La propuesta de un impuesto sobre la riqueza en California ha generado un intenso conflicto entre el gobernador Gavin Newsom y miembros de su propio partido, así como poderosos intereses sindicales. Newsom se opone firmemente a este impuesto, que busca gravar con un 5% a los ultra-ricos con un patrimonio neto superior a mil millones de dólares, advirtiendo que podría provocar una fuga masiva de capital y talento del estado. Este enfrentamiento revela una división fundamental entre la retórica progresista y las realidades económicas, ya que multimillonarios como Elon Musk y Larry Page han comenzado a abandonar California debido a su clima fiscal hostil. Los analistas advierten que aunque el impuesto podría generar ingresos a corto plazo, resultaría en pérdidas económicas a largo plazo por la migración de ricos. La situación plantea preguntas sobre la viabilidad de las políticas fiscales progresivas a nivel estatal frente a la movilidad del capital.
Un enfrentamiento directo sobre la riqueza, el poder y el futuro de California está tomando forma en Sacramento. El gobernador demócrata Gavin Newsom se encuentra en una lucha contra miembros de su propio partido y poderosos intereses sindicales. Newsom ha prometido combatir con firmeza una propuesta de impuesto a la riqueza estatal que afecta a los ultra-ricos, advirtiendo que esta medida podría provocar una fuga catastrófica de capital y talento del estado dorado. Este conflicto interno entre los demócratas revela una fractura fundamental entre la retórica ideológica de gravar a los ricos y las duras realidades económicas de la movilidad del capital, ya que multimillonarios como Elon Musk y Larry Page ya han comenzado a abandonar California.
Puntos clave:
La propuesta de impuesto no es solo un punto en una futura boleta; es una prueba del valor de una teoría económica progresista que ha fracasado repetidamente en la práctica. El plan, respaldado por el sindicato SEIU-UHW, exige una confiscación única del 5% de los activos de individuos con un patrimonio neto superior a $1 mil millones, aplicada retroactivamente. Los defensores, como la jefa de personal del sindicato Suzanne Jimenez, lo presentan como una necesidad moral, afirmando que «millones perderán atención médica». Sin embargo, este llamado emocional oculta un defecto mecanicista en el esquema: las personas ricas no son elementos fijos en el paisaje; son altamente móviles y su riqueza suele estar atada a activos.
La historia demuestra, desde el fallido impuesto sobre la riqueza en Francia hasta las crisis presupuestarias en Connecticut impulsadas por la migración, que el capital fluye hacia donde es tratado mejor. California ya está presenciando esto en primera persona, con un desfile de sus emprendedores más exitosos votando con sus pies. Los propios analistas del estado admiten que esta política puede resultar contraproducente al intercambiar un ingreso inmediato por pérdidas perpetuas en ingresos fiscales, una herida autoinfligida que perjudicaría finalmente los mismos programas sociales que el impuesto pretende financiar.
La lista de multimillonarios que ya han abandonado California incluye a Elon Musk, Larry Page, Sergey Brin, Peter Thiel, David Sacks y Andy Fang. Estados como Texas y Florida, con poca carga fiscal (ambos sin impuesto estatal sobre la renta), están atrayendo a multimillonarios y generando empleos y riqueza para poblaciones crecientes.
Este conflicto californiano apunta a una verdad más amplia sobre la agenda moderna del Partido Demócrata. La ferviente presión por gravar la riqueza extrema solo puede tener éxito lógicamente a nivel nacional, donde los objetivos no pueden simplemente trasladarse a un estado vecino. La preocupación del gobernador Newsom proviene de entender esta desconexión; está presenciando un experimento estatal que sería un componente clave de una plataforma nacional demócrata.
Si tal impuesto se implementara federalmente, los ricos enfrentarían una elección más drástica: aceptar la confiscación o renunciar completamente a su ciudadanía estadounidense, trasladándose ellos mismos, sus empresas y sus inversiones al extranjero. Esto no es especulación sino una tendencia documentada durante décadas; donde las cargas fiscales crecientes han llevado consistentemente al capital y las sedes al exterior. Por lo tanto, la propuesta californiana actúa como un ensayo prematuro e aislado de una ideología nacional que ya está demostrando ser desastrosa a nivel estatal. Muestra que antes de redistribuir riqueza hay que asegurarse primero de que esa riqueza permanezca dentro de la jurisdicción tributaria; lección que el gobernador está intentando transmitir frenéticamente a su propio partido.
La reacción es bipartidista dentro de la comunidad empresarial. Ron Lapsley del California Business Roundtable advierte que el impuesto «socavaría nuestra economía, devastaría el presupuesto estatal y expulsaría inversión fuera del estado». Mientras tanto, la maquinaria sindical avanza recolectando firmas para una iniciativa electoral que forzaría el tema.
Se avecina una costosa guerra política con el futuro económico de California como premio. El gobernador Newsom se encuentra en la irónica posición de defender a la clase millonaria del estado frente a los elementos más agresivos de su partido; no por afecto sino por un frío reconocimiento de que su partida podría paralizar las finanzas estatales. Al final, esta lucha va más allá de porcentajes impositivos; es un referéndum sobre si California optará por una guerra simbólica entre clases o por preservar pragmáticamente su economía.
Fuentes incluyen:
| Cifra | Descripción |
|---|---|
| 5% | Propuesta de impuesto sobre el patrimonio para individuos con un patrimonio neto superior a $1 mil millones. |
| 200 | Estimación del número de residentes afectados por el impuesto propuesto. |
| $1 mil millones | Patrimonio neto mínimo para ser sujeto al impuesto propuesto. |