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Conclusiones post electorales
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Conclusiones post electorales

La jornada postelectoral suele ser de reflexión y análisis. Los políticos tienen la habilidad de teñir de ganador cualquier resultado producido la noche anterior, pero el electorado suele descubrir con meridiana claridad el auténtico color de la victoria y de la derrota. De los comicios celebrados el domingo 24 de mayo, se pueden extraer algunas conclusiones claras; yo, por mi parte, entresaco dos o tres que considero suficientes.

El bipartidismo no desaparece, ni va a desaparecer. Los gurús que vaticinaron el hundimiento de los dos grandes partidos se han equivocado. Históricamente, la sociedad española se ha decantado por el bipartidismo desde que el constitucionalismo establece la forma de gobierno en España. Esto es, desde que en 1812, nuestra primera Constitución estrenara sistema. Desde entonces, dos grandes partidos, representantes de las dos tendencias mayoritarias, utilizando diferentes denominaciones, se han venido alternando en las tareas de gobierno. Han pasado por mejores y peores momentos, y, en ocasiones, han visto mermadas sus fuerzas por la irrupción de partidos más pequeños que han encarnado el descontento general, en ocasiones la alternativa; partidos llamados bisagra que han obligado a pactos de gobierno, como los que ahora se vislumbran tras los resultados obtenidos ayer.

La segunda conclusión es que, aunque los más votados han sido, precisamente, los dos grandes partidos, los triunfadores son sin discusión alguna Podemos y Ciudadanos, por este orden. Ambas formaciones acudían a un encuentro electoral a nivel nacional disputando la hegemonía a populares y socialistas. Los resultados obtenidos por los dos nuevos partidos los sitúa en puestos importantes de la pool position, pero no suficientemente buenos para tomar las riendas del poder y comenzar, el próximo 13 de junio, a ejercer con mando en plaza. Por el contrario, tanto el partido que lidera Pablo Iglesias, como el que preside Albert Rivera, necesitan tanto de los pactos como el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español (Partido Socialista, para entendernos).

El tiempo que se avecina, y hasta la gran convocatoria para las elecciones generales, allá por noviembre, bien el 13 bien el 20, es espectacularmente atractivo para los periodistas, porque para desurdir el nudo electoral creado en esta convocatoria municipal y autonómica, tanto Pablo Iglesias como Albert Rivera tendrán que avenirse a acuerdos con “la casta”. Ambos líderes han llenado sus bocas, en los diversos mítines, criticando a “la casta”, y ahora se da, o se puede dar, la paradoja de que cada uno de ellos preste su apoyo a esa casta tan criticada. La pescadilla que se muerde la cola.

Una tercera conclusión es el anunciado y cumplido descalabro del Partido Popular. Anunciado en las encuestas de intención de voto, y cumplido en las urnas el 24 de mayo de 2015. Tengo para mí que gran parte de ese fracaso proviene no como ha dicho un periódico, de las rebajas, o de la corrupción como ha dicho otro, o de lo que han hecho –como apuntaba un tercero-, sino de lo que no han hecho. Gobernar obliga a una presencia plena en cada baldosín que cubre la superficie de España. Durante los últimos meses, por otra parte, hemos asistido a un ejercicio de soberbia y rencor, en el que algunos de los que en otro tiempo fueron destacadostriunfadores, han sido ahora mofa de la opinión pública, con detenciones más propias de la cinematografía de Bolliwood que lo que se supone para un país desarrollado. Hemos contemplado, también, los enfrentamientos entre sus líderes y se ha hecho visible el afán, de algunas, por alcanzar y colocarse en puestos especiales para la sucesión de un líder que no ejerce de tal desde que hace cuatro años los españoles, los mismos que han votado ahora, el dieran un cheque en blanco (perdón por el símil), para que arreglara el desaguisado que nos dejó José Luis Rodríguez Zapatero.

No mucho mejor le ha ido al partido que lidera (¿lidera?) Pedro Sánchez, que mantienen sólo a la fiel Asturias, y se han hecho con Extremadura, de entre el resto de las CCAA y, en caso de ocupar otra, en Castilla-La Mancha, sería a costa de acuerdos y pactos poco recomendables y, probablemente, ajenos al ideario de los votantes tradicionales del socialismo.

Por lo demás, y a modo de otra conclusión, yo no estoy muy de acuerdo en que el electorado haya buscado con su voto limpiar el panorama político, si tenemos en cuenta que en Madrid, por ejemplo, la señora Carmena ha venido arrastrando un escándalo por las contrataciones efectuadas por la empresa de su marido o, en Barcelona, Ada Colau se ha hecho con la alcaldía contando entre sus méritos los escraches por los desahucios. Tiempo al tiempo, que suele ser un ejercicio que nunca falla…
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