OPINIÓN

Podemos, camino de una “Izquierda Unida Recompuesta”

Pedro CANALES | Martes 06 de octubre de 2015
Las ofertas que Pablo Iglesias está lanzando a Alberto Garzón para que se incorpore a las listas electorales de Podemos en las elecciones del 20-D, resultarán contraproducentes para el partido de Iglesias. Veamos por qué.

En las filas de Podemos hay notorios militantes de Izquierda Unida, incluso veteranos activistas de las Juventudes Comunistas de los años 80 y 90. La intención del partido morado es incorporar a sus filas a todos los posibles cuadros y militantes de la vieja izquierda ampliamente conocidos por su labor de muchos años en barrios, organizaciones sindicales y colectivos sociales.

Por eso la “captación” de Alberto Garzón resulta estratégica para Pablo Iglesias. Coinciden en muchas ideas y propuestas, pero responden a siglas distintas: Izquierda Unida es un movimiento político que viene de lejos, Podemos es un recién llegado que busca su hueco en el escenario.

Si Iglesias convence a Garzón, el líder morado cree que fagocitará fácilmente a Izquierda Unida y todos sus seguidores. De hecho, Podemos se convertiría en una “Izquierda Unida Recompuesta”.

Sin embargo, el asunto no es tan fácil. Alberto Garzón conoce mejor que nadie su propia formación, de la que hasta el momento es candidato para las elecciones generales. Sabe que en la dirección de IU hay un enorme apego al pasado, que los viejos cuadros y militantes no aceptan, así como así, que un grupo de jóvenes, hábiles dialécticos pero inexpertos en el quehacer político, les coma la merienda.

Y Garzón se siente identificado con su movimiento, al menos es así como le ven miles y miles de militantes que llevan muchos años en la formación.

La segunda dificultad para el partido de Iglesias es que ya se encuentra prisionero de sus propias declaraciones hechas en la “carta de Iglesias y Errejón” tras el varapalo en Cataluña.

Los dos dirigentes podemitas dejan claro que concurrirán a las generales con las siglas de Podemos, sin tapujos, sin esconderse detrás de otros nombres.

Esta postura cara a la ofensiva de seducción hacia Izquierda Unida y Alberto Garzón, significaría que IU aceptase lisa y llanamente disolverse dentro de Podemos, algo similar a lo que está a punto de hacer Equo.

La mayor parte de la militancia de IU, simplemente, no lo aceptaría. Después de años de lucha -muchos ya estaban en la brega política cuando Pablo Iglesias era un escolar-, sólo aceptan discutir de igual a igual.

Lo podrían hacer, aseguran muchos, en el seno de una candidatura de Unidad Popular a la que IU ha llamado recientemente, pero no disolverse y desaparecer tragados por Podemos.

En definitiva, las reuniones más o menos secretas de Iglesias y Errejón con dirigentes de otras formaciones cercanas están poniendo de manifiesto que la estrategia de Podemos pasa, lisa y llanamente, por absorberles.

En la carta de Iglesias y Errejón a sus militantes les dicen que “nos quieren situar en ese margen de la izquierda”, como dejando entender que aspiran a ser de centro, pero sus movimientos tácticos les sitúan ahí, en la izquierda.

La Unidad Popular a la que aspira gran parte de Izquierda Unida tiene un techo electoral en torno al 15%. Podemos, en el hipotético caso de que Garzón se uniese a sus siglas y arrastrase a un sector de IU, tampoco superaría ese porcentaje.

Un 15% que sería muy importante para seguir saneando el escenario político español, pero sólo eso. Y con ello habría cumplido su función histórica, pese a los sueños de Pablo Iglesias.

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