OPINIÓN

Del kaos al logos (XXXXVII): Conocimiento del esfuerzo y el sacrificio

Carlos González | Sábado 25 de enero de 2020
Cuando hemos esbozado la Teoría General de los Conflictos (TGC), hemos dejado claro que la vida, tal como se presenta ante nosotros, es un conflicto permanente de fuerzas en constante contraposición y competencia.

También sabemos que en función a las circunstancias, triunfan unas fuerzas o las otras. O incluso se alternan en el predominio. Solo porque observamos el cambio determinamos que esa sociedad, o cualquier aspecto natural, está “Vivo”. Ello nos lleva a decir que Vida y Conflicto son la misma cosa.

¿Qué provoca esa competencia y confrontación constante para sobrevivir en las mejores condiciones posibles, única orden que nos da nuestra madre naturaleza? El que para seguir en el Juego de la Vida es imprescindible el Esfuerzo y el Sacrificio.

Si la gacela quiere sobrevivir ha de correr lo suficiente, estar pendiente de las emboscadas y defender a sus crías. Si el león quiere seguir vivo ha de esforzarse y buscar la mejor manera de vencer a su presa si quiere comer. En todo caso ese es un gran sacrificio que puede llevarles a ambos animales a disponer de mucho gasto de energía para llevar a cabo sus actividades de huir, o conseguir cazar y, por ello, comer.

Ha sido el esfuerzo y el sacrificio a lo largo de millones de años lo que ha producido la agilidad y destreza de la gacela, y las habilidades de caza, incluso de organizaciones de lobos o leonas, como si de expertos generales se tratase, para poder llevar a buen término la estrategia frente a un oponente tan rápido, ágil, o vigilante.

Como lo que estamos haciendo es estudiar a los Grupos Sociales Organizados (GSO), ya disponemos del conocimiento de que han sido las sociedades y culturas que mejor han tratado, de forma inconsciente o estudiada, el tema del esfuerzo y el sacrificio, sus formaciones y recompensas, lo que ha hecho –a veces casi en exclusiva- que esas culturas fuesen muy superiores a su oponentes, y más tarde, cuando inevitablemente se enfrentaron por el espacio vital, las más esforzadas triunfaron sin duda alguna sobre las más vagas y laxas.

En los grupos animales deducimos claramente que no hay duda, no se anquilosan, no para nunca la competencia, y el esfuerzo y sacrificio es constante. El más fuerte, a veces con algo de suerte, siempre triunfa por su esfuerzo, y generalmente los más adaptados son los que rigen la jerarquía de la manada.

En la historia de los grupos humanos ya fue Confucio en el S. VI (AC), el que promovió de forma consciente su reconocimiento, y la enseñanza del mérito como mecanismo de valoración social. Desarrolló los inicios del estudio intelectual de este espinoso tema, a la vez que ya dejó claro que de esa forma los grupos sociales, en su caso el imperio Chino, se desarrollaría mejor y triunfaría si seguía ese método, y abandonaba el de la Casta y el privilegio de nacimiento.

No podemos dejar de lado que ha sido uno de los mayores caballos de batalla de la historia conocida. Casi todas las revoluciones surgieron cuando no se valoró el mérito y las nuevas élites solo ascendieron barriendo la anterior, porque no se les reconocía el esfuerzo por el sistema imperante.

Ya conocemos los resultados y ahora ya hay oposiciones para alcanzar las plazas en la jerarquía administrativa, y las universidades son casi gratuitas. Las sociedades ya propugnan mejor que antes el hecho de que los que estudien y demuestren estar más preparados sean los que alcancen los mejores puestos para regir y dirigir ese GSO.

La posible crítica para que estemos atentos y comprobemos si estamos equivocados en nuestros objetivos ideológicos surge ante el hecho de que al propugnar “El estado del Bienestar”, lo que ocurre es que no se concibe del todo el Sacrificio y este no se valora porque no hay objetivos. Puede que si perseguimos lo anterior precisamente el objetivo es que no haya sacrificio ni esfuerzo al alcanzar ese tan valorado, “Estado del bienestar”. Quizá debamos leer a Aldous Huxley y su, Un Mundo feliz, y extraer las conclusiones adecuadas.

El conocimiento que debemos manejar sin dejarlo nunca de lado, es que es el Esfuerzo y el sacrificio, y la consecución de objetivos, valorando y dando mérito a ese trabajo, lo que no solo estabiliza y facilita el equilibrio emocional al individuo, y le hace sentirse integrado en ese grupo social, si no que ese mismo grupo social funciona y triunfa si sus individuos se esfuerzan, hay sacrificios individuales y sub-grupales y todo el equilibrio social se basa en el mérito individual y de los colectivos menores. De esa forma nadie experimenta la “Injusticia”.

Hemos de ser conscientes que el esfuerzo y el sacrificio es imprescindible y es uno de los principales equilibradores del funcionamiento ordenado de un grupo social.

Sobre el autor

Carlos Gonzàlez-Teijòn es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, y de reciente aparición “El Sistema”, de editorial Elisa.

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