OPINIÓN

Del kaos al logos (XXXI): Ley de la estructura

Carlos González | Lunes 22 de julio de 2019
Siguiendo con la definición de la RAE, por Estructura entiende: “Modo de estar distribuidas las partes de un todo y relación que puede establecerse entre ellas”.

También conocida como Ley del equilibrio relativo, porque cada Parte que se manifiesta, y por la tanto entendemos que “existe” en la naturaleza, no es más que un “Equilibrio relativo y circunstancial” de otras fuerzas menores que se manifiestan frente al exterior y compiten como una voluntad autónoma. Estas, al unirse y actuar como una voluntad única definida, se constituyen en parte interviniente en ese conflicto determinado. Y, a su vez, esa estructura, en relación directa con la Ley de la Identidad, no es más que el resultado evolutivo de su experiencia vital, de su lucha por sobrevivir. La estructura de una parte la ha creado el conflicto con sus competidores, que, para hacerles frente, ha pervivido con esa “estructura de combate”.

La estructura de cada parte no es más que un conjunto de fuerzas organizadas en equilibrio para competir con voluntad propia contra sus competidores. Ejemplo, un cuerpo humano es una organización de células, una nación una organización de individuos, el sistema Solar es una organización de astros, etcétera.

La lucha por la supervivencia es la lucha por mantener ese equilibrio de estructura. Roto el mismo se produce la desaparición o destrucción de la parte. Esta fuerza nuclear se produce siempre en el interior de cada parte, y se mantiene viva hasta que es destruida, hasta que desde el exterior se rompe ese equilibrio.

Por eso comprobamos en la naturaleza que una vez alcanzado el equilibrio de las fuerzas en tensión que participan en un conflicto determinado, éste se mantiene permanente mientras otra fuerza, que aparece como nueva, o una de las existentes que cambie su estado, no ocasione una modificación de las existentes. Por ejemplo, el cambio brusco de clima, de presión atmosférica, etcétera. Esta nueva fuerza o situación es la que altera ese equilibrio.

Es decir, el cambio, y esto es lo importante, siempre procede del exterior de las partes que en ese momento se mantienen en equilibrio concreto y circunstancial. Si no hay una influencia exterior, esas fuerzas, por sí mismas, no alteran su equilibrio (a un cuerpo animal sólo lo destruye un contrario con la agresión física o un virus o bacteria con la destrucción de la organización celular). Esto explica por qué, cada parte, cada individuo, cada especie que lucha de forma feroz por mantenerse con vida, por mantenerse activa en el conflicto de la vida y seguir compitiendo con las demás partes, lo hace manteniendo la estructura que la forma. Ya sea de células, individuos, tribus o regiones.

El Principio de la Relatividad respecto a la masa, de Albert Einstein, dice: «una masa en movimiento, si no sufre un rozamiento de otra fuerza, se desplazaría constantemente sin detención alguna por todo el universo».

Ninguna voluntad cambia nunca por sí misma, siempre permanece en igual equilibrio durante la eternidad, porque ella misma no es más que ese equilibrio de fuerzas interiores alcanzado circunstancialmente en ese momento. Esta ley explica que sociedades como las del Amazonas, al no sentir presión exterior ni cambio ecológico brusco, sigan viviendo igual, sin cambio alguno. Desde dentro nunca surge el cambio, excepto que aumente la fuerza de una de las partes que conduzca a la pérdida del equilibrio con ese entorno, ésta siempre viene derivado del conflicto exterior y sus consecuencias. Otro ejemplo claro es el hecho de que las distintas especies vegetales y animales han subsistido mientras se han mantenido las circunstancias climáticas o ambientales, y sólo han cambiado, se han perfeccionado, cuando han tenido que hacer frente a un nuevo medio hostil. Aquellas que consiguieron adaptarse pervivieron, el resto no lo logró. Esto explica la creación de los elementos pesados de la tabla periódica. Estos se han creado por las fortísimas presiones exteriores que han destruido esos átomos y los transformaron en otros con mayor carga atómica.

No descubro nada, aunque es posible que sea necesario recordarlo, que cada elemento o “Parte” en el conflicto diario de la naturaleza no es más que una organización de células, y en el fondo, una organización de átomos, que a su vez, no es más que una distinta organización de Protones, Neutrones y Electrones.

Lo único que diferencia a una parte de otra no es más que cómo estén estructurados los mismos elementos de los que estamos todos compuestos. Todos somos la misma y única… Masa, lo que nos diferencia es el ser… Barras, Hogazas o Bollos.

Sobre el autor

Carlos González es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, y de reciente aparición El Sistema, de editorial Elisa.

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