El presidente Donald Trump otorgó su apoyo al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman para llevar a cabo una acción militar contra los hutíes en Yemen durante una llamada telefónica el 10 de julio de 2026. Este respaldo facilitó los bombardeos saudíes en el aeropuerto internacional de Sanaa, rompiendo un alto el fuego que había durado varios años. La ofensiva se dirigió a un vuelo iraní que transportaba a una delegación yemení, marcando la primera vez en más de una década que un avión iraní aterrizaba en Sanaa. La escalada del conflicto ha generado preocupaciones sobre un posible cierre del estrecho de Bab el-Mandeb, crucial para el comercio marítimo, y podría impactar significativamente los precios del petróleo. La situación es tensa y plantea interrogantes sobre el futuro compromiso militar de Estados Unidos en la región.
El presidente Donald Trump ha brindado su apoyo al príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, para llevar a cabo una acción militar contra los hutíes en Yemen. Esta aprobación se produjo durante una conversación telefónica el pasado viernes 10 de julio de 2026, según un informe de Axios citado por Antiwar.com. Funcionarios estadounidenses informaron al periodista Barak Ravid que Riad había solicitado respaldo para el ataque en conversaciones con la administración, culminando en la llamada entre Trump y MbS, donde el príncipe pidió explícitamente apoyo para la acción militar y lo recibió.
La autorización precedió a los bombardeos sauditas sobre el Aeropuerto Internacional de Sanaa el lunes 13 de julio, rompiendo así una tregua que había durado varios años entre Riad y el movimiento hutí, conocido formalmente como Ansar Allah. El ataque fue reivindicado por el gobierno "reconocido internacionalmente" de Yemen, que opera desde Arabia Saudita y carece de su propia fuerza aérea, lo que indica que los ataques fueron ejecutados por aviones de guerra sauditas.
Desde 2015 hasta 2022, Estados Unidos apoyó la guerra liderada por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos contra los hutíes, proporcionando asistencia militar e inteligencia durante toda la primera administración de Trump. Este precedente sugiere que Washington también podría haber colaborado en el bombardeo del lunes, según el informe de Axios.
El ataque al aeropuerto de Sanaa tuvo como objetivo un vuelo proveniente de Irán que transportaba a una delegación yemení regresando del funeral del líder supremo iraní Ayatollah Ali Khamenei. Tras el bombardeo, la aeronave se vio obligada a desviar su ruta y aterrizar en la ciudad portuaria yemení de Hodeidah. Las autoridades señalaron que este vuelo marcó la primera llegada conocida de un avión iraní a Sanaa en más de diez años, dado que Arabia Saudita ha mantenido un bloqueo parcial sobre el aeropuerto a pesar del alto al fuego acordado en 2022.
Barak Ravid destacó que el hecho de que Mohammed bin Salman buscara el apoyo de Trump antes de lanzar el ataque indica su preparación ante la posibilidad de un conflicto más amplio con los hutíes, lo cual requeriría respaldo militar y diplomático estadounidense.
En respuesta a los bombardeos sauditas, Ansar Allah lanzó ataques con misiles y drones contra un aeropuerto saudita y advirtió a las aeronaves que evitaran el espacio aéreo saudita hasta que se levantara el bloqueo sobre el aeropuerto de Sanaa. Funcionarios yemeníes advirtieron que una mayor escalada podría llevar al cierre del estrecho de Bab el-Mandeb, una vía marítima crucial que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén. Arabia Saudita ha presionado anteriormente a Estados Unidos para poner fin a su bloqueo sobre el estrecho de Ormuz debido a temores sobre posibles acciones por parte de fuerzas aliadas con los hutíes.
Mohammed al-Farah, miembro del buró político de Ansar Allah, declaró: “Si la situación actual se agrava, los estrechos de Bab al-Mandeb y Ormuz serán cerrados en una alianza operativa. Los precios del petróleo se dispararían entonces a $200 por barril en un impacto devastador.”
A pesar del alto al fuego establecido en 2022, Arabia Saudita ha mantenido parcialmente su bloqueo sobre el aeropuerto de Sanaa. El vuelo procedente de Irán fue reconocido como la primera llegada iraní al aeropuerto en más de diez años. En este contexto más amplio, las ambiciones económicas sauditas bajo Vision 2030 han hecho vulnerable al reino ante interrupciones en la navegación del Mar Rojo; ya hay amenazas hacia puertos clave y rutas comerciales debido a ataques hutíes.
Además, intereses históricos relacionados con infraestructuras energéticas alimentan este conflicto. Arabia Saudita ha estado trabajando en planes para construir un oleoducto trans-yemení que evite el estrecho de Ormuz y proporcione acceso directo a mercados asiáticos; mientras tanto, se cree que Yemen posee reservas petroleras superiores a las combinadas todas las naciones del Golfo Pérsico.
El ataque al aeropuerto de Sanaa y la posterior retaliación hutí marcan un quiebre significativo en la tregua sostenida desde 2022. La creciente relación defensiva entre Estados Unidos y Arabia Saudita—resaltada por la designación del reino como aliado importante fuera de la OTAN por parte de Trump—plantea interrogantes sobre el nivel futuro del compromiso militar estadounidense en Yemen.
La situación se mantiene tensa con potencial para un conflicto regional más amplio; ambas partes intensifican sus retóricas y acciones. Algunos analistas sugieren que Estados Unidos o sus aliados podrían cerrar el estrecho de Ormuz bajo un pretexto falso, desestabilizando aún más los mercados energéticos globales. Los próximos días serán cruciales para determinar si existen salidas diplomáticas capaces de prevenir un regreso a una guerra a gran escala.