OPINIÓN

Del kaos al logos (XXXVII): Ley de la Responsabilidad, o Ley de la Respuesta

Carlos González | Jueves 26 de septiembre de 2019

Primero comprobemos si nos vale o no la palabra, responsabilidad, porque nos dice la RAE: “Deuda, obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de cualquier causa legal”.



No parece que nos pueda ayudar mucho. Es una ley que debemos explicar, para ello hemos de resolver los problemas de lenguaje. Ya he llamado a este problema en mi primer libro, la guerra de los conceptos, por eso, para entendernos, quizá es mucho mejor que la denominemos, “Ley de la Respuesta”. Porque con esta acepción, una de las que nos dice la RAE es: “Acción con la que alguien corresponde a la de otra persona”. Es mucho más apropiada esta denominación que la de responsabilidad, que más parece propia del mundo del derecho.

Por respuesta entendemos lo que las otras partes van a reaccionar ante nuestra acciones, lo mismo que nosotros respondemos a los demás cuando nos agreden, nos apoyan, o incluso, cuando se manifiestan indiferentes con nosotros si solicitamos su apoyo.

En base a la explicación anterior, hemos de tener en cuenta, al estudiar la Ley General de los Conflictos (LGC) y su aplicación para analizar cualquier acción en la vida, cualquier hecho, que debemos estudiar, incluso de forma previa, cuál va a ser la respuesta que las distintas partes realizarán ante una acción que yo inicie. Lo mismo debo estudiar qué posibles respuestas realizaré yo ante las acciones de los demás, y cual puede, de nuevo, ser la más favorable a mí, ante la nueva respuesta que realicen a mi contra-acción. Y así sucesivamente. De acuerdo con la Ley de la dinamicidad, debo saber que este comportamiento general no cesa nunca. La vida es dinámica.

Aunque ya sabemos que no solo es un tema legal, en el juego de la vida la responsabilidad es la respuesta que los demás realizarán a nuestras acciones. Este principio está ligado al movimiento constante. Todo movimiento genera una nueva situación diferente de la anterior frente a la cual las demás partes en un conflicto están obligadas a reposicionarse. Porque también sabemos que nada puede jamás volver a la situación previa. Todo cambio, por el principio de poder relativo, genera nuevas situaciones.

Una vez que una parte adopta una nueva posición, o aparece una nueva fuerza en el escenario, aunque todas las partes implicadas quisiesen la situación anterior que tenían, nunca podrían volver a ella porque ya habrían existido movimientos diferentes, aunque sólo fuese la existencia de este pacto multilateral de volver a la situación anterior. Antes del movimiento de la parte, el pacto no existía.

Debido a estas condiciones, cada parte, una vez que ha realizado un acto, un movimiento, que genera cambios en el exterior, será siempre quién debe enfrentarse a las reacciones exteriores que haya provocado de forma directa o indirecta.

Un ejemplo: todo aquel que genere dolor a un semejante deberá estar preparado, porque a nadie le gusta sufrir; por lo que, quien ha padecido la agresión reaccionará y buscará la responsabilidad de esa reacción en quien considera culpable. La reacción se ajustara, si el sujeto paciente puede hacerlo, a la medida del dolor sufrido; y si no lo consigue, inmediatamente acumulará esa experiencia en su cómputo de dolores y cuando esté en disposición de devolver ese dolor optará, o por exigir una compensación, o por obligar a una promesa por parte del sujeto agente, de que nunca volverá a suceder.

En resumen, esta importante Ley de la TGC nos enseña que cada parte que inicia una acción, ha de esperar, siempre, la respuesta de las demás partes afectadas, y ha de hacer frente a las mismas. Como todo inicio de movimiento siempre es una fuerza a aplicar sobre los demás, por la cual tratamos de contrarrestar la suya, a partir de ese inicio se ponen en juego todas las leyes de la TGC porque cada parte tratará de Existir (Ley de la existencia), para ello se enfrentará a nosotros, entrará en juego la Ley de la Competencia constante, porque todos estamos sometidos a la Ley de la Expansión constante. De nuevo entra en juego la Ley de la Libertad de parte porque seguiremos tomando decisiones, aunque sabemos que lo haremos en función a los dolores recibidos (Ley de la Conducción) en tanto los soportemos o nos venzan. Y de nuevo, seguirá esta Ley (Ley de la Respuesta), porque, en relación a las nuevas decisiones que adoptemos, seremos de nuevo responsables de las mismas.

Sobre el autor

Carlos González es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, y de reciente aparición El Sistema, de editorial Elisa.

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