsables con irresponsabilidad social. No podemos, no debemos ante una suspensión sensata plantear unas insensatas fiestas alternativas. Por eso habría que hacer un llamamiento a los líderes sociales, por ejemplo en Pamplona a las poderosas Peñas, para que se impliquen en esta necesaria medida de seguridad.

Este 2020 por nuestro bien, por el bien de todas y todos, ¡fiestas no!

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