CLAVES

José Bono utiliza una puerta secreta para recibir visitas clandestinas en su ático de la calle Velázquez

Joaquín_ABAD | Sábado 29 de agosto de 2015
En los tres años (2004-2006) que José Bono fue ministro de Defensa del primer gobierno de Rodríguez Zapatero, con mando directísimo en el servicio secreto español, se consolidó su gran afición a las reuniones clandestinas y a grabar lo hablado con sus interlocutores.

La costumbre que siempre tuvo, desde que accedió a la presidencia de la comunidad autónoma de Castilla-La mancha, de dejar constancia por escrito o con grabaciones de todas sus conversaciones y reuniones se vio premiada con la ayuda que los espías del servicio secreto le proporcionaron al ser nombrado ministro de Defensa.
Como ya publicó mil21, a partir de que accediera a controlar el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), ahora en manos de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, y nombrara a su amigo y paisano conquense Alberto Saiz Cortés, ingeniero de montes, director del organismo (2004-2009), tuvo acceso a la última tecnología en micrófonos inalámbricos y cámaras camufladas que dieron rienda suelta a su afición.

En el centro de la conspiración

Porque si la información es poder, las pruebas, grabaciones y vídeos dan a su propietario un control absoluto de situaciones, negocios y demás asuntos delicados. Y al ex político socialista José Bono siempre le ha encantado estar en el centro de la conspiración. En el secreto de todo lo que afecta a las grandes operaciones políticas y, por supuesto, a sus negocios.
Mientras fue ministro y posteriormente presidente del Congreso de los Diputados (2008-2011) tuvo asistencia ilimitada en sus reuniones clandestinas, grabaciones de voz y de vídeo, a cargo de los agentes del Ministerio de Defensa.
Se le proporcionaban pisos francos o chalets donde mantenía reuniones, y luego se le entregaba una copia del material para su archivo personal. En la sede del CNI se guardaba el original convenientemente archivado y clasificado.

Medio siglo en la política

Pero la llegada del Partido Popular al Gobierno en 2011 y su cese como tercera autoridad del Estado, dejaron con el pie cambiado a un José Bono que llevaba en la política desde 1970. En aquel año se afilió al Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván, ya que ejercía de pasante del despacho del viejo profesor.
Después de haber ejercido un poder absoluto en los 20 años de Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, tres años como ministro y cuatro como Presidente del Congreso, se quedó descolgado de la política; eso sí, mantuvo en Toledo despacho, secretaria, sueldo y chófer, gracias a su amistad con Pablo Iglesias, líder de Podemos, que dio órdenes expresas de que se mantuviera la oficina de Bono.

Vetado por Pedro Sánchez

Y para mayor desgracia, la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE en el 2014 le aparta de toda influencia al considerar el nuevo equipo dirigente que Bono es un conspirador nato que se dedica a trastear en beneficio propio más que ayudar al partido.​​​
La reunión que mantuvo, en enero de este año, en su ático de la calle Velázquez, con el líder de Podemos, Pablo Iglesias y José Luis Rodríguez Zapatero, sentaron como cuerno quemado a un Pedro Sánchez que a partir de ese momento le retiró el saludo.
Pedro Sánchez retiró el saludo a Bono al enterarse de su reunión con Pablo Iglesiasy Zapatero
El encuentro entre el líder de Podemos y el ex-presidente Zapatero se filtró a la semana de haberse celebrado. Los asistentes pretendían mantener el encuentro en secreto, al igual que otras reuniones que José Bono celebra en su lujoso ático de 260 metros cuadrados de la calle Velázquez, una de las más caras de Madrid en pleno corazón del barrio de Salamanca, con políticos y empresarios para tratar temas delicados.

Reuniones clandestinas

Lo que muy pocos conocen es que muchas de las reuniones secretas de José Bono son totalmente opacas ya que el personaje al que se quiere mantener en el anonimato no accede a la vivienda del político por el portal del inmueble, sino desde el vecino Hotel Wellington.

A los personajes que le visitan en secreto se les indica que tendrán que hacer “un recorrido un tanto inusual”, propio de las películas de James Bond o si, nos retrotraemos en el tiempo, de la Florencia de los Medicis con sus intrigas palaciegas, puertas ocultas y pasadizos para comunicarse entre los palacios.
Las visitas que Bono quiere mantener en secreto acceden al ático desde la azotea del Hotel Velázquez
En este caso, la persona en cuestión una vez en el hall del Hotel Wellington ha de tomar el ascensor hasta la última planta, salir a la terraza y acceder al ático a través de una puerta. Bono adquirió la vivienda por 1,6 millones de euros en 2012 y procedió a su reforma como puede apreciarse en las fotografías.

Dossiers como arma de presión

Por supuesto que todas las reuniones que se mantienen en el ático quedan convenientemente registradas, en sonido y video, engrosando los archivos de Bono. Las fuentes consultadas indican que desde que la vicepresidenta del Gobierno Sáenz de Santamaría controla el CNI, se ha cortado el intercambio de grabaciones entre el ex político y el servicio secreto.
Los cientos de dossiers que José Bono custodia le siguen dando poder para ejercer presión y moverse en sus negocios sin que sea molestado. Quienes le conocen insisten en que genio y figura hasta la sepultura.
Seguirá conspirando, enredando, y nunca dejará de intentar influir en la política que tantas satisfacciones le ha proporcionado. Sus enemigos tiemblan ante la sospecha de los informes que Bono guarda en sus archivos. Incluso se asegura que las grabaciones más comprometedoras están a buen recaudo en cajas de seguridad fuera de España.

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