13 de agosto de 2020, 6:54:30
OPINIÓN


El estado del estado (XIII): Ortigueira

Por Carlos Pérez

Yony nos ha salido un poco viajero. Pero también es cierto que si quiere elaborar un buen informe sobre nuestra estructura psicológica ha de intentar conocernos al máximo, y, por supuesto, visitar y apreciar nuestras fiestas. Como le resulta muy fácil subirse a la nave y en pocos minutos recorrer España, en este caso decidió acudir al famoso festival de música celta de Ortigueira.


No es moco de pavo, ya se celebró el año pasado la 35 edición. Y disfrazado de un festivalero más, con sus rastas y todo, allí se presentó en la villa de la famosa bahía entre los dos cabos más al norte tanto de la península como del estado Español, Ortegal y Estaca de Bares. En dicha localidad, cada año, en esta semana que coincide con las fiestas del Carmen, se celebra un festival de música al que acuden desde Bretones hasta Galeses, pasando, ¿como no?, por Irlandeses y Escoceses, y los patrios, desde Cántabros a Asturianos y por supuesto, Gallegos. También de distintas nacionalidades que tocan y celebran esta maravillosa música, este año actuó un grupo del mismo Japón. La gente vibró con ellos y con los bailes de su componente femenina como si de verdaderos Irlandeses se tratase, ¡Qué pasada de japos!.

Además, en esta ocasión, la inauguración real correspondió al más famoso de estos grupos, los bretones, Wendal. La gente joven se entusiasmó con ellos y bailó al son de la famosísima flauta de su principal fundador. Yony, que tuvo que informarse, leyó acerca del año 1.977 cuando en el conocido colegio mayor de Madrid, San Juan Evangelista, actuaron este grupo con su fantástica y sorprendente música. Ya en dicha celebración, se sorprendió al comprobar algún relato de la época en el que destacaban que ya entonces, entrar a escuchar aquel día a estos fantásticos muchachos era necesario ir cortando el aire a machetazos del que caían jirones de hasta dos kilos. Sí, sí, también en aquellas añadas los porros corrían a raudales y casi todo el que estaba en dicho local, o era fumador activo, o pasivo, pero allí… ¡Madre mía!

En esta ocasión no fue diferente, Yony pudo colocarse gratis los cuatro días, porque estuviese donde estuviese, hablamos de la explanada frente al escenario, claro, era imposible no aspirar bocanadas completas del famoso componente. ¡Estos jóvenes!.

Pudo comer buen pulpo a raudales y hasta filloas, sin dejar de lado el Albariño y el Ribeiro, aunque triunfaba mucho el famoso Berciano, Godello. La gente encantadora, los paisanos de maravilla. Galicia siempre es un encanto para todo el que decide visitarla.

Las reflexiones de Yony, para su informe, van siempre en la misma dirección. “¿Cómo los humanos no aprendemos que podemos acudir todos, seamos de la nacionalidad que seamos, a disfrutar de esa u otras maravillosas músicas?, que la convivencia es posible, que en el fondo, y casi siempre en la forma, todos queremos lo mismo: compartir, comer, beber, disfrutar y estar felices alrededor de los demás”.

¿Qué mundos oscuros llevan a muchos humanos, casi siempre del género masculino, a iniciar guerras absurdas por este territorio o por aquella lengua, por este dios o por aquella ideología, donde, en todas, absolutamente en todas esas situaciones, todos terminan llorando y lamentando lo sucedido?. ¡Qué absurdos resultan los lamentos de porqué ha sucedido!, y más absurdas todavía, aún, las promesas de que, ¡nunca se debe repetir!. No hay más que seguir la prensa internacional para comprobar cómo se está preparando otra y este este caso, por el tipo de armamento, puede ser con mucho, bastante más gorda.

Yony ahora prefiere quedarse en Ortigueira. Disfrutar del recuerdo de esos maravillosos días. Saber que hay muchas personas de todas esas nacionalidades que acudirán a festivales de música como esta con el único fin de compartir. De disfrutar la alegría de la música y de la convivencia, y también, ¿por qué no?, cerrar los ojos y ver al maravilloso Panoramix haciendo su pócima, en medio de la explanada ante el escenario al lado del mar, con las hierbas de los bosques gallegos, y al engullirla nuestros queridos Asterix y Obelix, puedan con la fuerza misteriosa que les proporciona, parar a tanto loco que, en vez de bailar la música y disfrutar, se empeña en llevar a los jóvenes ingenuos a la batalla y a la destrucción.

En fin, ¡Viva Ortigueira y su festival del mundo Celta!

Sobre el autor

Carlos Gonzàlez-Teijòn es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de editorial, Letras de autor.

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