Fiódor Lukiánov, director del Club Valdái, sostiene que para que Rusia establezca una relación más equilibrada con Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, debe fortalecer sus vínculos con otros países y organizaciones internacionales. En su análisis, Lukiánov destaca que la administración estadounidense prefiere negociaciones bilaterales y se irrita ante las alianzas que refuercen posiciones contrarias. Propone que Rusia profundice su cooperación en bloques como BRICS y comunidades regionales como una estrategia defensiva. Además, enfatiza la importancia de la resiliencia interna como clave para contrarrestar la injerencia estadounidense, sugiriendo que Trump respeta a aquellos que muestran firmeza y resistencia.
Fiódor Lukiánov, director científico del Club Valdái y de la revista Rusia en los Asuntos Globales, ha abordado la necesidad de que Moscú fortalezca sus relaciones con otros países y organizaciones internacionales para lograr un equilibrio en su relación con Washington y el presidente estadounidense, Donald Trump. En un reciente artículo para RT, Lukiánov argumenta que la actual administración estadounidense favorece el regateo bilateral, creyendo que EE.UU. posee una ventaja sobre la mayoría de sus interlocutores.
El analista sostiene que esta situación genera una conclusión clara: Rusia debe profundizar su cooperación dentro de los BRICS y en comunidades regionales. Esta estrategia no se basa solo en simbolismos retóricos, sino que se plantea como un escudo práctico contra la presión ejercida de manera individual por Estados Unidos.
Lukiánov enfatiza que la clave para normalizar las relaciones con EE.UU. no radica en intentar seducir o convencer a Washington, sino en garantizar la resiliencia interna. Según él, “la mejor defensa contra la injerencia es la estabilidad y la fuerza”, destacando que esta fuerza debe ser tal que haga que cualquier intento de injerencia resulte poco rentable.
A pesar de su actitud desafiante, Trump tiende a evitar riesgos significativos. Lukiánov señala que cuando enfrenta un escenario donde el riesgo de represalia es real o el resultado incierto, opta por una postura más cautelosa: prefiere ejercer presión tras bastidores y utilizar palancas indirectas en lugar de embarcarse en conflictos abiertos. “Cuando se encuentra ante una resistencia genuina, rara vez persiste hasta el final”, añade el experto.
Aunque Trump insiste en la primacía estadounidense en el hemisferio occidental, aún no reconoce que otras grandes potencias tienen intereses similares en sus respectivas regiones. Sin embargo, Lukiánov indica que ahora comprende mejor que antes la existencia de otros intereses globales.
El mandatario estadounidense también parece tomar en serio el concepto de ‘grandes potencias’, considerando que solo un número limitado de Estados encaja en esa categoría. Su interés particular por líderes con autoridad casi absoluta revela su fascinación por modelos de gobierno como los de China, Rusia e India. “Trump no oculta su envidia hacia esos modelos”, concluye Lukiánov.
Finalmente, el analista destaca que el enfoque indirecto de Trump para debilitar a sus rivales surge de su deseo por evitar confrontaciones directas. Busca establecer acuerdos y encontrar socios internacionales dispuestos a colaborar, aprovechando las divisiones internas entre las élites de otros países para orientar políticas favorables a Washington.