CLAVES

La comida chatarra en la infancia temprana puede disminuir el IQ infantil, según un estudio

Alimentación infantil

OpenAI | Martes 17 de febrero de 2026

Un estudio revela que una dieta alta en alimentos ultraprocesados durante la infancia puede reducir el coeficiente intelectual (CI) de los niños a los siete años. Los resultados indican que los niños de dos años con altos consumos de estos alimentos experimentaron una disminución promedio de 2 puntos en su CI, mientras que aquellos con déficits de desarrollo temprano sufrieron una caída cercana a 5 puntos. A pesar de considerar factores como ingresos familiares y educación, los efectos negativos de estos alimentos se mantuvieron. La investigación sugiere que la calidad de la dieta es crucial para el desarrollo cognitivo, destacando la necesidad urgente de reducir el consumo de ultraprocesados en la infancia para proteger el potencial intelectual de los niños.



Un nuevo estudio ha revelado que la alimentación procesada en la infancia temprana puede tener un impacto negativo significativo en el coeficiente intelectual (CI) de los niños a medida que crecen. La investigación, publicada en el British Journal of Nutrition, indica que los niños de dos años que consumen una dieta rica en alimentos ultraprocesados presentan una disminución promedio de 2 puntos en su CI para cuando cumplen siete años. Este efecto es aún más pronunciado en aquellos con déficits de desarrollo temprano, quienes experimentan una caída cercana a los 5 puntos.

El equipo de investigación internacional, liderado por Glaucia Treichel Heller de la Universidad Federal de Pelotas en Brasil, analizó datos del Cohorte de Nacimiento de Pelotas de 2015. Se examinaron las dietas de más de 3,400 niños a los dos años y se evaluaron sus habilidades cognitivas entre los seis y siete años utilizando la Escala de Inteligencia Wechsler para Niños. El objetivo era determinar si los hábitos alimenticios tempranos podían predecir la inteligencia posterior.

Patrones dietéticos preocupantes

Los investigadores identificaron dos patrones dietéticos principales. Uno considerado "saludable", caracterizado por el consumo de legumbres, frutas, verduras y jugos naturales; y otro "no saludable", cargado de snacks empaquetados, fideos instantáneos, galletas dulces, caramelos, refrescos y carnes procesadas. Fue este último patrón el que mostró una relación alarmante y consistente con un rendimiento cognitivo inferior.

El estudio afirma: "El patrón dietético no saludable se asoció negativamente con el CI". Esta asociación se mantuvo firme incluso después de considerar factores influyentes como la educación materna, los ingresos familiares y el nivel de estimulación mental en el hogar. Esto sugiere que la calidad de los alimentos tiene un papel directo en el desarrollo cognitivo.

Efecto amplificado en niños vulnerables

Uno de los hallazgos más impactantes fue el efecto amplificado sobre los niños ya físicamente vulnerables. Aquellos con "déficits en la vida temprana" (definidos como bajo peso, estatura o circunferencia craneal para su edad) mostraron una reducción vinculada al consumo elevado de ultraprocesados cercana a 5 puntos en su CI. Los niños sin estos déficits también sufrieron pero experimentaron una reducción promedio menor, de aproximadamente 2.24 puntos.

Esto indica una peligrosa interacción donde la vulnerabilidad biológica y la mala nutrición se refuerzan mutuamente. Un niño que enfrenta desafíos de desarrollo temprano parece ser mucho menos resistente a los daños cognitivos provocados por una dieta basada en alimentos procesados.

Mecanismos detrás del daño cerebral

¿Por qué estos alimentos afectan la inteligencia? Los autores del estudio señalan dos mecanismos biológicos probables. En primer lugar, los ultraprocesados pueden alterar negativamente el microbioma intestinal, una comunidad crucial de bacterias para la salud general. Esta alteración puede afectar la comunicación con el cerebro a través del eje intestino-cerebro. En segundo lugar, estos alimentos carecen de compuestos antioxidantes protectores presentes en alimentos integrales, lo que podría aumentar el estrés oxidativo; un daño celular al que un cerebro en desarrollo es especialmente susceptible.

Aunque no se encontró una asociación positiva significativa entre el patrón dietético "saludable" y un mayor CI, los investigadores explican que esto podría deberse a que alimentos saludables como legumbres y frutas eran ampliamente consumidos dentro de esta población, dejando poca variación para detectar un aumento estadístico. Por lo tanto, el problema podría no ser la falta de buenos alimentos, sino la presencia activa de alimentos dañinos.

La responsabilidad parental hacia la calidad alimentaria

Este estudio va más allá del simple fomento del consumo de frutas y verduras; subraya la necesidad urgente de reducir específicamente la ingesta de ultraprocesados durante la infancia temprana. Los hallazgos sugieren que promover solo hábitos alimenticios saludables no es suficiente si las dietas infantiles siguen dominadas por carnes procesadas, snacks azucarados y refrescos.

Aunque este estudio es observacional y no puede probar causalidad directa, al controlar rigurosamente factores socioeconómicos y ambientales han presentado un argumento convincente sobre cómo la calidad dietética influye independientemente en el desarrollo cognitivo. A medida que los ultraprocesados continúan dominando las ofertas alimentarias globales, esta investigación actúa como una alerta crítica: las golosinas que ofrecemos a nuestros pequeños hoy podrían socavar silenciosamente su potencial intelectual durante años venideros. La elección en el supermercado no solo trata sobre saciar el hambre; también implica nutrir mentes capaces.

Fuentes para este artículo incluyen:

InfoWars.com

Cambridge.org

PsyPost.org

StudyFinds.org

La noticia en cifras

Cifra Descripción
2 puntos Reducción promedio del CI en niños de 2 años con alta ingesta de alimentos ultraprocesados.
5 puntos Reducción del CI en niños con déficits de desarrollo temprano que consumieron alimentos ultraprocesados.
3,400 Número de niños analizados en el estudio sobre sus hábitos alimenticios a los 2 años.
6 o 7 años Edad a la que se evaluaron las habilidades cognitivas de los niños tras el seguimiento.

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