OPINIÓN

Volver a ser un niño: 22 años sin Enrique Urquijo

José Luis Úriz Iglesias | Jueves 18 de noviembre de 2021
El pasado domingo 7 de noviembre, TVE emitió un emotivo reportaje sobre Enrique Urquijo que tituló como una de sus memorables canciones; “Volver a ser un niño”.

Acertó en su decisión porque es lo que algunos, generalmente mayores de 50 años, sentimos a la hora de escuchar de nuevo sus canciones.

Justo hace ahora 22 años, el miércoles 17, su vida se quebró de madrugada en un portal oscuro de una calle de Madrid, su pueblo, mi pueblo. Tan acogedor y maravilloso en algunas ocasiones, tan duro y cruel otras.

Ese día Enrique Urquijo estaba solo, o quizás con una mala compañía, y a muchos se nos heló el corazón al enterarnos. A todos aquellos que admirábamos su música y la poesía de sus letras, a veces amargas como la vida misma, impregnadas en soledad y emoción.

Los que aún nos estremecemos con sus palabras musicadas en las tardes de cualquier otoño como el que se lo llevó, quizás porque sentíamos lo mismo que él, aunque nos faltaba su creatividad, su sensibilidad a flor de piel.

Canciones de amor, pero especialmente de desamor, de tristeza, llenas de poesía, salidas de lo más profundo del ser humano, de esos terrenos profundos que hoy apenas se pisan.

Caricias hechas canción, cataratas de emociones que te hacían SENTIR, así con mayúsculas, y al mismo tiempo vivir cuando él estaba dejando de hacerlo.

Ese día pensé que perdía a de nuevo mi hermano Javi. La primera había sido 7 años antes cuando también músico, líder y compositor de un grupo de rock, “Retales”, que se pateó los locales de Madrid allá por los años 70 y 80, se lo llevó el SIDA con la misma causa.

Quizás ahora en algún lugar los dos hayan montado un nuevo grupo con Antonio Vega y Antonio Flores, y alegren a quienes les rodean con sus canciones.

En ese maravilloso reportaje aparecían cantautores actuales de su estilo, Quique González, Rozalén, Andrés Suarez, Rebeca Jiménez (eché en falta otros como Carlos Chauen, Paco Cifuentes o Marwan), que se alejan de las modas imperantes de músicas con un acorde repetido una y mil veces y como él se adentran en territorios difíciles y ajenos para el “gran público”.

A veces ciertos valores, ciertos sentimientos, afortunadamente se conservan en pequeños reservorios minoritarios, que garantizan sobrevivan a esta vorágine de vulgaridad y chabacanería. Gracias pues a ellos y ellas por conservarlos para el futuro.

Enrique se nos fue, pero nos queda su obra, esa que te hace despertar en medio de un mundo oscuro y anodino, con la pena de no poder escucharle nuevas historias. Las antiguas aún me acompañan en los viajes, o en las tardes de otoño como la que escribo este artículo y me hacen sentirlo cerca.

Enrique Urquijo, amigo, permíteme que te considere así, te recordamos, te echamos de menos, y quizás como tú decías: “seguimos siendo chavales ordinarios, que nos volvemos vulgares al bajarnos de cada escenario”. Cada uno de un tipo de escenario diferente. En el de la política identificándonos, más aún en la época que nos toca sufrir, con “Qué solo estás”.

Hoy pleno de emoción recuerdo a Enrique Urquijo escuchando “Volver a ser un niño” y me siento así, triste, melancólico, sensible, por su ausencia, pero con ganas de seguir este complejo camino en compañía de tus canciones.

Gracias por todo lo que nos distes y nos sigues dando querido compadre (Kutxi de “Marea” dixit), gracias por tu música y poesía empapada de belleza emocional.

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