OPINIÓN

Además de la desobediencia, ha llegado la hora de la insurrección ante la tiranía covid

Luys Coleto | Sábado 27 de marzo de 2021
Christophe Barbier, Conseiller médias (Consejero de Medios) de Emmanuel Macron, en inaudito impulso de decencia ha admitido en su último libro Les Tyrannies de l'épidémie (ediciones Fayard): "La angustia fue organizada por la administración y el poder político para que la gente no se rebelase. Y esto ha funcionado.

Jamás se lo perdonaremos…

De momento. A riesgo de equivocarme, diría que estamos más cerca que lejos de un fascinante levantamiento porque las manifestaciones no sirven ya para nada, son prohibidas y reprimidas salvajemente. Durante los dos últimos años, las marchas cantando, tralarí tralará, demasiado jipiesco el asunto, sólo han producido heridos, tuertos y mutilados. ¡Por nada! Y para nada.

El poder - militar, sanitario, político, judicial, policial, mediático, docente…- mafioso ha reducido nuestras libertades al mínimo. Y jamás se lo perdonaremos. Y lo pagarán, es lo justo. Y necesario. Mucha gente os odia. Con razón. Odio cartaginés. Porque esa misma gente, o una gran parte de ella, sabe - repito, sabe - que todo es una puta farsa. De principio a fin.

No os cree (casi) nadie

Una parte sí, pero otra gran parte de la humanidad no se deja ni dejará engañar con vuestras innúmeras e infinitas trolas. Vuestra siniestra operación psicológica militar de falsa bandera no se la cree nadie. Más agujeros que un colador. Antaño, vuestras acciones ejecutivas de Inteligencia devenían, por lo menos, verosímiles. Ya sea utilizando armas biológicas, químicas o, como hoy, electromagnéticas, y buscando, en el ínterin, falsos culpables.

Operación Circovid, infinitamente criminal, encubre (y acelera) otros objetivos. Con sus respectivas y asesinas coartadas. Control mental mediante trauma, estrategia de choque, población hipnotizada, brutal propaganda, masivas técnicas de terror de manipulación de masas, neo lengua. Depravados. Lo son. Sin límites. Y muchos no consentiremos nada, a riesgo de nuestra vida, poca cosa al lado de la libertad. Y de la verdad. Mentirosos.

Y degenerados. Y diabólicos.

Muchos títeres en sus respectivos pináculos de poder saben perfectamente que sin maderos y milikitos probablemente serían echados a patadas de sus confortables sillones y, por esa razón, se concede a las antipatrióticas y felonas fuerzas de coerción y humillación y represión todo lo que piden. Quid pro quo.

La humanidad debe continuar defendiendo su humanidad

Ellos saben que el genocida tecno-experimento transgénico, transhumanizador, dizque "vacunación", está resultando un rotundo y venerable fracaso. Además de una planificada carnicería. La peña no es estúpida del todo y va descubriendo las trágicas consecuencias de que nos traten como ratas. O, más certeramente expresado, cucarachas

Y de fondo, claro, el runrún del satánico Grand Reset, pero también la corrupción habitual pero cada vez más revelada de las instancias europeas, de los voceros de la "vacunación" vinculados a FARMAFIA, los falsos testimonios de matasanos vendidos (casi todos), las falsas cifras de hospitalizados, los informes amañados en los que se utilizan figurantes jugando a "enfermos" covid para prolongar sus improrrogables necesidades de la propaganda. Un inagotable suma y sigue de aciagos engaños. Nuestras autoridades, traidoras. Además de terroristas.

Por lo tanto, la presente psicosis colectiva también se organizó para acabar con cualquier imprescindible y salutífera insurrección social. El coronacircus, salvaje coartada de un poder asesino para aplicar las medidas liberticidas más abyectas que un gobierno pueda decretar.

La falsa emergencia sanitaria ha servido de excusa para el peor crimen contra la humanidad, ya que, entre otras cosas, nuestros ancianos fueron vilmente eutanasiados, de ahí, entre otras razones, ese repunte de mortalidad. Gerontocidio de estado, por acción y omisión. Y todos callaron. Y lo supieron. Todo absoluta y rotundamente repugnante. No hay palabras para describir el asco que se puede sentir ante semejante poder criminal. No hay palabras para describir la rabia que se siente. Y odio, tal vez. Cartaginés, repito.

Ser digno de un linaje

Desobediencia, insoslayable palabra. Reaccionar y poner fin a esta inducida pesadilla. Si no reaccionamos el futuro de nuestros hijos será atroz. Y el nuestro. Por ellos y por todos los críos merece la pena. Y también por muchos de los adultos. Y dispuesto a morir en cualquier barricada si es necesario. Ante un repulsivo lacayo del Poder, me cago en su jeta. Y me descojono.

¡Si somos padres e hijos dignos de ese nombre, si somos seres humanos dignos de nuestra humanidad, si somos un pueblo apegado a la libertad y a la dignidad, tenemos el deber imperativo de movilizarnos, de unirnos y de actuar para que este poder criminal sea detenido y juzgado en un nuevo Núremberg¡ O como quiera denominarse. Así sea.

En fin.

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