Jorge Necul, mientras paseaba por el Valle del Covunco en Neuquén, Argentina, descubrió lo que inicialmente pensó que era un huevo de dinosaurio. Tras la evaluación de expertos, se confirmó que se trataba de un gliptodonte, un mamífero prehistórico relacionado con los armadillos. Este hallazgo es significativo ya que el fósil está bastante completo y podría ser uno de los más completos encontrados en la provincia. Los estudios iniciales sugieren que los restos podrían datar del Pleistoceno, entre 700,000 y un millón de años. Los científicos enfrentan desafíos climáticos para extraer el fósil sin dañarlo, pero continúan trabajando en su recuperación.
Durante un paseo por el Valle del Covunco, en la provincia argentina de Neuquén, Jorge Necul se encontró con lo que inicialmente pensó que era un huevo de dinosaurio. Sin embargo, tras la evaluación de expertos, se confirmó que se trataba de un gliptodonte, un mamífero prehistórico relacionado con los armadillos actuales, aunque de tamaño considerablemente mayor y con un caparazón más rígido.
El geólogo Alberto Garrido, director del Museo Olsacher, destacó la importancia del hallazgo. «Aunque en la región pampeana los restos de gliptodontes son comunes, en nuestra área son excepcionales. Este ejemplar es bastante completo; posee gran parte de su coraza y algunos huesos asociados. Es uno de los más completos encontrados en Neuquén», afirmó a medios locales.
Garrido también mencionó que el primer análisis geológico sugirió que los restos podrían tener alrededor de 12 millones de años. Sin embargo, estudios posteriores han puesto en duda esta hipótesis. «Lo más probable es que sea de edad pleistocena, mucho más reciente de lo que se pensaba. Podría datarse entre 700.000 y un millón de años», explicó.
Este descubrimiento es significativo ya que los mapas geológicos existentes no indicaban la posibilidad de encontrar fauna prehistórica en el Valle del Covunco. «Es algo inesperado. Esto nos obliga a replantear nuestras teorías», advirtió Garrido.
A medida que avanzan las investigaciones, los científicos enfrentan desafíos climáticos para extraer el fósil sin dañarlo. Las condiciones invernales complican el fraguado de los materiales necesarios para llevar a cabo esta labor. A pesar de las dificultades, el Museo Olsacher tiene planes de continuar trabajando en la extracción siempre que el clima lo permita.
«Si las condiciones no son favorables y el yeso no fragua adecuadamente, corremos el riesgo de comprometer la extracción del fósil. El clima es uno de los mayores obstáculos, pero no por falta de esfuerzo por nuestra parte, sino debido a las exigencias técnicas del proceso», concluyó Garrido.