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La nueva clase política

La nueva clase política

Una de las conclusiones de los últimos resultados electorales es el rechazo de los españoles a los políticos tradicionales. Es verdad que los resultados electorales han creado una situación, primero en Andalucía y más tarde en el resto de España, cuya única salida es la política de pactos, lo que obligará a los diferentes partidos, probablemente, a dejar a un lado una parte de su ideario para poder alcanzar una solución.

Pero también es cierto que, para el que quiera entender el mensaje, se hace necesario cambiar algunos conceptos, de lo que se deduce que los españoles, y esta es la parte positiva, asistiremos a una metamorfosis de los candidatos a ocupar las diferentes poltronas tanto en el ámbito municipal, autonómico o nacional... incluso en el europeo.

El electorado quiere, y este es un nexo común para los votantes de la mayoría de las formaciones, candidatos alejados del boato politiquero; personas dispuestas a trabajar para resolver los problemas que surgen en el día a día, que tengan los pies en el suelo; alejados de la sutil ironía de la promesa como estrategia o ubicados en el escenario de la corrupción.

Pero para alcanzar el perfil de ese nuevo candidato, se hace indispensable también un compromiso por parte de los votantes: leer y enterarse del contenido de los programas ideológicos de cada partido con vistas a una consulta, así como conocer el compromiso adquirido por cada partido político. Saber, en definitiva, si en los grandes asuntos públicos, los españoles pueden tomar parte de sus decisiones o, si por el contrario, es el partido, a través de sus líderes, quien toma la iniciativa argumentando que millones de votos le han ofrecido esa posiblidad.

La democracia requiere que los ciudadanos se tomen el interés necesario para no dejarse manipular por los políticos de turno, y que los partidos no escondan oscuras estratégias que luego se transformen en lamentables decisiones. Porque la democracia es un asunto de todos; un régimen participativo en el que el ciudadano sólo tiene como arma, el voto.

Se ha venido especulando con el fin del bipartidismo, como consecuencia de los resultados de las últimas consultas. Incluso se ha escrito sobre la necesidad de una reforma constitucional, en el afán de encontrar una salida al bloqueo que han propiciado las urnas. Entiendo que el mensaje del electorado no deja lugar a la duda, no es un problema de bloqueo constitucional, sino de incapacidad política, creada por el egoismo y la mala praxis, por eso los españoles han repartido los votos, como consecuencia de la poca fiabilidad que ofrecen las formaciones políticas, en la necesidad de buscar, y encontrar, a una nueva clase que rechace de plano la herencia que ha creado la degeneración de la política, salpicada de escándalos y manchada por el egoismo implacable de muchos de los que han venido ejerciendo cargos.
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