OPINIÓN

El cuaderno gris, de Josep Pla i Casadevall

Juan Carlos Gaeta | Viernes 24 de abril de 2020

Día 41

¡¡Buenos días cuaderno!!

"8 de marzo - Como hay tanta gripe, han tenido que cerrar la universidad. Desde entonces, mi hermano y yo vivimos en casa, en Palafrugell, con la familia. Somos dos estudiantes ociosos. A mi hermano, que es un gran aficionado a jugar al fútbol - a pesar de haberse roto ya un brazo y una pierna -, lo veo solamente a las horas de comer. Él hace su vida. Yo voy tirando. No añoro Barcelona y menos aún la universidad. La vida de pueblo, con los amigos que tengo aquí, me gusta... 9 de marzo- Parece que es obligado, en esta clase de escritos, hacerlos preceder de unas notas biográficas. A mí, personalmente, me entretiene muchísimo leer memorias, reminiscencias, recuerdos, por muy humildes y vulgares que se sean. Si estas notas se salvan de la quema, quizá algún día les echará un vistazo algún pariente mío lejano o alguna persona curiosa y desocupada. He nacido en Palafrugell el 8 de marzo de 1897...".

Así comienza El cuaderno gris, de Josep Pla i Casadevall, libro que muchos sitúan en lo más alto de su vastísima producción de grafómano compulsivo (más de 30.000 páginas recogidas en una obra completa de 46 volúmenes). El libro, con estructura de dietario, narra una serie de vivencias cotidianas e impresiones entre 1918 y 1919, cuando era un estudiante de Derecho de en la Universidad de Barcelona. Una epidemia de gripe provoca el cierre de las facultades y Pla retorna a su pueblo, Palafrugell, al hogar familiar. En ese momento arrancan las anotaciones.

Que en el mundo han habido otras pandemias, es palmario; y que durante ése tiempo hubo quiénes supieron sacar provecho, también. Cuentan que durante la Gran Peste de Londres, entre los años 1665 y 1666 y que acabó con la vida de casi 100.000 personas en Inglaterra y más de una quinta parte de la población de Londres, la gente moría en las calles, el hedor era insoportable y el sistema de alcantarillado londinense no ayudaba a erradicar una peste incapaz de ser tratada por los médicos de la época. Muchos negocios cerraron y hasta el monarca Carlos II de Inglaterra abandonó la capital a su suerte confinándose junto con su familia y corte en Oxford. Al norte de Londres residía el joven Isaac Newton quien a sus 23 años realizaba investigaciones y proyectos matemáticos en la Universidad de Cambridge. A partir de los trabajos de John Wallis abordó el teorema del binomio y desarrolló un método alternativo conocido como el cálculo de fluxiones. Pero sus estudios en Cambridge terminaron cuando el centro decidió cerrar debido a la enfermedad que se propagaba por doquier. El que fuera uno de los físicos más importantes de la historia se recluyó en Woolsthorpe, en el condado de Lincolnshire. Allí se mantuvo, alejado de la gente, durante casi dos años. Esos años en los que la universidad seguía cerrada los dedicó a la investigación y enriquecimiento cultural de manera autodidacta. Ese confinamiento inducido por la Gran Peste se convertiría en uno de las mayores aportaciones científicas de la historia de la humanidad. La Teoría de la Gravedad.

Cada uno es muy libre de tomarse el periodo de confinamiento como tenga a bien hacerlo, faltaría más. Pero desaprovechar nuestro tiempo, el de cada uno, que es lo único que en realidad poseemos porque nadie nos lo puede devolver nunca jamás, produce aflicción y pena. Aflicción y pena...

Cuando veo cómo en las redes sociales proliferan imágenes de pasteles, y que por lo visto a los más narcisistas les es necesario para seguir intentando demostrar al mundo que existen, echo muchísimo de menos la presencia de los cientificos y los investigadores advirtiendo que quizá el virus se mueva mejor en cuerpos con exceso de azúcar. (Puede que si en vez de salir en las ruedas de prensa tanto militar, tecnócratas, asesores variopintos y toda la corte celestial de toda ésta panda que se ha apoderado del poder, más todos los neófitos que se están intentando subir al carro de los que NO PRODUCEN NADA, lo hicieran los que de verdad saben, el pueblo llano se empezaría a cuidar como hay que hacerlo).

Puede, incluso, que el "ayuno intermitente" pudiera ser efectivo para ayudar a regular todos los organismos que han pasado de una actividad normal a otra actividad que se acerca al cero absoluto durante el confinamiento al que todos nos hemos visto obligados a realizar. Puede...

A lo mejor si en vez de poner al frente de lo que en principio es una crisis sanitaria a militares, tecnócratas, asesores variopintos y toda la corte celestial de toda ésta panda que se ha apoderado del poder, más todos los neófitos que se están intentando subir al carro de los que NO PRODUCEN NADA, se pusiera a los que más saben, que son los científicos e investigadores, alguien podría explicar si un suplemento de zinc ayudaría a que nuestros organismos estén mejor preparados para el virus. A lo mejor...

Ayer platicaba con una persona con un sentido común fuera de lo común y con una inteligencia natural digna de admiración; y me decía que era muy difícil poder ayudar a todo el mundo a la vez. Y seguramente tenga toda la razon del mundo, pero como dice el Hidalgo más universal, "sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca. Así que no debes congojarte por las desgracias que a mí me suceden, pues a ti no te cabe parte dellas". Muchísimas gracias por la conversación y por aportarme tu punto de vista. Como todo buen estudiante aplicado, y lápiz en mano, tomé buena nota de tus conocimientos.

Hacer el bien cuesta exactamente lo mismo que hacer el mal, pero con una gran diferencia: hacer el bien satisface, y mucho, a todo aquél que lo realiza.

Intenten ser felices.


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