OPINIÓN

Emigrantes jugando con el amor

Un español en Alemania (107)

Jose Mateos Mariscal | Sábado 12 de junio de 2021
Otra cara de la migración. Isabel Allende: el inmigrante, si se asimila, es un tesoro para el país; Winnipeg: 80 años de la misión de amor de Neruda, la historia de la "gran muerte venezolana"; Exposición Nil Yalter: Las huellas del exilio en los migrantes. 300 años de inmigración a Alemania; Museo de la emigración: hacerse a la mar.

El primer museo de la migración de Europa está en Bremerhaven. Antes recogía solo historias de emigrantes alemanes por el mundo, pero ahora compila además historias de emigrantes extranjeros en Alemania, entre ellos españoles, documentos, Cartas de Amor, historias de la emigración.

''Bienvenidos a Alemania'' – esto es lo que dice el letrero blanco que señala el acceso a la nueva exposición de la Casa de la Emigración de Bremerhaven. Inagurado en 2005, el museo invita al público a sumergirse en la historia de los alemanes emigrados a diversas regiones del mundo durante diferentes épocas. Ahora, gracias a la exposición incorporada en abril del 2021, los visitantes tienen la posibilidad de conocer también la historia de los trabajadores extranjeros que inmigraron a Alemania durante los tiempos del ''milagro económico''.

En el comienzo de la exposición se reproduce un día clave para la inmigración alemana: el 24 de noviembre de 1973. El día anterior, el gobierno federal había decidido no dejar instalarse en el país a más trabajadores extranjeros, tan demandados durante los años sesenta. Sólo los familiares de los trabajadores ya asentados podrían acceder sin problemas a Alemania.

En vez de observar las piezas de recuerdo expuestas en vitrinas de cristal, el visitante camina a través de diferentes decorados que escenifican situaciones cotidianas de la vida de estos trabajadores. En un momento se encuentra paseando en el año 1710, mientras al siguiente ya se ve en una peluquería de la década de 1970. Así puede viajar a través de la historia, ir experimentando y conociendo por él mismo la vida de 15 personas como Pedro Pérez, un emigrante español quien, para ganar suficiente dinero para vivir, debía confeccionar vaqueros al terminar su jornada de trabajo en una carpintería metálica de Remscheid y su bonita historia de amor podemos leer en dicho museo.

Aparte de proporcionar al público una imagen de cómo se integraron estas personas a la vida cotidiana en un país extranjero, la exposición pretende documentar también la importancia de la inmigración para la cultura alemana y las huellas que ha dejado en ella. Hoy en día, comprar alimentos españoles como las paella y chorizo o poder degustar comida turca, es algo común y corriente en Alemania.

Jugando con el amor

Cuando a Catalina, nacida en la República Dominicana y residente en Wuppertal (Alemania), la llamaron para ir a trabajar a aquella empresa en Remscheid, ciudad vecina, poco se imaginaba que aquel día no iba a empezar únicamente una carrera profesional. Iba a entrar en el intenso, apasionante y complicado mundo de los amores imposibles.

Y es que allí estaba él, Pedro, nacido en España, residente en Alemania en Remscheid, su recién estrenado compañero de trabajo que le dio la bienvenida, le enseñó la empresa y se convirtió desde ese preciso instante en su Historia de Amor entre Migrantes en Alemania.

Pedro sonreía de una forma especial, resplandecía, aunque Catalina no sabía si esas sonrisas se las dedicaba a ella en exclusiva o a todos los demás. Lo mismo daba, le bastaba con cruzarse de vez en cuando unas miradas. De las miradas pasaron a compartir charlas en la hora del café, en el almuerzo y hasta se quedaban un rato más después del cierre con alguna excusa estúpida.

Porque Pedro pensaba que estaba conociendo a la mujer más maravillosa del mundo. Y no dudaba en encontrarse con ella en cualquier momento, rozar un instante su brazo y dedicarse una sonrisa cómplice. Un flirteo en toda regla entre dos personas que se atraían que anunciaba claramente una bonita historia de amor. Pero siempre hay algún pero.

Pedro era un hombre casado. Se lo dijo a Catalina el segundo día de trabajo, cuando se dio cuenta que no iba a poder resistirse al encanto de esa mujer maravillosa. Un ataque de honestidad pasajero. A Catalina no es que no le importara que ese príncipe azul que había estado buscando durante tanto tiempo estuviera casado, es que no podía evitarlo; apostó por el corazón, apostó por el amor y se dejó llevar.

La bonita historia de amor se convirtió en un amor prohibido disfrazado de amistad. Y así pasaron los años, amándose en secreto, mintiendo a la esposa, a los amigos, a los compañeros, a la familia. Y esas mentiras no ensuciaban para nada lo que ambos sentían, ni los momentos de pasión que aprovechaban al máximo, si acaso reforzaban su historia de amor.

Cuando Pedro anunció que su mujer estaba embarazada, Catalina creyó que moría y que esa historia había llegado a su fin. Un hijo mantendría el matrimonio unido, Pedro nunca se divorciaría. Así que se propuso dedicarse a ella misma, empezar a construir una vida de verdad, sin secretos, sin mentiras, encontrar un amor que pudiera gritar. Y así lo hizo, aunque no podía evitar seguir con los encuentros clandestinos que le daban la vida.

Y el amor llegó para Catalina al mismo tiempo que Pedro tomó la decisión más importante de su vida. Se divorció de su mujer sin decirle nada a nadie, mientras Catalina disfrutaba de un nuevo amor a la luz del día. Y mientras su deseo por Pedro iba disminuyendo, Pedro se volvía loco pensando que tal vez se había decidido demasiado tarde. Así fue, porque, como siempre había hecho, Catalina volvió apostar por el amor. Y Pedro volvió a quedarse solo.

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