OPINIÓN

El inmortal final de Thelma y Louise: cuando eres libre, prefieres morir a dejar de serlo

Luys Coleto | Domingo 04 de abril de 2021

Tras el intento de violación de Thelma, y el posterior asesinato de su frustrado violador, dos fugitivas atraviesan varios estados, evitando Texas por las razones que cualquiera que haya visto esta obra maestra de Ridley Scott conoce a la perfección.

Hacia México

A bordo del fascinante Ford Thunderbird de Louise voltean rumbo a México, promisoria y anhelada tierra de libertad. La madera comienza a perseguirlas y, en su enloquecida y trepidante huida, cometen inauditos y descacharrantes atracos, hacen reventar gloriosamente un camión e, incluso, llegan a apuntar con un arma la jeta de un madero.

El final de la historia es de sobra conocido, indudablemente uno de los mejores de la historia del cine. La persecución desemboca a orillas del Gran Cañón, Arizona. Rodeadas por un enjambre de coches policiales, incluyendo un helicóptero, sentadas en el coche, ambas se cruzan las miradas y deciden avanzar hacia el abismo. Un beso final, el pie en el acelerador, las manos agarradas y la Polaroid que se habían hecho al inicio de su viaje, volando por los aires.

No podemos dejarnos coger

– Oye Louise, no nos dejemos coger.

– ¿Qué quieres decir con eso?

– Sigamos adelante.

– Pero ¿qué dices?

– ¡Vamos!

– ¿Estás segura?

– Sí, sí, sí…

Libertad, amistad, amor

Una vez que alcanzas cierta conciencia de la irrenunciable obligación de cualquier ser humano por despojarse de todas sus cadenas, no hay vuelta atrás y no importa cuándo ocurra esto ni por qué: convertirte en llegar a ser lo que eres es un descubrimiento que puede durar toda la vida.

Y en este viaje interior, puedes tener la enorme fortuna de tener al lado un compañero de aventuras y desventuras, con el que compartir tu intimidad y que te agarrará de la mano cuando tus fuerzas desmayen, sea lo que sea lo que os depare el horizonte.

En fin.


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