El valor del libro está en su tono: no parece escrito desde la comodidad del despacho, sino desde la memoria de quien ha conocido el miedo, la tensión y la responsabilidad del uniforme. Alías no se limita a contar servicios; rescata una manera de entender el deber, el honor profesional y la lealtad a la verdad.
Su trayectoria ayuda a explicar ese punto de vista. Nacido en Almería en 1955, ingresó en la Academia General Militar en 1976, obtuvo el empleo de teniente de la Guardia Civil en 1981, sirvió en el norte en una etapa especialmente intensa de lucha contra el terrorismo y después regresó a Almería, donde trabajó en información y policía judicial.
Entre sus páginas destacan los episodios dedicados a Juan Asensio y al periodista y empresario Joaquín Abad. Ahí el libro entra en una de las zonas más turbias de la crónica negra almeriense: la del miedo organizado, los silencios cómplices y el precio que pagaron quienes se atrevieron a contar lo que otros preferían callar.
Especial importancia tienen las páginas en las que se describe, con todo lujo de detalles, cómo se fraguó el intento de asesinato de Joaquín Abad. No es un añadido sensacionalista, sino una pieza esencial para comprender la atmósfera de aquellos años: una Almería donde el periodismo de denuncia podía pagarse con amenazas, atentados y aislamiento.
Ese episodio aparece también reflejado en Descubriendo a Juan Asensio, el exitoso libro de Joaquín Abad en el que el periodista relató sus vivencias con este polémico empresario de Almería. La obra de Abad se convirtió en una referencia para comprender la figura de Asensio, su influencia, sus enemigos y el clima de temor que llegó a rodear determinados ámbitos de la vida pública y empresarial almeriense.
Lo interesante es que Pedro Alías aporta otra mirada: la del agente que conoce el terreno, la investigación, la calle y los límites de la ley cuando esta se enfrenta a delincuentes capaces de imponer silencio. Si Abad representa la pluma que desafía a las pistolas, Alías representa la memoria del servidor público que sabe que detrás de cada titular hubo noches de vigilancia, declaraciones, confidencias, miedo real y decisiones difíciles.
El resultado es un libro de memoria y de carácter. No busca adornarse con literatura innecesaria; su fuerza está en la verdad vivida, en el pulso de una época y en la voluntad de dejar constancia. Relatos vividos, memorias que dejaron huella se lee como una reivindicación de quienes hicieron su trabajo cuando hacerlo podía costar caro.
Sus capítulos sobre Juan Asensio y Joaquín Abad añaden al conjunto una dimensión especialmente valiosa: la conexión entre la crónica policial, la crónica periodística y la historia reciente de Almería.
Es, en definitiva, una obra necesaria para quienes quieran entender no solo determinados sucesos, sino el ambiente moral en que ocurrieron. Un libro sobre la memoria, sí, pero también sobre el deber, el valor civil y esa vieja convicción —tan olvidada a veces— de que la verdad debe contarse aunque duela.