Greenlanders are preparing for a crucial summit in Washington that could significantly impact the future of their territory and the Arctic region. US Vice President JD Vance is set to host discussions with Danish and Greenlandic foreign ministers, focusing on Greenland's sovereignty amidst rising tensions over its strategic value. Amid concerns about potential US territorial ambitions, many Greenlanders express a desire for independence from Denmark while rejecting American ownership. The meeting comes at a time when geopolitical stakes are high, with implications for NATO relations and security dynamics in the Arctic as global powers like Russia and China closely observe the developments.
La tensión se palpa en Nuuk, la capital de Groenlandia, a medida que se acerca una crucial reunión en la Casa Blanca. El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, recibirá a los ministros de Relaciones Exteriores de Dinamarca y Groenlandia, así como a su homólogo estadounidense, Marco Rubio. El tema central: el futuro de la mayor isla del mundo.
Un gran ticker digital sobre un centro comercial cubierto de nieve en Nuuk repite insistentemente palabras como «Trump», «Groenlandia» y «soberanía» en letras rojas. La inquietud entre los groenlandeses es palpable; muchos interpretan las declaraciones del presidente Trump sobre la isla como una amenaza real.
El clima de ansiedad ha ido creciendo en los días previos al encuentro. Los transeúntes expresan que parece que han pasado años esperando este momento. Amelie Zeeb, una residente local, enfatiza: «Quisiera animar a Donald Trump a usar bien sus oídos, escuchar más y hablar menos. No estamos en venta. Nuestro país no está en venta».
Sivnîssoq Rask, un escritor y músico inuit, comparte su deseo de que Groenlandia sea independiente y bien gestionada: «No queremos ser comprados». Mientras tanto, Maria, con su bebé recién nacido abrigado cerca de su pecho, expresa su preocupación por el futuro de su familia ante toda esta atención internacional.
Sin embargo, la atención internacional sobre Groenlandia no desaparecerá pronto. La situación involucra no solo el destino de la isla sino también un enfrentamiento entre naciones de la OTAN: Dinamarca y Estados Unidos están en lados opuestos. Groenlandia es un territorio semiautónomo danés y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido que cualquier intento estadounidense de tomar control por la fuerza significaría el fin de la alianza transatlántica.
Este conflicto podría causar un daño irreparable a las relaciones entre Estados Unidos y Europa, ya afectadas desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Los líderes europeos buscan mantener al gobierno estadounidense alineado para facilitar un acuerdo sostenible respecto a Ucrania.
Trump argumenta que necesita Groenlandia por razones de seguridad nacional; sostiene que si Estados Unidos no toma posesión de la isla, entonces China o Rusia lo harán. En respuesta a esto, potencias europeas han comenzado a proponer medidas para fortalecer la presencia militar en torno a Groenlandia y el Ártico. Alemania y el Reino Unido están liderando estas iniciativas.
El canciller alemán Friedrich Merz ha manifestado: «Compartimos las preocupaciones estadounidenses sobre la necesidad de mejorar la protección de esta parte de Dinamarca». Además, Patrick Sensburg, presidente de la Asociación Alemana de Reservistas, ha solicitado el despliegue inmediato de una brigada europea en Groenlandia para abordar estos desafíos estratégicos.
Aunque las conversaciones aún están en etapas preliminares y no se han definido números exactos de tropas, ya se discuten posibles despliegues militares en la región. Una propuesta concreta es establecer un "Centinela Ártico" similar al "Centinela Báltico" creado tras la invasión rusa a Ucrania.
El fondo marino del Báltico y del Ártico alberga infraestructura crítica como oleoductos y cables submarinos esenciales para las comunicaciones globales. Oana Lungescu, exportavoz de la OTAN ahora Fellow Distinguida del think tank RUSI, sostiene que hay mucho más por hacer en el Ártico para garantizar seguridad.
Groenlandia ocupa una posición geográfica clave entre Estados Unidos y Canadá por un lado y Rusia y Europa por otro. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ocupó la isla para evitar que cayera bajo control nazi. Aunque después intentó comprarla sin éxito tras el conflicto bélico, ambos países firmaron un acuerdo defensivo en 1951 que sigue vigente hoy.
A medida que se acercan nuevas rutas comerciales debido al deshielo ártico y con recursos naturales valiosos presentes en Groenlandia, Washington observa con interés estratégico este territorio. Sin embargo, muchos groenlandeses desean mantener su independencia frente tanto a Dinamarca como a Estados Unidos; encuestas indican que un 85% rechaza ser parte estadounidense.
A medida que se aproxima esta reunión crucial con Vance y Rubio, Jens-Frederik Nielsen, primer ministro groenlandés, declaró que su país enfrenta una crisis geopolítica: «Si tenemos que elegir entre EE.UU. y Dinamarca aquí y ahora, elegimos Dinamarca». La incertidumbre persiste sobre cómo responderá Washington ante las propuestas presentadas por los representantes daneses y groenlandeses.
Sara Olvig del Centro para Políticas Exteriores y Seguridad de Groenlandia advierte que todo dependerá del presidente Trump: «Es impredecible; si EE.UU. toma Groenlandia por coerción sería el fin del mundo democrático tal como lo conocemos». Mientras tanto, tanto Rusia como China observan atentamente lo que suceda durante esta reunión histórica.