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Irak, tumba política de Rajoy

Irak, tumba política de Rajoy

Crecen las presiones de Estados Unidos ante la OTAN y el resto de aliados para una nueva ocupación terrestre de Irak ante el fracaso de los bombardeos aéreos contra el Estado Islámico y el desquebrajamiento general del país.

De concretarse la llamada a rebato para que Occidente dé la batalla a los yihadistas sobre el propio terreno, los planes de Mariano Rajoy para enderezar el tsunami electoral del 24M estallarían por los aires, y una nueva intervención militar de España junto a los aliados supondría la tumba política del dirigente popular.

Los partidos de izquierda PSOE, IU y, sobre todo Podemos, surgido del 15M, no perderían la oportunidad de oponerse a una nueva intervención del Ejército español en Irak, como ya ocurriera con el presidente Aznar y su protagonismo en el Pacto de las Azores con el nefasto presidente Bush a la cabeza.

La incorporación de España a la coalición liderada por Estados Unidos para ocupar por segunda vez Irak, en un escenario más complicado aún que la primera a causa de los sanguinarios combatientes del Estado Islámico, haría naufragar la estrategia diseñada por Rajoy hasta las elecciones generales de noviembre.

El presidente del Gobierno ha basado su “hoja de ruta” para los próximos seis meses en tres grandes ejes: proseguir con la lenta recuperación económica, aprovechar un hipotético deterioro de los partidos de izquierda -con Podemos a la cabeza- al frente de las instituciones municipales y, finalmente, cambios en la cúpula del PP con la incorporación de caras nuevas.

Los estrategas de La Moncloa, con el “clarividente” Arriola a la cabeza, piensan que la mejoría de la economía terminará calando en el electorado; que la mala gestión municipal del frente de izquierda formado por PSOE y Podemos reducirá el apoyo ciudadano; y que la regeneración en las filas populares con la inmolación de la secretaria general María Dolores de Cospedal obrará el milagro de que el PP recupere en torno a 10 puntos en las elecciones de noviembre. Del actual 27 por ciento pasaría a rondar el 35, con lo que de nuevo sería el partido más votado y estaría en condiciones de seguir gobernando, llegando a pactos con Ciudadanos.

Un idílico escenario que volaría por los aires en el momento que Washington reclamase a España -al igual que al resto de aliados- que eche una mano militar aportando tropas para la ocupación terrestre de Irak. Rajoy tendría muy difícil mirar para otro lado, máxime cuando el Gobierno del Partido Popular se ha distinguido especialmente por estrechar las relaciones con Estados Unidos hasta prácticamente borrar de su mente el desaire que supuso la retirada de las tropas ordenada por el presidente Rodríguez Zapatero.

La incorporación de España al escudo antimisiles de Estados Unidos, con el despliegue de cuatro destructores en la base aeronaval de utilización conjunta hispano-norteamericana de Rota (Cádiz) y el estacionamiento de un millar de marines en la base aérea de Morón (Sevilla) para operaciones en África, han sido dos hitos que han llevado la cooperación entre Madrid y Washington a máximos.

La Casa Blanca tendría que hacer un enorme esfuerzo de comprensión para entender que solicitar a Rajoy el apoyo español a una nueva intervención en Irak sería, prácticamente, tanto como dinamitar las escasas posibilidades de que el PP se mantenga en el poder otra legislatura, y abriría la puerta de par en par a la llegada de un Gobierno PSOE-Podemos, mediatizado en sus decisiones por Pablo Iglesias. Washington se pensaría muy mucho si un Gobierno de izquierda sería tan afín a sus intereses.

En cualquier caso, la grave situación en Irak no nos puede ser ajena ni a los europeos ni a los españoles con la consabida frase de ¿qué se nos ha perdido allí? El avance del Estado Islámico es un peligro para todos y un retroceso para la humanidad. Asesinar en nombre de una pretendida causa religiosa debía ser ya un recuerdo del pasado en pleno siglo XXI.

Nos encontramos en una encrucijada de muy difícil salida: los bombardeos aéreos no hacen mella en los yihadistas del Estado Islámico, y el desmoralizado Ejército iraquí está a punto de tirar la toalla. Irak es el ejemplo más diáfano de hasta qué punto se pueden hacer las cosas rematadamente mal.

Saddam Hussein era un dictador brutal, pero doce años después de la caída del régimen, Irak es un desastre absoluto. Medio millón de muertos y millones de personas desplazadas dentro del país y de refugiados en el extranjero. Ocupar por segunda vez el país que fue cuna de la humanidad no es, ni con mucho, la solución… solo basta pensar en Afganistán.

Antes de volver a empezar, lo verdaderamente sustancial es cortar la financiación que el Estado Islámico recibe de, por ejemplo, Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo Pérsico. Sin dinero ni petróleo no hay armas, y sin armas el Estado Islámico se desinflaría en pocas semanas.
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