OPINIÓN

Netanyahu, Hitler y el Muftí de Jerusalén

Pedro CANALES | Jueves 29 de octubre de 2015
El primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha lanzado una carga de profundidad hace días con la acusación de que quien convenció a Hitler de exterminar a los judíos fue el Muftí de Jerusalén, Hash Mohamed Amin al Huseiny. Según el dirigente israelí, Hitler era partidario de la deportación en masa de los judíos a diversos países, entre ellos a Palestina.

El escándalo internacional y nacional generado por las declaraciones del dirigente israelí en su intervención ante el Congreso Sionista Mundial, no tiene precedentes.

Las afirmaciones de Netanyahu han encontrado el rechazo, incluso, dentro de Israel. La historiadora jefe del Memorial del Holocausto Yad Vashem, Dina Porat, las ha tachado simplemente de falsas: “No se puede decir que fue el Muftí quien le dio la idea a Hitler de que matara o quemara a los judíos”, declaró al periódico “Yedioth Ahronoth”.

También ha habido rechazo en el ámbito político. El líder opositor Isaac Herzog las considera “una distorsión histórica peligrosa” y exige a Netanyahu que se retracte de inmediato ya que según él, “minimiza el Holocausto, el nazismo y el papel de Hitler en este terrible desastre de nuestro pueblo”.

Veamos algunos aspectos del asunto

En primer lugar, el muftí Hash Amin al Huseiny en 1941 ya no era un líder político sino religioso y sus posiciones son consecuencia de su interpretación fundamentalista de un Islam rigorista absolutamente excluyente de las otras “religiones del Libro”, es decir del judaísmo y del cristianismo.

Al Huseiny no actúa como “palestino”, aun siéndolo por haber nacido en Jerusalén de una conocida familia tradicional, sino como el máximo líder espiritual de los musulmanes de todo el mundo. En sus años de juventud fue un militante nacionalista de la causa nacional palestina y de la causa árabe en general. Pero en 1941, el Muftí ya era un líder religioso.

Netanyahu dice que el Muftí se reunió con Hitler ;en noviembre de 1941 y le recomendó exterminar a los judíos directamente en los campos de concentración.

Sin embargo, la prensa alemana de la época relata que el objetivo de esta entrevista era convencer al dictador nazi de que apoyara la creación de un Estado árabe en tierras de Palestina. Al Huseiny se oponía a la idea promovida por los británicos de dividir el territorio palestino en dos Estados, uno árabe y otro judío.

Por otra parte, la persecución a los judíos comenzó mucho antes de que el Gran Muftí se entrevistara con Hitler. Antes de la entrevista miles de judíos ya habían sido asesinados.

Esto en lo que se refiere al territorio alemán, porque fuera de él las hordas nazis asesinaron a más de diez mil judíos en la invasión de Polonia y varios centenares de miles en la invasión de Ucrania, Bielorrusia y Rusia.

Las invectivas del primer ministro israelí son escandalosas no sólo por la falsedad de las afirmaciones que contradicen los estudios historiográficos que han visto la luz desde el final de la Segunda Guerra Mundial, sino también porque pone en primer plano de actualidad a un oscuro personaje de la historia moderna como fue el Gran Muftí de Jerusalén.

La trayectoria personal de Amin al Huseiny está llena de claroscuros. Tras su implicación en los Ejércitos del Imperio Otomano, en los que destacó como líder espiritual de las tropas, al terminar la Primera Guerra Mundial Al Huseiny se enroló en el Ejército británico.

Posteriormente y tras oscuros enfrentamientos entre británicos y musulmanes, es detenido por las autoridades británicas. Pero éstas consideran más beneficioso para sus objetivos en Oriente Próximo que el religioso musulmán continuase sus prédicas sin ser molestado.

De la noche a la mañana Al Huseiny se convierte en 1921 en el Gran Muftí de Jerusalén. Un año después, siempre por decisión de sus protectores británicos, es nombrado Presidente del Consejo Supremo Musulmán de Palestina, un cargo con notable ascendencia en el mundo islámico de la época.

Esta designación de Al Huseiny como autoridad suprema religiosa del Islam sunita, con prerrogativas de emitir fetwas con fuerza de Ley, no fue debida a su ascenso interno en el complejo mundo de la representación religiosa, a pesar de que en su familia había altos representantes del Islam sunita, sino por decisión política de sus protectores británicos.

Benjamin Netanyahu no alude a nada de esto y deja entender que esa supuesta recomendación del Muftí a Hitler para exterminar a los judíos, proviene de la esencia misma de la religión musulmana.

De este modo, el primer ministro israelí justificaría todo lo acontecido en el conflicto en Palestina desde 1948, como si se tratara simplemente de una respuesta defensiva.

Se dijo que tras la invasión alemana de Yugoslavia Al Huseiny utilizó su influencia para promover el reclutamiento de soldados musulmanes bosnios y albaneses, que se integraron en cuerpos de las SS famosos luego por sus masacres contra los partisanos.

Pero la realidad es que los llamamientos de Al Huseiny a los musulmanes, a través de la radio nazi, para que se enrolasen en la nueva Yihad no tuvieron ningún eco ni entre los árabes ni entre los palestinos.

Frente a un número insignificante de musulmanes balcánicos que se enrolaron en las SS, fueron centenares de miles los magrebíes, egipcios, jordanos, palestinos e iraquíes que lo hicieron en los ejércitos aliados.

Siempre según la versión de Netanyahu, Al Husayni temía que los judíos europeos se establecieran en Palestina. Cuando Hitler le preguntó qué hacer con ellos, supuestamente le contestó: “Quémelos”.

Esta versión ha sido fuertemente contestada por la misma comunidad israelí, que siempre ha atribuido a Hitler la responsabilidad primera y última del Holocausto.

Al terminar la guerra, Amin al Husayni ; trató de huir a Suiza, pero fue capturado por los franceses. Consiguió escapar y llegar a El Cairo en 1946, donde permaneció como asilado político al frente del órgano que él mismo había creado durante la ocupación británica para representar a la comunidad árabe, el Alto Comité Árabe, cuya misión era unificar a los países árabes para hacer frente a Israel de forma conjunta.

Su radicalismo le fue apartando de los centros de poder y perdió toda influencia. Vivió los últimos años de su vida en el Líbano y murió en Beirut en 1974. No pudo ser enterrado en Jerusalén, como era su última voluntad. El gobierno israelí lo impidió.

Netanyahu observa un mutismo absoluto respecto a episodios claves para comprender la relación entre el sionismo y el nazismo, entre la Alemania de Hitler y el futuro Estado de Israel.

En una palabra no dice nada de algunos protagonistas de entonces que jugaron un papel tan importante o mayor que el que pudiese desempeñar el Gran Muftí de Jerusalén.

Por ejemplo, el movimiento Irgún Zvai Leumi (la Organización Militar Nacional) más conocida simplemente como el Irgún, que es el ancestro del partido Likud del primer Ministro Netanyahu.

El Irgún nació de una escisión de la organización sionista moderada Haganah, diez años antes de que el Muftí Al Huseiny se entrevistase con Hitler. Mientras que la Haganah se limitó desde sus comienzos a ser “una fuerza de autodefensa”, el Irgún se erigió como una agresiva organización de carácter militar.

Adquiere influencia y notoriedad organizando ataques contra los palestinos que se levantan entre 1935 y 1939 en contra del Mandato británico y el aumento de la presencia sionista en Palestina favorecida por las autoridades británicas. En 1918 había 80.000 judíos en Palestina, en 1931 llegaron a 175.000 y en 1936 superaban los 400.000.

A partir de 1937 el Irgún se marca como principal objetivo “construir un Estado judío” en las dos riberas del Jordán, incluyendo en el mismo el actual Reino de Jordania. En los enfrentamientos con los árabes hubo varios centenares de muertos judíos.

Los británicos no se quedaron al margen, entrenando y armando a diversos grupos judíos como los Notrim (Guardianes) y los Escuadrones Especiales de la Noche.

David Ben Gurion, uno de los fundadores del Estado de Israel, que militó siempre en la Haganag, consideraba al Irgún directamente “fascista”.

No era ésta una acusación gratuita ya que Vladimir Jabotinsky, uno de sus fundadores, mantenía vínculos especiales con la Italia de Mussolini y la Polonia del mariscal Pilsudsky, ambos regímenes claramente antisemitas.

La realidad histórica es que tanto los judíos del Irgún como los musulmanes del Alto Comité Árabe propiciado por Al Huseiny intentaron negociar con los nazis, en secreto y abiertamente.

Unos y otros perseguían sus propios objetivos. Los nazis querían apoyo para penetrar en el Mediterráneo por el este y poder envolver la Europa aliada desde el sur.

Los judíos del Irgún, en sus entrevistas con los dirigentes nazis, querían favorecer la deportación masiva de judíos a Palestina y el reconocimiento de facto de un Estado judío por parte de Hitler.

Los árabes querían el apoyo de Alemania a la independencia de las colonias franco-británicas y el reconocimiento del Estado Árabe en Palestina.

Las declaraciones de Benjamin Netanyahu arriesgan con abrir la Caja de Pandora, en la que hay muchas páginas teñidas de negro para unos y otros.

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