China ha aprobado el primer chip de interfaz cerebro-computadora comercial del mundo, conocido como NEO, diseñado para tratar lesiones de la médula espinal y parálisis. Este dispositivo, que se coloca entre el cráneo y el cerebro, utiliza ocho sensores para captar señales neuronales y está a punto de entrar en producción masiva para el sistema de salud estatal. Desarrollado por investigadores de la Universidad Tsinghua y Neuracle Technology, el NEO ha superado ensayos clínicos, mientras que Neuralink de Elon Musk aún espera aprobación de la FDA para su implante más invasivo. A pesar de los avances tecnológicos, surgen preocupaciones sobre la privacidad y la seguridad de los datos neurales, así como los riesgos asociados con los implantes cerebrales. La industria de las interfaces cerebro-computadora está proyectada para crecer significativamente en los próximos años, lo que plantea preguntas sobre la integración futura entre humanos e inteligencia artificial.
China ha dado un paso significativo en el ámbito de la tecnología médica al aprobar el primer chip comercial de interfaz cerebro-computadora del mundo, conocido como NEO. Este dispositivo, del tamaño de una moneda, está diseñado para tratar lesiones medulares y parálisis, y se encuentra a punto de entrar en producción masiva para el sistema de salud estatal.
El NEO fue desarrollado por investigadores de la Universidad Tsinghua en Pekín y Neuracle Technology. El dispositivo ha superado ensayos clínicos necesarios para su venta comercial. Se coloca entre el cráneo y el cerebro, presionando ocho sensores contra la dura madre, que es la capa protectora del cerebro, con el fin de captar señales neuronales.
En contraste, Neuralink, la empresa de Elon Musk, aún no ha recibido la aprobación de la Food and Drug Administration (FDA) para su uso general. Actualmente, Neuralink está probando su implante N1 en nueve pacientes bajo una exención para dispositivos experimentales. Musk ha calificado a la tecnología de interfaz cerebro-computadora como «tecnologías a nivel Jesús» durante un evento reciente en Israel.
Una participante del estudio de Neuralink, Audrey Crews, compartió en una publicación en X: «Intenté escribir mi nombre por primera vez en 20 años. Estoy trabajando en ello.»
A diferencia del NEO chino, el dispositivo N1 es más invasivo ya que perfora la corteza cerebral para acceder a las ondas cerebrales. Avinash Singh, investigador de la Universidad de Tecnología de Sídney, comentó a MIT Review que el diseño chino es menos invasivo, lo que podría explicar su más rápido camino hacia el mercado.
Los expertos advierten que los chips cerebrales podrían permitir a los hackers acceder a datos neuronales sensibles, incluyendo pensamientos y recuerdos. El Dr. David Tuffley, experto en ciberseguridad de la Universidad Griffith, señaló que esta tecnología podría «teóricamente permitir a los hackers acceder a datos neuronales sensibles». Agregó que el hacking podría incluso afectar funciones cognitivas como la concentración o manipular señales motoras que impactan en cómo se mueve una persona.
Las preocupaciones sobre la privacidad son fundamentales en este debate. Un artículo en NaturalNews.com destacó que existen «importantes preocupaciones éticas alrededor de esta tecnología», incluyendo cuestiones de privacidad y vigilancia. La pregunta sobre quién posee los datos extraídos del cerebro es crítica, ya que corporaciones y organizaciones criminales podrían explotarlos.
Elana Freeland, autora del libro «Geoengineered Transhumanism», describe cómo los medidores inteligentes y los dispositivos del Internet de las Cosas recopilan y venden datos a empresas privadas, planteando preocupaciones similares sobre los datos neuronales. Harrison Smith de «The American Journal» ha advertido que el control directo sobre la mente mediante control remoto se avecina.
El dispositivo NEO está diseñado para minimizar daños tisulares al situarse entre el cráneo y el cerebro sin penetrar en el tejido cerebral. Utiliza ocho sensores presionados contra la dura madre y se conecta a un hub externo que convierte las ondas cerebrales en comandos digitales. Hasta ahora, 36 pacientes han probado estos implantes con resultados positivos reportados.
A diferencia del prototipo N1 de Neuralink, que debe perforar la corteza cerebral —lo cual conlleva mayores riesgos como sangrado e infección— Tuffley advirtió que cualquier tipo de implante cerebral puede causar daño físico que afecte cómo funcionan las regiones cerebrales vecinas. El enfoque chino parece priorizar una menor invasividad lo que podría acelerar su aprobación regulatoria.
Los defensores de las interfaces cerebro-computadora vislumbran un futuro donde humanos e inteligencia artificial se fusionen. El capitalista de riesgo Scott Phoenix afirmó durante una charla TED en Vancouver que «estamos al borde de una transición importante: la fusión entre humanos e IA». Según informes, se proyecta que la actual industria valorada en 490 millones crezca hasta 1.7 mil millones para 2035.
No obstante, persisten preocupaciones sobre vigilancia y control. El libro «The Omni War: Decentralizing Humanity Against the Technocratic Onslaught» sostiene que el ascenso de la tecnocracia representa una amenaza para la libertad humana al reemplazar la vida orgánica por una existencia digitalizada y vigilada.
Por otro lado, el Foro Económico Mundial ha sugerido que existen «razones sólidas y racionales» para implantar microchips en niños según un artículo publicado en su sitio web. Estos desarrollos subrayan la necesidad urgente de supervisión cuidadosa mientras avanza esta tecnología.
| Cifra | Descripción |
|---|---|
| 1 | El tamaño del implante NEO es del tamaño de una moneda. |
| 8 | Número de sensores que tiene el dispositivo NEO. |
| 36 | Número de pacientes que han probado los implantes NEO en ensayos clínicos. |
| $490 millones | Valor actual de la industria de interfaces cerebro-computadora. |