OPINIÓN

¿Hacia dónde nos dirigimos?

Jorge Molina Sanz | Viernes 20 de noviembre de 2020
Estamos en la segunda oleada, todavía no sabemos si la vacuna estará disponible antes o después de la tercera. Esta pandemia crea un nuevo escenario y nos preguntamos cuál va a ser nuestra «nueva realidad» en lo económico, en lo social o en lo político.

El viejo marino y la joven profesora que nos han acompañado durante mucho tiempo parecen estar mudos, las razones han sido diversas, entre las que se encuentran razones de salud, un cierto hartazgo de ver que, semana tras semana, sólo existe un monotema aderezado de una información sesgada, hasta llegar al hastío, y unos dirigentes políticos que han demostrado una espectacular habilidad para convertir en triunfos una gestión más que dudosa y en transferir las responsabilidades al resto.

Contamos con un gobierno de coalición con una mayoría exigua, pero que está demostrando una especial habilidad para afrontar temas que previsiblemente nos van a cambiar muchos de los principios en los que sustentábamos nuestra democracia actual, sin que tengamos claro que estos sean los temas que el país necesita. Hay en todo ello una fuerte carga ideológica, mucha ignorancia y cierta autosuficiencia, pero lo que no cabe duda cuáles son sus objetivos.

En medio de este escenario, observas a tu alrededor, escuchas noticias y palpas sentimientos, y lo que sorprende es comprobar cómo se está produciendo una radicalización ideológica, en ciertos casos inexplicable y exenta de análisis rigurosos. Parece que uno de los objetivos es acabar con el espíritu de la concordia que presidió la Transición y las bases que sustentaban los principios básicos que nos han permitido avanzar y progresar; de repente parece que todo eso ha dejado de ser necesario y que, en aras de una falsa modernidad, se pretende dinamitar y desmoronar muchas de esas cosas.

Nuestros amigos no quieren seguir callados, se hacen muchas preguntas y reconocen que tienen pocas respuestas, salvo que sus reflexiones partan también de la radicalidad o del sectarismo ideológico. Nuestro marino nos dice:

—Es reseñable que, con la mayoría más exigua que ha tenido un gobierno del PSOE y en medio de la crisis del covid-19, hagan ese alarde de audacia para vender eslóganes y propaganda. Esto, aunque no nos debería extrañar porque es una constante de los políticos, solo que, en este caso, tenemos que convivir con las consecuencias de esta pandemia que afecta a lo económico, lo laboral y lo social, sin que todavía podamos precisar el final, las cifras de muertos y de paro.

La joven profesora, mira al marino y exclama:

—Sabes que no me importa quién nos gobierne, a lo único que aspiro es que sea un buen gobierno, que aporten valores y no adoctrinamiento. Quiero estar bien gobernada; y ahí es donde empiezan mis preocupaciones. Hay demasiados intereses espurios, ideológicos, independentistas y perversos.

El escenario que marca la pandemia es totalmente nuevo —añadió la joven profesora—, pero estamos viendo cómo se aceleran viejos problemas, que la cobardía o la complicidad de gobiernos anteriores, han ido soslayando a lo largo de los años. De repente, por la configuración del parlamento y su escasa mayoría, asistimos a un protagonismo desmedido de algunos actores de la política actual, en los que la deslealtad, el egoísmo y el sectarismo han hecho su agosto.

El marino prosigue:

—La radicalización del PSOE, no olvidemos que, por mucho que nos digan lo contrario, han abrazado al marxismo, no solo por la coalición de gobierno con Podemos, sino porque se han sentido más cómodos con éstos que con otras opciones políticas. Para todos los corifeos, no está mal recordar que el Parlamento Europeo —Resolución de 19.09.2019— condena por igual todos los crímenes del nazismo y comunismo durante el siglo XX. Aunque parece que esos principios, esos valores y ese espíritu se han abandonado; sustituyéndolo por calificar de «fascistas» o «nazis» a sus adversarios, olvidando que a ellos también se les podría, con los mismos argumentos, calificar de herederos de terroristas y asesinos. ¿Este encanallamiento es el mejor medio para superar esta situación y coger la senda del progreso?

Toma el relevo nuestra amiga para decir:

—A un gobierno que ya se ha retratado como mal gestor, que en medio de esta crisis en la que vamos a ver como se incrementa el endeudamiento del país de forma alarmante, con la amenaza de una escalada del paro y con una caída histórica de la recaudación fiscal; en lugar de focalizar la acción de gobierno en paliar los efectos de la pandemia e intentar salvar la economía centran sus energías en aprobar leyes absurdas, inapropiadas en este momento y que solo abren la caja de Pandora. Viviremos mayor convulsión, pérdidas de oportunidades y seguiremos despistados de los retos de futuro a los que se enfrenta nuestra sociedad.

Toda esta osadía tiene un precio —siguió la profesora—, para conseguir la mayoría parlamentaria, han mentido, no tienen pudor en pisotear la Constitución y hacen gala de una prepotencia y autosuficiencia, en algunos casos, dignas de ser analizadas psiquiátricamente. Sin olvidar que el diablo se ha convertido en su aliado y se han abrazado con lo peor de cada casa. Claro que presumen de ser un gobierno social, sostenible, inclusivo y hasta biodegradable.

Nuestro marino, con su habitual sorna y escepticismo, concluyó:

—¡Cuando estaba confinado estaba mejor! Este café me está volviendo a hacer pensar. ¡La ignorancia es una bendición!

La sonrisa era amarga, ya ni la placidez del sol otoñal y un mar en calma es capaz de aliviar nuestras preocupaciones.

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