13 de agosto de 2020, 6:44:49
OPINIÓN


El estado del estado (IX): En defensa del conocimiento

Por Carlos González

Pensaba Yony, al observar la mentalidad de la gran mayoría de los habitantes de los estados más desarrollados, que si pudiese se dirigiría a los habitantes del planeta Tierra con el fin de realizar una clarísima proclama en defensa del “Conocimiento”. De lo que aquí es conocido como el conocimiento científico. Él sabe que se denomina así porque el pensador, René Descartes, con ese nombre lo recogió porque era el que se obtenía al aplicar un método de trabajo al que mismo autor denominó, “Método científico”.


En esa proclama les pediría que sin prisa, pero sin pausa, fuesen abandonando el mundo mental en que habían discurrido hasta la actualidad, en el que predomina mucho aliño de Mitos y dogmas más que de razonamientos, e hiciesen un poco de caso a ese viejo pensador francés y comenzasen a aplicar dicho método de obtención de dichos conocimientos. Una vez obtenidos estos, que sobre ellos se basasen las tomas de decisiones y el ordenamiento de las conductas tanto individuales como públicas.

Y le pedía mucho el cuerpo hacerlo con el fin de dejar de una vez claros ciertos conceptos:

Primero.- No deberíamos seguir los humanos –tal como hacía siglos se había abandonado en su mundo- creyendo que la ciencia es una nueva religión. No debíamos seguir con esa mentalidad dogmática por la que ayer seguíamos unos preceptos y hoy los cambiamos por otros aunque les llamemos científicos. Y ahora defendemos lo que se llama ciencia con el mismo fanatismo que ayer defendíamos “verdades” religiosas. No y mil veces no.

Segundo.- La Ciencia no es la verdad, repetiría, “la ciencia no es la verdad”, porque tal como ya ha dicho hace mucho tiempo un humano austríaco, Karl Popper, “La ciencia no es la verdad, sino la mejor aproximación a la verdad de la que hoy disponemos”. Es el mejor conocimiento que sobre un tema, objeto o sustancia disponemos hoy, pero eso es buenísimo, porque significa que seguiremos avanzando y mañana sabremos un poco más.

Tercero.- el mundo del Conocimiento es por definición inabarcable. Porque es un todo. Solo podemos ir avanzando en el mundo del conocimiento un poco más cada día. Lo que podemos obtener son conocimientos por separado. De temas o cosas puntuales concretas. Sobre la composición del agua, o de la luz. Y solo después, uniendo muchos de esos pequeños conocimientos por separado podremos combinarlos todos y tomar decisiones y orientar nuestra conducta en base a esos conocimientos. Pero como nos faltarán muchos otros, por definición nuestra conducta siempre será un poco errónea. Pero, por supuesto, un poco menos errónea que si no utilizásemos esos pequeños conocimientos de los que hoy disponemos. Y el hecho de equivocarnos, al apreciar y valorar el resultado, es cuando aprenderemos un poco más de la combinación de ese conjunto de conocimientos. De esa forma nuestro conocimiento global se irá agrandando y el próximo error será un poco más pequeño o menos estrepitoso.

Cuarto.- Esos conocimientos de aspectos concretos siempre serán, por su propia definición, “Relativos” a esos aspectos concretos, porque de cualquier acción o propuesta siempre desconoceremos muchos datos. Porque si quisiésemos conocer “a priori” todos esos mínimos detalles necesitaríamos un ordenador de almacenaje de información que nos podría llevar semanas leerlo. Por eso necesitamos adentrarnos siempre un poco en la aventura y aprender con la nueva implantación. Nos pongamos como nos pongamos siempre, irremisiblemente, estaremos investigando y aprendiendo con nuestras decisiones y acciones concretas. Ya lo decía el poeta, “Se hace camino al andar…”.

La conclusión es clara, no existe la verdad absoluta ni el conocimiento absoluto, sino conocimientos concretos que vamos aprendiendo con la experiencia y cada día disponemos de un poco más.

Es necesario que seamos conscientes plenamente de esta realidad. Que estudiemos cada día un poco más el mundo que nos rodea y con el que inevitablemente tenemos que relacionarnos. Que dispongamos de los máximos conocimientos objetivos y sobre ellos tomemos nuestras decisiones, porque esos pequeños conocimientos nunca nos van a fallar, el agua siempre será agua, y si la analizamos sabremos si es potable o no.

Lo demás sí que son auténticos cuentos de Hadas. Y no de la madrina... Precisamente.

Sobre el autor

Carlos Gonzàlez-Teijòn es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de la editorial Letras de autor.

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