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La competencia es vida
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La competencia es vida


Días calurosos y soleados, en un bellísimo mar azul, dieron lugar a la Copa de Rey, una de las más importantes competencias de veleros en el calendario mundial, organizada por el Real Club Náutico de Palma de Mallorca. Regata que resultó uno de los eventos, deportivos y sociales, más destacados de este verano europeo ya que compitieron 138 embarcaciones, entre las que estaba el Aifos comandado por el Rey Felipe VI.

Fue con gran placer que pude observar esas gallardas velas intentando volar más rápido que las gaviotas, con el esfuerzo de cada tripulante por ganar la competencia. Esa competencia de caballeros -no de soberbios que quieren forzar su criterio sobre el de los demás- que sirve para acicatear el mejoramiento propio y el de los de alrededor, esa competencia que hace que el hombre sea hombre: que progrese, que se supere en todos los sentidos incluso en caballerosidad, en nobleza y en servicio.

Pero por este mismo mar Mediterráneo se cuecen cosas diferentes. Barcos armados -guardianes del Estado que no permite competencia, sino que se impone por la fuerza, con violencia- patrullan para impedir la entrada de aquellas personas que arbitrariamente el gobierno decide que no son “legales”. Como si el solo evitar la competencia no fuera suficiente daño, para sostener este monopolio -como los sindicatos avalados desde el Estado no quieren la competencia de los inmigrantes- el gobierno malgasta el dinero de los ciudadanos.

Para frenar las llegadas de migrantes, Europa dilapidó € 17.000 millones entre 2014 y 2016, según un informe del Overseas Development Institute, que asegura que el principal cambio en la estrategia migratoria del Viejo Continente ante la crisis de 2015, cuando un millón de personas entró “irregularmente” a Europa, se dio en el aspecto económico. Dinero que se usó en la vigilancia de los mares, fronteras terrestres y en paquetes de ayuda a los países de origen. El presupuesto de la Agencia Europea de Fronteras (Frontex) pasó de € 6 millones en 2005 a 254 en 2017.

Según Theodore Baird, de la Universidad de Ámsterdam, el control de las fronteras europeas se volvió más restrictivo, militarizado y “mortífero” desde los noventa y, según sus cálculos, el mercado global de la seguridad fronteriza rebasará los € 50.000 millones en 2022. Además, asegura que esta cifra es engañosa porque no existe estimación exclusiva referida al control de las migraciones ni está definido de manera clara qué actividades se incluyen. Y, por cierto, hay muy poca transparencia, por no decir mucha corrupción.

Pero no siempre falta la “competencia” entre Estados, que podrían definirse como los monopolios de la violencia con la que imponen “orden” dentro de sus territorios. Por caso, luego de recibir una amenaza de un ataque norcoreano a la base militar de Guam, el mandatario estadounidense, Donald Trump, no quiso ser menos. "Mi primera orden como presidente fue renovar y modernizar nuestro arsenal nuclear. Es ahora mucho más fuerte y más poderoso que nunca antes", escribió en su cuenta de Twitter. Y luego, añadió: "Ojalá nunca tengamos que usar ese poder, ¡pero nunca habrá un momento en el que no seamos la nación más poderosa del mundo!". O sea, que está dispuesto a “competir” violentamente con tal de cumplir su lema “America first”.

En fin, el mundo necesita más competencia entre personas, precisamente, para evitar la “competencia” entre monopolios, entre Estados.
  • Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com
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