Recientes avistamientos de drones y globos han provocado cierres temporales de aeropuertos en los Países Bajos y Lituania, generando preocupación entre los funcionarios europeos sobre violaciones del espacio aéreo como forma de guerra híbrida. Lituania atribuye estas incursiones a contrabandistas bielorrusos, describiéndolas como un «ataque híbrido» patrocinado por el estado. La situación ha llevado a la Unión Europea a proponer nuevas defensas, incluyendo una «muralla de drones» para proteger sus fronteras. Estos incidentes destacan la vulnerabilidad del flanco oriental de la OTAN y subrayan la necesidad de una respuesta coordinada ante amenazas asimétricas que ponen en riesgo la infraestructura crítica europea.
Recientes avistamientos de drones y globos han ocasionado el cierre temporal de aeropuertos en los Países Bajos y Lituania. Las autoridades europeas expresan una creciente preocupación por las violaciones del espacio aéreo, considerándolas una forma de guerra híbrida. En particular, Lituania atribuye las incursiones con globos a contrabandistas bielorrusos, calificando estas actividades como un «ataque híbrido» patrocinado por el estado. El flanco oriental de la OTAN enfrenta un patrón de violaciones del espacio aéreo, que incluye un incidente con un dron de ataque ruso que se estrelló en Letonia.
La Unión Europea está respondiendo a esta situación con nuevas propuestas de defensa, entre las que se destaca la creación de un «muro de drones» para proteger sus fronteras.
Las interrupciones fueron evidentes. El 24 de noviembre, el aeropuerto de Vilnius en Lituania cerró su espacio aéreo en dos ocasiones durante la noche debido a avistamientos de globos, lo que obligó a desviar vuelos y marcó el noveno cierre desde principios de octubre. Horas antes, el 22 de noviembre, tanto el tráfico aéreo civil como militar en el aeropuerto de Eindhoven, Países Bajos, fue suspendido tras reportes sobre «múltiples drones». El Ministro de Defensa neerlandés, Ruben Brekelmans, confirmó que se tomaron medidas reactivas pero no proporcionó detalles por razones de seguridad, limitándose a afirmar: «La interrupción del tráfico aéreo por drones es inaceptable». Estos incidentes no son aislados; meses recientes han visto cierres similares en Suecia, Bélgica y Dinamarca, creando un patrón continental de molestias aéreas.
Estos eventos han elevado las tensiones regionales y han forzado una reevaluación de la defensa continental, planteando preguntas urgentes sobre la vulnerabilidad de la infraestructura crítica europea ante amenazas híbridas.
Aunque los avistamientos de drones en los Países Bajos permanecen sin explicación clara, las autoridades lituanas tienen una narrativa consistente para sus problemas recurrentes: el contrabando tolerado por el estado desde Bielorrusia. Lituania sostiene que los globos meteorológicos utilizados por grupos criminales bielorrusos para transportar cigarrillos ilícitos son los responsables. Sin embargo, el gobierno considera esto no solo como un delito común, sino como un deliberado «ataque híbrido» orquestado por Minsk. En octubre pasado, la Primera Ministra lituana Inga Ruginiene cerró la frontera con Bielorrusia en respuesta a estos incidentes y declaró: «No se tolerará ningún ataque híbrido aquí». Por su parte, el Ministro de Relaciones Exteriores bielorruso Maxim Ryzhenkov desestimó el cierre como una provocación y trasladó la culpa a «pandillas organizadas lituanas». Este intercambio pone de relieve cómo incluso las incursiones tecnológicas simples pueden convertirse en herramientas potentes para fricciones geopolíticas.
El contexto subyacente convierte estos incidentes en preocupaciones significativas para la seguridad. Lituania, miembro báltico de la OTAN, comparte frontera con Bielorrusia, aliado cercano de Rusia que sirvió como base para la invasión a Ucrania. Esta realidad geográfica amplifica cada violación del espacio aéreo.
Este patrón resalta una región al borde del conflicto donde la guerra rusa en Ucrania se extiende más allá de sus fronteras. Un precedente histórico inquietante ocurrió en 2022 cuando un misil extraviado durante una intercepción aérea ucraniana causó la muerte a dos personas en Polonia, alterando brevemente las relaciones entre la OTAN y Rusia y demostrando cuán rápidamente pueden escalar las incursiones accidentales. Los actuales incidentes con drones y globos —sean actos provocativos o errores operativos— desafían las defensas de la OTAN y revelan vulnerabilidades sistémicas a lo largo del frente más expuesto de la alianza.
Frente a esta amenaza persistente, las instituciones europeas están tomando medidas para reforzar sus defensas. La Comisión Europea ha presentado propuestas ambiciosas para proyectos clave destinados a estar operativos para finales de esta década. Central a esta nueva estrategia está la Iniciativa Europea para la Defensa contra Drones, comúnmente conocida como el «muro de drones». Este sistema avanzado está diseñado para proporcionar detección completa y neutralización eficaz contra drones hostiles. Otro proyecto importante es Eastern Flank Watch, que busca integrar sistemas de defensa aérea y contra drones junto con seguridad marítima en los mares Báltico y Negro. Este esfuerzo concertado representa un cambio fundamental al reconocer que las fronteras europeas deben ser defendidas contra una nueva generación de amenazas asimétricas dirigidas a infraestructuras civiles.
Los cierres temporales en los aeropuertos de Vilnius y Eindhoven son más que simples interrupciones del transporte; son síntomas de un entorno securitario más amplio y precario. Los cielos sobre Europa Oriental se han convertido en un dominio disputado donde las líneas entre contrabando criminal, provocaciones patrocinadas por estados y exploraciones militares están deliberadamente difuminadas. A medida que los aliados de la OTAN enfrentan estas incursiones persistentes, el desarrollo coordinado del «muro de drones» y unas defensas mejoradas para el flanco oriental indican una aceptación clara: ha terminado la era pasiva respecto a la soberanía del espacio aéreo. El reto ahora consiste en construir un escudo que sea tanto resistente como ágil frente a amenazas tan económicas como numerosas y disruptivas.
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